"EL DEBATE ACTUAL EN TORNO A  LA LIBERALIZACIÓN Y LA REGULACION  FINANCIERAS"

 

Dra. Elda Molina Díaz

                                                                                                 CIEI-UH

 

 

INTRODUCCION

 

En la mayoría de los países el sector financiero ha estado sometido a fuertes  regulaciones gubernamentales cuyo origen, naturaleza y evolución en cada momento histórico responde al balance de poder entre un complejo entramado de intereses. En ello han influido las presiones de las propias instituciones financieras por obtener o proteger ventajas competitivas, la necesidad de grupos o entes económicos de asegurarse determinadas condiciones de financiamiento, e incluso objetivos políticos coyunturales, por sólo citar algunos factores.

 

Sin embargo, en la época actual la globalización y la imposición a escala mundial de los preceptos neoliberales han tendido a debilitar la influencia del gobierno y el papel de la regulación y el control en la economía, fenómeno que ha alcanzando tanto a países desarrollados como a subdesarrollados, aunque con notables matices y diferencias.

 

Como consecuencia de estos cambios las finanzas internacionales se han transformado dramáticamente en las últimas dos décadas, pues la desregulación y liberalización financieras, que acompañan a estas corrientes y que son exigidas por los programas de reforma heterodoxos del FMI para países endeudados, o forman parte de programas específicos en todo el mundo, han contribuido a la eliminación de las barreras al movimiento de los flujos de capitales y a la apertura de los mercados domésticos a las instituciones financieras extranjeras.

 

 

Las políticas de liberalización en las finanzas tienen detractores y defensores. Resulta evidente, sin embargo, lo poco equitativo de aplicar una fórmula única para países con condiciones muy diferentes y se da la paradoja de que mientras se propugna la aplicación a ultranza de un mercado libre para los servicios financieros en los países subdesarrollados, en muchos países desarrollados se mantiene un importante nivel de regulación y ésta adopta la forma de un intervencionismo directo ante cualquier evento desestabilizador.

 

Estados Unidos, principal promotor actual del liberalismo, es un ejemplo de ello. A pesar de que desde los años 70´s se han registrado intentos por reformar la regulación bancaria, puede decirse que desde la Gran Depresión se mantienen vigentes básicamente muchas de las regulaciones recogidas en el “Banking Act” de 1933, conocida como Ley Glass –Steagall, destinadas a evitar las inversiones riesgosas de los bancos comerciales y proteger sus depósitos. Asimismo, en respuesta a la ola de fraudes y corrupción en empresas estadounidenses a fines de los 90´s y a las afectaciones económicas a raíz de los atentados del 11 de septiembre del 2001, el Gobierno aportó directamente recursos fiscales en apoyo a las empresas y entidades financieras en problemas, mientras se revisan y refuerzan un gran número de regulaciones, en lo que ha constituido uno de los más formidables ejemplos de intervención del  Estado en la economía.

 

Fenómenos de esta naturaleza y otros como la crisis asiática de 1997, que afectó a todo el sistema financiero internacional, han hecho resurgir la polémica sobre el alcance y los límites convenientes de la desregulación y liberalización en el sector financiero, y sobre la necesidad de un nivel de regulación y las modalidades que esta debería adoptar. El presente trabajo tiene por objeto ofrecer una visión actual sobre este debate.

 

 

LIBERALIZACION

 

El sistema monetario y financiero internacional actual ha sufrido importantes cambios en los últimos años, entre los que se destacan el espectacular crecimiento de los mercados financieros internacionales, y dentro de ellos de los mercados de valores, la titularización como patrón de financiamiento predominante, la innovación financiera, la desregulación[1] y desintermediación financiera, la rápida incorporación de los avances científico técnicos a la actividad bancaria y financiera en general, la integración de los mercados y la globalización financiera, todos en estrecha vinculación.

 

Como resultado de esos cambios aumentó la volatilidad de los mercados, se incrementaron los riesgos y con ello la incertidumbre, lo que ha conllevado a una gran inestabilidad en los mercados financieros domésticos y a su extrema vulnerabilidad ante las crisis que se desatan tanto dentro como fuera de ellos.

 

Los antecedentes históricos de esos cambios se encuentran en el desmantelamiento del sistema de Bretton Woods y se relacionan fundamentalmente con las tendencias de desregulación y liberalización financieras que surgen a partir de entonces y se refuerzan posteriormente en los 80´s y los 90´s, como parte de la corriente teórica predominante, dirigida a la reducción de la intervención estatal directa en la economía y la liberalización de los sistemas económicos.

