Universidad y desarrollo local: ¿cómo, con quiénes y por qué bajar La Colina?

La construcción de cambios sociales efectivos no depende solo de voluntades políticas, también requiere crear y movilizar capacidades científicas y tecnológicas desde abajo, buena parte de las cuales se concentra en las universidades, concluyeron miembros de la Red Universidad y Desarrollo Local (UHDEL) , adscrita a esta casa de altos estudios, durante un taller para la socialización de experiencias que sesionó el pasado 11 de mayo.

Sus conclusiones están basadas en vivencias propias como educadores, investigadores, facilitadores e, incluso, intelectuales públicos, cuya preocupación por acercar el espacio académico a las prioridades y necesidades territoriales se remonta a décadas de perseverar en demandas como la autonomía municipal o el diálogo participativo.

Lissette Pérez, profesora de la Facultad de Derecho, agradeció a redes como UHDEL la inserción de los temas jurídicos en debates, donde fueron invisibilizados por mucho tiempo, en parte, debido a la incomprensión de su pertinencia para el avance de un proyecto social que enfrenta complejos problemas, como el de una institucionalidad seriamente dañada, advirtió.

 

Lissette Pérez, profesora titular de la Facultad de Derecho, dice confiar en que el ambiente de las transformaciones económicas y sociales no tarde en alcanzar el plano de una política para el desarrollo territorial con una fuerte impronta jurídica. 

Ahora, el hecho de que en los Lineamientos de la Política Económica y Social se mencione la descentralización, da una idea de que existe una voluntad a largo plazo. “Y nuestros académicos la están aprovechando”.

Un ejemplo reciente es“¿Qué municipio queremos?” (Editorial UH, 2015), la colección de textos resultantes de un proyecto colectivo de investigación, coordinado por la propia Lissette Pérez y Orestes J. Díaz Legón. La obra, merecedora en 2012 del Premio Alma Mater por sus significativos aportes al desarrollo local, ha devenido referente para quienes aspiran a un debate público informado sobre la municipalidad como “espacio de autonomía democratizadora, gubernamental y popular”.

Se trata, sin dudas, de un nuevo contexto, dijo Jorge Núñez Jover, coordinador de UHDEL, mientras hacía notar la trascendente dualidad de cambios, donde, por un lado, la descentralización estatal va siendo clave “por razones económicas, pero, también políticas, de ciudadanía, de participación e implicación social” ;y, por otro,la construcción de estrategias territoriales de desarrollo se convierte en un asunto de Estado, lo cual supone un desafío a la lógica vertical en la distribución de los recursos y el poder.

Su convicción es que impulsar otros modelos de desarrollo, donde lo territorial, lo local y la ciudadanía sean protagonistas y no simples beneficiarios, requiere de un cambio de mentalidad, pero también en la política, la economía y una organización más reticular de la sociedad.

UHDEL, por ejemplo, es una red coordinada por la Cátedra Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación (CTS+I),adscrita a la Facultad de Química, pero también vinculada a la Red Universitaria de Gestión del Conocimiento y la Innovación (GUCID), inscrita, a su vez, en los lineamientos de trabajo del Ministerio de Educación Superior.

Y la voluntad expresa de GUCID es que las universidades, sus redes, centros de investigación y, sobre todo, sus sedes municipales, participen cada vez más activamente del desarrollo local y territorial, “por un principio básico –subrayó Núñez Jover– ese desarrollo no puede existir sin conocimiento, tecnología e innovación”.

Sin embargo, no es algo que esté claro para todos, advirtió el también coordinador de la Cátedra CTS+I, mientras apuntaba al peligro de la “balcanización” de un entorno universitario a ratos desmembrado por espacios de trabajo y áreas de conocimiento; no solo a su interior, también extramuros, lo cual explicaría el asombro de quienes “recién lo descubren” como un aliado clave de las transformaciones más exitosas.

Pese a todo, optimista, “en medio de una avenida donde empiezan a pasar cosas”, una certeza le sirve de alimento: “la universidad no está en la orilla”.

