CENTRO DE INVESTIGACIONES DE ECONOMIA INTERNACIONAL

UNIVERSIDAD DE LA HABANA 

 

 

 

PRINCIPALES ASPECTOS TEÓRICOS QUE SUSTENTAN LAS TENDENCIAS ACTUALES A LA  REGIONALIZACIÓN Y LA INTEGRACIÓN ECONÓMICA

 

 

AUTORA: Dra. HILDA PUERTA RODRIGUEZ

                                                                                      Profesora Titular       

 

 

 

 

Informe Primer Resultado Parcial Proyecto PCTN

“ECONOMIA MUNDIAL Y RELACIONES INTERNACIONALES”

 

 

 

 

 

 

La Habana, 2003

 

 

El tema de la Integración Económica y la Regionaliza­ción se ha tornado cada vez más importante en el contexto de la si­tua­ción actual y perspectiva de la economía mundial. Junto con la Globalización, con la que se ha estable­cido una relación mutuamente dependiente y hasta cierto punto exclu­yen­te y paradójica, la integración se con­for­ma como uno de los elementos más característicos de la eco­no­mía interna­cional de hoy y del futuro, según indican las ten­dencias que pue­den avizorarse.

 

Mientras que se produce un claro diseño de un sistema global expresado en la creciente intervinculación de las economías participantes como forma de expresión actual de la internacionalización de la vida económica que pudiera hacer pensar en un mundo que paulatinamente tiende a convertirse en un todo casi único, al mismo tiempo han surgido y se han desarrollado de manera espectacular los bloques económicos sugiriendo entonces la idea de la compartimentación de este mundo.

 

Se trata de las dos tendencias que más definen los cambios que están teniendo lugar en la economía mundial, pero que aparentemente resultan contradictorias entre sí, por lo que se puede inducir la posibilidad de que una suplante a la otra de acuerdo a la fuerza o el éxito que perspectivamente pueda tener cada una de ellas.

 

El propósito del presente trabajo es precisamente delimitar estas posibilidades de modo de poder arribar a conclusiones acerca de las alternativas, opciones, riesgos y peligros que pudieran conllevar ambos fenómenos y su permanencia temporal.

 

Cuando se habla de globalización se hace referencia a un proceso de carácter objetivo, que ha tenido lugar sobre todas las cosas como resultado del enorme desarrollo de las fuerzas productivas expresado en el establecimiento de un nuevo paradigma tecnológico que ha provocado un auge sin precedentes en el avance de las comunicaciones en su sentido  más  amplio,  lo  que a  su vez se combina  con  la  eterna vocación del capital de

 

trascender las fronteras nacionales en busca de las mayores posibilidades de valorización. Es por ello que en lo fundamental se expresa en el orden financiero aunque sin desmerecer el resto de los sectores de la economía mundial. Se plantea con razón que lo que realmente distingue la actual etapa globalizadora es la enorme actividad existente en el terreno financiero, lo que puede constatarse, por ejemplo, en el hecho de que en los últimos años sólo los flujos de inversión directa han crecido tres veces más que el comercio y cuatro veces más que la producción mundiales.

 

En síntesis, la globalización puede definirse como la forma que adopta en la actualidad la internacionali­zación de la actividad económica, cuando se fortalecen como nunca antes los vínculos entre los países, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, trascendiendo incluso la esfera económica. Se trata de la intensificación de los niveles de interacción, interconexión e interdependencia entre los estados.

 

Por otra parte, si bien la globalización ha implicado en la práctica un aumento de la brecha entre países ricos y pobres, dadas las reglas neoliberales que la han sustentado como proyecto, es cierto también que en algunos casos ha significado, junto con otros factores, la aparición de nuevos actores en la arena económica internacional, lo que sin embargo, se conjuga a su vez con la marginación casi absoluta de una parte significativa del mundo como es el caso de Africa Subsahariana.

 

Se trata de un proceso que ha tenido como propulsor fundamental a las empresas transnacionales que han demostrado ser el agente económico más dinámico y adaptable del mundo de hoy y cuyas estrategias se modifican rápidamente de acuerdo a las distintas circunstancias que enfrentan. 

 

Tal como se ha ido conformando este fenómeno a lo largo de los años, los intereses en juego  y  sus  condicionantes,  puede  decirse  que  se  trata  de un proceso que ha venido

 

garantizando cada vez más su permanencia en el tiempo y que todo apunta a su profundización futura. 

 

Por su parte, el camino hacia la conformación de bloques económicos que muestra avances casi extraordinarios en los últimos años, ha tomado diferentes rutas en la era moderna y se ha manifestado de múltiples formas de acuerdo a sus propósitos, las distintas áreas geográficas involucradas y el nivel de desarrollo de los participantes, destacándose al respecto el caso de la Unión Europea que ha devenido en importante punto de referencia en la compleja evolución histórica del fenómeno, caracte­ri­zada por altas y bajas, pero que en definitiva mue­stra logros signifi­cativos sobre todo en los últimos años.

 

Muchos autores destacan la existencia de tres momentos o etapas dentro de este proceso que pueden sintetizarse en:

·        Primera ola inspirada en el mercantilismo en boga en los años treinta, cuando el mundo se encontraba dividido en esferas de dominación coloniales o neocoloniales claramente definidas y rodeadas de barreras comerciales.