 

La desmonetización del oro a resultas del colapso de Bretton Woods facilitó la disociación entre el dinero y los recursos reales, dando lugar a un extraordinario incremento de los medios de pago internacionales y a una fuerte actividad especulativa. En los países desarrollados el movimiento de capitales en busca de mayores rendimientos fue propiciado también por la existencia desde entonces de un sistema de flotación cambiaria, que fue  acompañado de un incremento de las tasas de interés. Estos factores generaron fuertes presiones hacia la desregulación de los sistemas bancarios nacionales y la apertura al exterior de los mercados de capitales[2].  

 

Muy relacionada con la liberalización financiera se produce un proceso conocido como desintermediación bancaria que consiste en la creación de variantes de financiamiento más directas, a través de instituciones financieras no bancarias que canalizan dinero de origen diverso de manera más flexible que el tradicional financiamiento bancario. Esto provocó un aumento de la competencia por el financiamiento entre los bancos y estas instituciones que trajo como resultado una mayor liberalización y a la vez un impulso en la innovación financiera. En Estados Unidos el incremento de la competencia europea y japonesa, cuya legislación más flexible permite a las instituciones financieras un espectro más amplio de actividades, presionó también a favor de la desregulación.

 

El significativo peso adquirido por los llamados inversionistas institucionales[3] ha contribuido también a incrementar la inestabilidad y volatilidad de los precios en los mercados financieros, debido al gran volumen de fondos que operan y a una tendencia al “comportamiento en manada” que se ha hecho evidente en diversas crisis financieras como la mexicana en 1994 y la asiática en 1997.

 

Las tendencias señaladas tienen lugar principalmente en los países desarrollados, respondiendo a la necesidad constante de valorización del capital, necesidad que no ha dejado de estar vigente, por lo que la tendencia a la liberalización financiera se ha mantenido desde entonces, fortaleciéndose por etapas en la medida en que se expandía la hipertrofia del sector financiero a nivel internacional.

 

La liberalización financiera llega a los países subdesarrollados por presiones de los países desarrollados sobre las instituciones financieras internacionales para que impongan y exijan el levantamiento de las barreras al movimiento internacional de capitales, buscando así asegurar su expansión y el desplazamiento de los capitales locales.

 

Así, la reforma en el sector financiero formó parte indisoluble de las políticas neoliberales impuestas por los organismos internacionales de crédito y como argumento se esgrimió que la política de restricción financiera resultante de la regulación encarecía los costos, afectaba la capacidad de generar ahorro interno y conducía a la volatilidad de las principales variables financieras, entre otros efectos negativos, lo que habría incidido en las severas crisis en Balanzas de Pagos que sufrieron a principios de los 80´s países tan diversos como Argentina, Chile, Turquía y Filipinas y en la irrupción de nuevas crisis a principios de los 90´s, como la de México.

 

Por lo general, la liberalización en estos países comprendió 4 líneas fundamentales[4]:

1.      Liberalización de todo tipo de variable financiera (tasa de interés, topes al crédito, etc.); entrada de bancos extranjeros; supresión de controles de cambio.

2.      Privatización de bancos comerciales y otras instituciones financieras.

3.      Sustitución del viejo sistema de banca muy especializada por instituciones menos segmentadas.

4.      Adopción de nuevos procedimientos de regulación prudencial y supervisión bancarias.

 

Los defensores de esta política argumentan que la liberalización financiera ha resultado satisfactoria en términos de eficiencia y profundidad de la intermediación financiera y, por tanto, ha mejorado la asignación de recursos. Se plantea que la liberalización ha traído más diversidad (de instrumentos, instituciones y mercados) y mayor credibilidad (ha mejorado la reputación de instituciones y mercados), facilitando un mayor acceso a los recursos financieros externos.

 

La práctica demostró que, ciertamente, los países que mostraron buenos resultados macroeconómicos y abrieron sus sistemas financieros se beneficiaron en un inicio de una mayor entrada de capitales, pues en los 90´s se apreció un incremento en el volumen de fondos colocados en los llamados “nuevos mercados emergentes” provenientes de los mercados financieros internacionales, dada la mejor percepción que sobre ellos tenían prestamistas e inversores, en contraste con los que no estaban en la misma situación.

 

Sin embargo, difícilmente pueda demostrarse que en los países que han llevado a cabo las reformas y la liberalización financiera se hayan alcanzado todas las metas propuestas. En la mayoría de los países latinoamericanos no se reactivó el ahorro interno; no se logró abatir la volatilidad de las variables financieras[5]; la fuga de capitales sobrepasó en muchos casos los flujos de entrada, y en algunos casos regresó capital que ya había demos­trado no tener bandera, sólo para realizar en su provecho un nuevo ciclo de rotación.