PADIT, el ábrete sésamo que todos pedían

En Cuba, la defensa del potencial autogestionario de las comunidades supone además una pelea frontal contra burocratismos, estereotipos y recetas desarrollistas, con los cuales un freno muy recurrente es la idea de que solo conocimiento sofisticado, alta tecnología o petróleo pueden cambiar positivamente la vida. Pero, en el desarrollo local la innovación es crucial y no un asunto exclusivo de expertos, ha insistido en decir el propio Núñez Jover varias veces.

De hecho, la llegada de la Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral Territorial (PADIT) , un programa marco con financiamiento y cooperación internacional, pero actualmente liderado por el Ministerio de Economía y Planificación, es lo más cercano a una innovación social de nuevo tipo.

¿Cuál sería su novedad? Probablemente, el modo en que ha aprovechado las fortalezas preexistentes, las redes de trabajo, los liderazgos, y toda clase de hebra útil en un tejido social absolutamente rico en capacidades de conocimiento y creatividad, pero subutilizado en la construcción de cambios efectivos.

Aún en su fase de arranque, PADIT es el “ábrete sésamo” que todos pedían, coincidieron en destacar varios miembros de UHDEL, quienes han visto reivindicados sus propios esfuerzos por propiciar el fortalecimiento de capacidades institucionales en materia de planificación y gestión, los procesos de descentralización y el desarrollo económico y social, objetivos de la Plataforma.

 

Con la producción sistemática de literatura, la red UHDEL fomenta la socialización de proyectos endógenos para el impulso de una plataforma propia de desarrollo local y territorial en Cuba. 

¿Por qué ahora y no antes? Núñez Jover insiste en mirar al contexto. “Pareciera que esta idea de que conocimientos y tecnologías tienen que ir anclados a las decisiones en desarrollo territorial va avanzando y que las universidades están siendo convocadas en mayor medida que nunca”. PADIT, de hecho, es el primer programa con financiamiento internacional que conoce en el cual la Educación Superior cubana se ha considerado un actor clave.

 

Para Lissette Pérez todo se define en una palabra: integralidad. “La ‘I’ es la letra más importante de PADIT”, significó,al resaltar la inteligencia de sus coordinadores para aprovechar las fortalezas de una sociedad abundante en talento, pero necesitada de visiones firmes de hacia dónde (y cómo) ir, “que es algo que ellos tienen muy claro”.

Orientada a la resolución de problemas y al uso intensivo de capital intelectual, más allá del financiero, PADIT enfatiza en la búsqueda de un lenguaje común entre actores sociales diversos, a quienes reconoce sus propias competencias. De ahí que su principal aporte no sean certezas, sino caminos hacia la exploración de posibilidades, “¡entre todos!”, recalcó el demógrafo Rafael Araujo, coordinador de la Plataforma en el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM). 

Concentrada en lo esencial, partiendo de un marco de referencia como los Lineamientos, su innovador programa ha aprovechado loscontextos relacionales previamente creados por redes de país, como GUCID, o locales, como UHDEL, pero posee la virtud de hacer diferencias. Por ejemplo, rescata el papel protagónico de los gobiernos territoriales, una contraparte vital, aunque paradójicamente olvidada.

“Ahora muchos hablamos el mismo lenguaje”, acentuó Araujo y lo ejemplificó con tres preguntas básicas para cualquier estrategia de desarrollo: ¿con qué población contamos?, ¿cuál es su estructura y dinámica? y ¿cuál será su comportamiento en el futuro inmediato…? “Estas preguntas, que normalmente no se hacían, PADIT las ha tenido en cuenta desde el principio”, dijo, al tiempo que resaltaba la arista estratégica de un programa basado en la gestión del conocimiento, “con un núcleo fuerte en las universidades”.

Desde el auditorio, Odette Domínguez, una joven profesora de la Facultad de Comunicación, llenaba una hoja diminuta de ideas y símbolos. Hablar un mismo lenguaje, recordaba solo minutos después, ha sido parte de un propósito que apunta a la comunicación como “un proceso de puesta en común, que busca y hace funcionar los vínculos”. Y esa diferencia es cualitativa.

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