 

Eliminados los compartimentos estancos, el dinero drenó también hacia los sectores improductivos, pero de alta rentabilidad, en particular los relacionados con los servicios y las operaciones financieras, y una parte significativa de la inversión se convirtió en capital de tipo especulativo.

 

En el Sudeste Asiático, la liberalización desencadenó la crisis de 1997-98. Como resultado de la liberalización se dio un crecimiento enorme del crédito que se dirigió fundamentalmente al sector inmobiliario, alimentando una gran burbuja especulativa, distorsión que se agrava por el uso masivo de deuda a corto plazo. Por otro lado, hubo fallas en los mecanismos de supervisión sectorial ya que los reguladores, acostumbrados al régimen restrictivo anterior, no podían administrar riesgos muy superiores en el nuevo entorno[6].

 

Como se indicó, la reforma incluía la creación de una nueva estructura, supuestamente más moderna, de “regulación prudencial” y supervisión bancaria que consistió básicamente en la sustitución de controles directos (regulación administrativa) por mecanismos indirectos, más “de mercado”, dirigidos fundamentalmente a acotar las condiciones de riesgo de los intermediarios. Sin embargo, estos mecanismos están diseñados para funcionar en determinadas condiciones[7] que no estaban presentes en la mayoría de los países subdesarrollados donde se llevaron a la práctica, dada su propia situación de subdesarrollo.

 

Por otra parte, incluso los propulsores de la liberalización financiera reconocen que, en el contexto de la globalización, ésta ha provocado una mayor inestabilidad financiera y vulnerabilidad de las economías emergentes[8]. Los cambios ocurridos han producido una creciente integración de las finanzas internacionales que incrementa el peligro de contagio de las crisis financieras.

 

La internacionalización de los mercados nacionales, su interconexión e interdependencia, junto a otras tendencias que prevalecen en los mercados financieros internacionales, como la volatilidad de precios, la desintermediación e innovación financieras, explican la existencia de incertidumbre y riesgos, la ocurrencia de crisis cada vez más amplias, profundas y frecuentes y el peligro de su propagación con mayor rapidez e intensidad a distintos mercados.  

 

Además, la desregulación en las finanzas ha contribuido a un incremento de la actividad especulativa. Se calcula que por cada dólar surgido de la economía real, hay entre 30 y 50 dólares surgidos de los mercados financieros[9], lo que agrava el potencial explosivo de estos mercados.

 

La inestabilidad de los mercados financieros se manifiesta también en el plano doméstico, pues la liberalización financiera tiende a deteriorar el sistema bancario y a afectar las variables internas, lo que aumenta los riesgos de ocurrencia de las crisis y dificulta las posibilidades de su manejo posterior.

 

Algunos defensores de la liberalización sostienen que ésta lleva al crecimiento, pues estimula el ahorro interno y, en consecuencia, reduce la excesiva dependencia de los flujos externos[10]. La práctica demuestra que esto no ocurre así necesariamente. Si bien se plantea que la liberalización puede conducir al crecimiento con recursos internos en los primeros estadios, después de una política de “represión financiera”[11], en general lejos de reducir la dependencia del capital foráneo la liberalización estimula su entrada, al existir más instrumentos e instituciones disponibles para su canalización[12], por lo que los responsables de política tratan de acelerar la liberalización para estimular más esas entradas. En contraste, existen ejemplos de países como los NICs asiáticos que lograron rápidos crecimientos por décadas mientras mantenían sistemas financieros controlados.

La experiencia de varios países demuestra también que las entradas de capital extranjero contribuyen a aumentar la inestabilidad interna de los mercados. Al aumentar los flujos de capital que se mueven sin haberse creado aún las condiciones para asegurar un buen manejo de esos recursos, se incrementan los riesgos potenciales. A eso se le añade que parte de los nuevos depósitos en divisas recibidos tiende a destinarse a inversiones domésticas para la producción de bienes o servicios no transables internacionalmente, en tanto generan  futuras obligaciones en divisas que incrementan la deuda externa.

 

Por otra parte, aumentan los flujos a corto plazo dispuestos a una rápida retirada ante un cambio de percepción sobre el riesgo país. A ello contribuye la asimetría de la información, o sea, los inversionistas disponen inesperadamente de nuevos mercados que no conocen o en los que no están acostumbrados a operar, no tienen suficiente información sobre la rentabilidad esperada y tienden a cubrirse invirtiendo a corto plazo y en condiciones en que puedan retirarse fácilmente si fuera necesario.

 

Si adicionalmente se acelera la liberalización, a todos los riesgos anteriores se suma el de que los antiguos sistemas no tienen tiempo suficiente para adaptarse a la nueva situación de oferta de recursos financieros, por lo que, por lo general, se provocan desajustes y deterioro de los parámetros financieros fundamentales.

 

En síntesis, la liberación financiera en países subdesarrollados ha significado poner a competir en igualdad de condiciones, con las mismas reglas y términos, a sistemas muy desiguales, una parte de los cuales no tiene creadas las condiciones estructurales para asimilar esos cambios, por lo que el resultado es la inestabilidad y frecuentemente desembocan en la crisis de los sistemas financieros más débiles, acompañada de la penetración y desplazamiento de los capitales locales.

 

 

La evidencia indica que los efectos negativos de la liberalización son mayores en los países donde las instituciones y mercados financieros no están suficientemente desarrollados, que en general los sistemas liberalizados son más frágiles y que los efectos de la liberalización en un entorno globalizado se extienden y afectan prácticamente a todos los mercados, haciendo sus sistemas financieros más vulnerables a las crisis bancarias, monetarias y financieras[13].

 

Numerosos estudios demuestran que es más probable la ocurrencia de crisis bancarias en sistemas financieros liberalizados[14].

 

PAÍS

PERÍODO DE LIBERALIZACIÓN DE LA TASA DE INTERÉS

FECHA DE LA CRISIS

Chile

1980-95

1981-87

Colombia

1980-95

1982-85

Finlandia

1986-95

1991-94

Guyana

1991-95

1993-95

Indonesia

1983-95

1992-94

India

1991-95

1991-94

Italia

1980-95

1990-94

Japón

1985-95

1992-94

Jordania

1988-95

1989-90

Kenya

1991-95

1993

Malasia

1980-95

1985-88

México

1989-95

1982 / 1994-95

Nigeria

1990-93

1991-95

Noruega

1985-95

1987-93

Papua N.Guinea

1980-95

1989-95

Paraguay

1990-95

1995

Perú

1980-84 / 1990-95

1983-90

Filipinas

1981-95

1981-87

Sri Lanka

1980-95

1989-93

Suecia

1980-95

1990-93

Tailandia

1989-95

1983-97

Turquía

1980-82 /1984-95

1991 /  1994-95

Estados Unidos

1980-95

1980-92

Uruguay

1980-95

1981-85

Venezuela

1989-95

1993-95

De hecho, las severas crisis de balanza de pagos ocurridas a principios de los 80´s dieron lugar a una nueva etapa en la discusión sobre el tema de las reformas, la liberalización y la regulación financieras, discusión que se agudiza y se hace más profunda luego de las nuevas crisis financieras de los 90´s en México, Asia, Brasil y Rusia. Estos acontecimientos desataron una gran preocupación acerca de la situación financiera internacional y la estabilidad de los mercados financieros domésticos, por lo que se amplió a prácticamente todos los ámbitos el debate abierto años atrás sobre del tema liberalización versus regulación.

 

REGULACION

 

El hecho de que como tendencia predomine la liberalización financiera no significa que no exista ningún tipo de regulación o control. Internamente las autoridades de cada país continúan contando con diferentes herramientas de política mone­tario-crediticia, fiscal y cambiaria, y con con­troles administrativos que las com­plementan, que les permiten corregir desequilibrios y alcanzar determinados objetivos[15]. En ese sentido puede recordarse que no han dejado de existir regulaciones para los bancos con el objetivo de proteger a depositantes y accionistas, y garantizar el crédito a determinados sectores. La legislación de algunos países, por ejemplo, prohíbe a sus bancos invertir en acciones u operar con derivados en los mercados financieros, o existen instrumentos indirectos de control sobre la dirección del movimiento de los flujos como las tasas de interés. Otros países han implantado mecanismos de regulación y el control de la entrada y salida de capitales hacia y desde sus economías.

 

De igual modo, la idea de la necesidad de incrementar y mejorar las medidas de supervisión y regulación financieras tampoco es nueva y por lo general renace en momentos de gran inestabilidad y peligro de crisis.

Así como los casos de fraude y corrupción en empresas estadounidenses a fines de los 90´s, pusieron de manifiesto los efectos devastadores de las estructuras financieras defectuosas y, sobre todo, la debilidad de las entidades reguladoras, provocando el unánime acuerdo de la necesidad de la intensificación de la regulación y la supervisión al interior de ese país, el estallido de la crisis asiática fue el punto detonante del debate acerca de la necesidad de la regulación y supervisión a nivel internacional, aunque con un menor grado de consenso.

 

A partir de entonces se apreció un cambio de percepción del fenómeno de la liberalización y la regulación en la esfera de las finanzas. Académicos, funcionarios e incluso representantes del gran capital, han abogado por la necesidad de incrementar las medidas de regulación y control del movimiento de los flujos financieros, para evitar entradas y salidas desestabilizadoras de capitales especulativos. Casi por unanimidad se coincide en la necesidad de crear o poner en práctica mecanismos más efectivos que permitan prevenir o evitar las situaciones desestabilizadoras en los mercados financieros domésticos, discrepando sólo los defensores a ultranza del liberalismo.

 

El debate se centra en el tipo de regulación que se debe poner en práctica, y en ese sentido se abre un abanico de propuestas que incluye los que plantean la necesidad de incrementar la regulación al interior de los países, los que consideran que la actual situación requiere un incremento de la regulación internacional y los que abogan por ambas.

 

Para contrarrestar la vulnerabilidad interna de los mercados financieros, las propuestas más simples y menos comprometidas son: fortalecer la regulación y la supervisión referidas al monitoreo del riesgo de los prestatarios para manejar determinada cartera, y tratar de evitar la liberalización acelerada para permitir que se vayan creando de manera gradual las condiciones para el control y para el fortalecimiento de las instituciones y mercados.

 

Otros planteamientos más polémicos son los relacionados con el control de los ingresos o salidas masivas de capital a corto plazo, de forma tal que se filtren los flujos que puedan resultar más peligrosos.

 

Los controles de capital[16] merecen una importante consideración pues, además de evitar o reducir la entrada de flujos especulativos o la fuga de capitales, pueden ayudar a fortalecer otras iniciativas de los gobiernos para asegurar un desarrollo económico sostenido y estable, en otras palabras, ofrecen mayor autonomía a las autoridades y mayor capacidad de maniobra al Estado.

 

En ese sentido existen propuestas concretas como la del Impuesto Tobin, o alguna de sus variantes perfeccionadas, que plantean gravar los movimientos de capitales (entradas y salidas) con un impuesto, que tendría un efecto desestimulador de las entradas de flujos a corto plazo, al tiempo que lo recaudado podría ser una fuente de recursos para satisfacer necesidades internas[17].

 

Sin embargo, aunque existen antecedentes con respecto a la implantación de controles de capital con resultados positivos, como las experiencias llevadas a cabo en Chile, Colombia y Malasia[18], además de diversos estudios econométricos de distintos autores con diferentes muestras que incluyen a países desarrollados y subdesarrollados, que demuestran que la presencia de controles disminuye la probabilidad de ocurrencia de crisis[19], lo cierto es que no hay consenso para llevar estas propuestas a la práctica. Dichas iniciativas no han pasado de ser proposiciones sin posibilidades reales de aplicación pues no existe acuerdo sobre determinadas cuestiones teóricas o prácticas referidas a la forma concreta de implementación, o por la carencia de voluntad política para ello al tener que enfrentar fuertes intereses.

 

Los detractores de los controles de capital plantean que no existe evidencia empírica de que los controles impidan el contagio y protejan los mercados, y se plantea que son usados con propósitos proteccionistas más que para promover el desarrollo.

 

La experiencia acumulada demuestra que, en sentido general, los sectores más influyentes de los diferentes países y las instituciones financieras internacionales apoyan la regulación y el control que van dirigidos no a limitar la entrada de flujos, sino a reducir sus efectos desestabilizadores sobre el mercado, siempre que se trate de una regulación mínima y no de controles estrictos como pudieran resultar los controles cambiarios o de capital. Sostienen que esto último desestimularía la entrada de recursos externos, aunque tras este argumento puede identificarse la defensa de intereses de grupos económicos que tienen como práctica colocar y mover sus fondos hacia donde obtengan mayores beneficios.

 

En cuanto a lo que puede hacerse por reducir la inestabilidad financiera desde el punto de vista internacional también existen diferencias de criterios. Por lo general todos reconocen que existen fallas en el funcionamiento de los mercados financieros internacionales y que los cambios en las finanzas internacionales han erosionado la capacidad de los gobiernos de imponer una regulación doméstica eficiente para mantener la estabilidad financiera en sus países, pero no todos están de acuerdo con la necesidad de una regulación a nivel internacional.

 

Muchos de los que rechazan la regulación internacional se basan en el análisis de los resultados del Acuerdo de Basilea de 1988, esfuerzo regulatorio importante después de la crisis de la deuda de los países subdesarrollados, pero que tuvo imperfecciones.

 

Dicho acuerdo surge a petición de los banqueros estadounidenses por la situación que atravesaban los bancos acreedores de la deuda de América Latina, los que argumentaban que las diferentes regulaciones nacionales creaban problemas al generar cierto grado de competencia. La regulación trataba entonces de reducir esa competencia pero creó otros problemas. El acuerdo establecía 4 categorías de riesgos para los préstamos que otorgaran los bancos, en base a las cuales cobrarían un impuesto. Sin embargo, no establecía diferencias de riesgo dentro de una misma categoría, lo que ofrecía a los bancos el incentivo para practicar el arbitraje[20].

 

Los críticos de este intento aceptan la necesidad de la regulación pero adoptada por cada país de manera coordinada, de acuerdo a objetivos internacionales que pudieran establecerse mediante acuerdos. Plantean que esta variante reduciría las consecuencias de la existencia de diferentes regulaciones domésticas sin tener que renunciar a la flexibilidad que proporciona tal independencia.

 

La realidad es que este esfuerzo, como los que se han hecho posteriormente, revelan las dificultades que existen para alcanzar regulaciones internacionalmente negociadas, sobre todo cuando no existe la voluntad, pero no significa que sea imposible. El propio Acuerdo de Basilea del 88 ha sido objeto de revisión en varias ocasiones y en estos momentos está bajo consulta el “Acuerdo de Adecuación de Capital”, conocido como Basilea II, para su implantación a fines del 2006 por parte de los países miembros del Comité de Basilea sobre Supervisión Bancaria. El nuevo acuerdo reemplaza y mejora el acuerdo original de 1988 y se basa en tres pilares fundamentales: reglas revisadas de requerimiento mínimo de capital de acuerdo al riesgo; nuevo mecanismo de supervisión y mejor disciplina de mercado[21].

 

Los que sí reconocen la necesidad de la regulación internacional, por lo general coinciden en que los gobiernos y organismos internacionales deben tratar de diseñar una “nueva arquitectura financiera internacional” que contrarreste los efectos de las fallas de los mercados internacionales, aunque también existen diferentes interpretaciones acerca de lo que pudiera ser esa nueva arquitectura financiera[22].

 

El mundo financiero actual ha cambiado, es más dinámico, más integrado, más global, mientras que las instituciones que lo regulaban no se han transformado en la misma medida, resultando hoy insuficientes para responder a las nuevas exigencias. Se plantea que el sistema financiero actual se ha quedado rezagado en ese aspecto y no está en condiciones de proteger a la economía mundial de las inevitables crisis que la amenazan. 

En ese sentido, desde fines de los noventa cobran impulso y se comienzan a renovar las ideas de reforma financiera, que van desde la necesidad de la intensificación de la supervisión y la regulación por parte de las instituciones existentes, fortalecidas o modificadas, hasta otras más drásticas que contemplan la creación de nuevas instituciones que velen por el funcionamiento del sistema financiero internacional.

 

 

Las propuestas que más posibilidades tienen de ser tomadas en cuenta hasta el momento, no son las más enérgicas, en primer lugar porque no están dadas las condiciones para elaborar un nuevo sistema, y en segundo debido a que las propuestas que prevalecen provienen fundamentalmente del FMI, que participa activamente en este proceso, y por tanto van dirigidas a fortalecer el orden vigente y no a cambiarlo.

 

La globalización es, sin dudas, una tendencia objetiva y los esfuerzos de regulación no han contado con el apoyo necesario para su implementación. La inestabilidad predominante y las diversas crisis financieras, con diferentes grados de difusión, han generado una recomposición del sector en prácticamente todo el mundo, sucumbiendo no pocas entidades.

 

Ello a su vez ha acelerado el proceso de concentración e internacionalización de la banca y las instituciones financieras no bancarias, mediante la proliferación de fusiones y adquisiciones dentro de las fronteras nacionales y a nivel mundial, que están transformando la llamada industria de los servicios financieros. La consolidación institucional va acompañada frecuentemente de medidas por parte de las entidades emergentes y las autoridades reguladoras para enfrentar en mejores condiciones la competencia y la eventual repetición de eventos negativos.

 

Es significativo que la tendencia al aumento del grado de concentración de las instituciones es mayor en aquellos segmentos del mercado que resultan más riesgosos. Por ejemplo, en el mercado de divisas, alrededor del 75% de las transacciones que se negocian en Londres y Nueva York (los principales mercados), fueron realizadas por apenas 30 agentes en el 2001 frente a 40 agentes  que las realizaban en 1995. Tres bancos norteamericanos poseían el 89% del volumen de contratos de derivados sobre tipo de cambio en Estados Unidos en el 2001, frente al 51% en 1995. Esos tres bancos negociaron el 86% de la cantidad de contratos en circulación de derivados sobre tasas de interés a fines de 2001 comparado con el 56% en 1995. En derivados sobre instrumentos de deuda de Estados Unidos, la participación de los tres bancos se incrementó del 79% al 94% entre 1998 y 2001[23].

 

A la concentración de la actividad financiera ha contribuido también la ola de fusiones y adquisiciones en otros sectores, ya que éstas demandan generalmente volúmenes significativos de recursos tomados a préstamo y servicios financieros más amplios y profundos.  Este proceso ha sido favorecido, a su vez, por la supresión y sustitución de reglamentaciones financieras nacionales y por el rápido avance de las telecomunicaciones y la tecnología de la información, que permiten mayor acceso a los mercados y un incremento de la capacidad de las instituciones para desarrollar una gama más amplia de actividades.     

 

Aunque la consolidación bancaria puede aportar ciertos beneficios también encierra peligros. Al contar con más capital una institución puede tener una cartera más diversificada y así ser menos vulnerable a problemas específicos de un país, industria o región[24]. Sin embargo, el incremento de la concentración puede traer consecuencias adversas como problemas de liquidez, ya que en la medida en que disminuye el número de instituciones disponibles resulta más difícil a los intermediarios satisfacer pedidos de los clientes y, en ese sentido, puede también aumentar los costos de intermediación al ser más difícil diversificar el riesgo de la contraparte. Al mismo tiempo, incrementa la vulnerabilidad de los mercados financieros frente a riesgos de quiebras de una de esas instituciones, pues lo que ocurra en una sola de ellas puede tener implicaciones para todo el mercado e incluso para el sistema financiero internacional en su conjunto.

 

Varios factores apuntan a que, lejos de solucionarse, la contradicción entre regulación y liberalización subsistirá en el futuro previsible. Por una parte, la globalización bajo la preponderancia de preceptos neoliberales tiende a debilitar la influencia de los gobiernos en la determinación de políticas y a fortalecer el peso de los factores de un mercado en el que los grupos de poder de los países desarrollados, principales promotores de la desregulación,  continuarán dictando las reglas y tendencias.

 

El balance entre ambas corrientes mantendrá un patrón según el cual en momentos de estabilidad y auge económico gana terreno la liberalización, en tanto las crisis o su inminencia evidencian la necesidad de la regulación. Según demuestra la experiencia histórica, este comportamiento cíclico continuará hasta el momento en que la envergadura de una crisis ponga en peligro la supervivencia del sistema. Sólo entonces los grandes intereses que gobiernan las tendencias mundiales y deciden los criterios de los organismos financieros internacionales cederán algún espacio a nuevas formas de regulación para el nuevo contexto, pero en cualquier caso esas variantes no serán sino el reflejo de un nuevo balance de poder.

 

 


 

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-          UNCTAD: “Towards reform of the international financial architecture: Which way forward?”. Trade and Development Report. 2001.

 

 

 


 

[1] Por desregulación financiera se entiende el desmantelamiento de regulaciones que frenan la libre movilidad del capital o la imposición de otras que lo faciliten con el objetivo de expandir la actividad bancaria e incrementar la rentabilidad del capital.

[2] Levy, Noemí: “La banca en el financiamiento de la inversión y el ahorro en México, 1982-96”. Revista Comercio Exterior. Banco Nacional de Comercio Exterior. México.Vol 50, No. 7, jul 2000.

[3] Inversionistas institucionales: Fondos de pensiones, fondos mutuales y otras entidades que concentran grandes volúmenes de ahorro y los invierten en diversos mercados con vistas a maximizar sus rendimientos.

[4] Arias, Xose Carlos: “Liberalización y seguridad financieras en mercados emergentes”. Revista Comercio Exterior. Banco Nacional de Comercio Exterior. México.Vol 50, No. 6, jun 2000.

[5] Arias, Xose Carlos: “Liberalización y seguridad financieras en mercados emergentes”. Revista Comercio Exterior. Banco Nacional de Comercio Exterior. México.Vol 50, No. 6, jun 2000.

[6] Arias, Xose Carlos: “Liberalización y seguridad financieras en mercados emergentes”. Revista Comercio Exterior. Banco Nacional de Comercio Exterior. México.Vol 50, No. 6, jun 2000.

[7] Por ejemplo: capacitación técnica adecuada de las estructuras de supervisión; configuración institucional que permita la correcta afluencia de información entre los agentes; legislación sólida y vías apropiadas de llevarla a efectos, entre otras. 

[8] García, Clara e Ileana Olivié: “Causas de las crisis cambiarias en las economías emergentes”. Revista Comercio Exterior. Banco Nacional de Comercio Exterior. México.Vol 50, No. 6, jun 2000.

[9] “Neoliberalismo: fracaso económico” de un grupo de Investigadores del Banco Central de Cuba. Revista del BCC. Edición Especial. Dic 2001. Año 4.

[10] Bekaert, Geert; Campbell R. Harvey and Christian Lundblad (National Bureau of Economic Research): “Does financial liberalization spur growth?” http://www.nber.org/papers/w8245.

[11] Demirguc-Kunt, Asli and Erica Detragiache: “Financial liberalization and financial fragility”. World Bank. Paper prepared for the Annual World Bank Conference on Development Economies. Washington D.C. April 1998.

[12] Por ejemplo, instrumentos más complejos como los derivados financieros e instituciones como los fondos de inversión colectivos.

[13] Se han realizado estudios econométricos que demuestran el impacto de la liberalización en países desarrollados y subdesarrollados que concluyen la necesidad de liberar con control. Wyplosz, Charles: “How risky is financial liberalization in the developing countries”. Jan 2001. http://www.ksghome.harvard.edu

[14] Este estudio en particular fue realizado en una muestra de 53 países para el período de 1980 – 1995. Fuente: Caprio and Kligebiel 1996; Lindgren, García and Saal 1996. Tomado de Asli Demirguc-Kunt and Erica Detragiache (World Bank): “Financial liberalization and financial fragility”. Paper prepared for the Annual World Bank Conference on Development Economies. Washington D.C. April 1998. 

[15] Para ampliar sobre instrumentos de política aplicados en la práctica para regular efectos de la entrada de capitales ver artículo de la autora: “La regulación financiera en un nuevo contexto”. Revista del Banco Central de Cuba. Ene-mar 2002. Año5. No.1.

[16] Para ampliar sobre los controles de capital ver: Hartwell, Christopher A.: “The case against capital controls. Financial flows, crisis, and the flip side of the free-trade argument”. Policy Analysis (CATO Institute) No.403. Jun 14, 2001.

[17] Para ampliar sobre impuestos a las transacciones financieras ver, de la autora: “Los impuestos como vía para regular el movimiento internacional de capitales”. CIEI. 2001.

[18] Para ampliar sobre las experiencias de Chile y Colombia ver: Grabel, Ilene: “La crisis financiera de 1997-98 y medidas preventivas”. Revista Comercio Exterior., Banco Nacional de Comercio Exterior. México. Vol 51110, No. 7, jul 2000 y García, Mercedes: "El financiamiento externo hacia América Lati­na en los noventa. El caso de Chile". CIEI, Dic 1997. Para Malasia: Hartwell, Christopher A.: “The case against capital controls. Financial flows, crisis, and the flip side of the free-trade argument”. Policy Analysis (CATO Institute) No.403. Jun 14, 2001

[19] Wyplosz, Charles: “How risky is financial liberalization in the developing countries”. Jan 2001. (Paper presented at a conference organized by the Research Program of the Group of 24 in Geneva on Sep 2000) http://www.ksghome.harvard.edu

 

[20] Para ampliar sobre el Acuerdo de Basilea de 1988 ver: Oatley, Thomas: “The Dilemmas of International Financial Regulation”. Regulation (CATO Review of Business and Government. Vol 23. No.4. 2000.

[21] Para ampliar sobre el nuevo acuerdo de Basilea ver: World Bank: Global Development Finance. Striving for stability in Development Finance. 2003.

[22] Para ampliar sobre la “nueva arquitectura financiera internacional” ver: Goldstein, Morris and Dennis Weatherstone: “Strenghening the international financial architecture”. Institute for International Economics, Working Paper 00-8. Oct 2000;  UNCTAD: “Towards reform of the international financial architecture: Which way forward?”. Trade and Development Report. 2001. Sanchez, Marlén: “Ideas en torno a la nueva arquitectura financiera internacional”. Revista del Banco Central de Cuba. Jul-Sep 1999. Año 2. No.3.

[23] BIS. Informe Anual No.72. Jun 2002.

[24] Ello explica, en parte, la gran capacidad de recuperación del sistema bancario estatal estadounidense ante los numerosos casos de impago registrados durante 2001, sobre todo después del 11 de septiembre.