·        El regionalismo proteccionista e industrializador basado en estrategias de sustitución de importaciones en el caso de los países subdesarrollados entre los años 50 y 70.

·        Tercera etapa a partir de fines de los años ochenta caracterizada por la profundización y proliferación de los mecanismos integracionistas y que se combina en general, principalmente en las naciones en desarrollo con altos niveles de apertura. 

 

El creciente papel que ha adquirido la in­te­gración económica en los últimos años puede interpretarse como una de las vías mediante la cual se tra­ta de dar respuesta al conjunto de retos que en­frenta el mundo moder­no, entre ellos el propio reto de la globalización. Si bien este fenómeno no es novedoso, lo que resulta signi­fi­ca­­tivo es su  generalización y los

 

 

nuevos rasgos que ostenta, con lo que adopta la forma de Regionalización, conocido también como Nuevo Regionalismo.

 

Teniendo en cuenta su importancia para el tema objeto de estudio, resulta imprescindible precisar el concepto de in­tegración económica, cuestión sobre la que existen diversas in­terpretaciones en la amplia bibliografía existente al res­­pec­to, considerando la complejidad del proceso, su carácter relativamente novedoso, así como las nuevas tendencias que mani­fies­ta.

 

Se presentan en ocasiones conceptualizaciones parciales, referidas sólo a algunas de sus aristas, como es el caso del enfoque limitado a cuestiones comerciales, las metas a alcanzar o a determinados aspectos institucionales. Es por ello que se considera indispensable proponer una defi­ni­ción más abarcadora y generalizadora que sea capaz de expresar lo más exac­tamente posible la magnitud, connotación y manifestaciones actuales de tal fenómeno.

 

De este modo, entendemos por Integración Económica un proceso de creciente intervinculación de las economías nacionales, que tiene lugar a partir de la reducción o eliminación de los obs­táculos que impi­­den el desarrollo de los vínculos mutuos, con el pro­pósito de ob­te­­ner beneficios conjuntos en función de los inte­reses de los agen­tes económicos dominantes. Refleja las parti­cularidades de la base económica de los miembros y po­see ca­racterísticas multifacé­ti­cas, sobre todo en los esta­díos supe­riores, con implicaciones también políticas y socia­les.

 

Como elemento esencial que motiva de forma especial al desarrollo de los procesos integracionistas, se asume el principio de que las acciones conjuntas resultan más efectivas que las individuales en las circunstancias del mundo de hoy.

 

 

A partir de este enunciado, es conveniente destacar algu­nos aspectos de especial significación, donde sobresale, en primer lu­gar el carácter de proceso de la integración, pero que a la vez no está en lo absoluto exento de dificultades y obs­tá­culos, por lo que su evolución puede ca­racterizarse como un mo­vi­miento "a saltos", no lineal, que in­cluye también eta­pas de re­troce­so y la existencia de contra­dicciones entre los participan­tes, de acuerdo a sus diferentes condiciones, objetivos e intereses.

 

Otra cuestión muy importante es la vinculación existente entre los procesos de integración y las particularidades de las es­tructuras económicas de los participantes, en tanto se esta­blece una relación biunívoca entre ambos, condi­cio­nando uno al otro, de acuerdo a las circunstancias concretas de cada caso, pero donde siempre prevalece como condicionante fundamental la situación económi­ca específica de los países miembros, tanto des­de el punto de vista del nivel de desarrollo de las fuerzas pro­ducti­vas, el carácter de las relaciones sociales de producción, como del mo­mento del ciclo económico en que se en­cuentren. Pudiera p­lan­tearse en este sentido que se trata de una relación parti­cular entre base (economía de los miembros) y su­perestructura (pro­ceso integracionista).[1]

 

Esta interrelación requiere, sobre todo cuando se trata de es­quemas que han logrado avances significativos, de fuertes es­tados naciona­les, cuestión que es hasta cierto punto pa­radójica, pero que resulta importante para impulsar el proceso de integración. Los go­biernos juegan un papel significativo, re­presentando los intereses de los agentes pro­pulso­res de la in­tegración, que tienen básicamente un carácter microeconómico. Se necesita de una fuerte voluntad polí­tica que apoye los desajustes que pue­dan presentarse de  acuer­do

 

 

a la complejidad típica de los procesos de inte­gra­ción económica o las acciones de diverso tipo que sea necesario emprender.

 

Si además se tiene en cuenta que en muchos casos el avance integracionista implica determinado grado de coordinación de políticas y la intervención en momentos específicos, se requiere sin dudas de un sólido apoyo gubernamental, considerando al mismo tiempo que a pesar de los diferentes intentos de conformación de un gobierno mundial en el contexto de la globalización, el estado sigue siendo la única institución que cuenta con un sistema de leyes y de reglas verdaderamente sólidas y efectivas.

 

Aunque no puede proyectarse un modelo o "receta" único en la concepción de un proceso de integración económica, teniendo en cuenta las particularidades propias de cada caso, otro elemen­to a considerar con vistas a lograr el éxito se re­fiere a la necesaria precisión de los objetivos a lo­grar y de los plazos previstos, de acuerdo a las condiciones con­cretas, pero de la manera más flexible posible, lo que permite mante­ner la credi­bi­­lidad del proceso y hacer frente al mismo tiempo a los impre­vis­tos que puedan presentarse. Este de­be ser un pro­ceso en constante cam­bio y negocia­ción, si­guiendo una lógi­ca que tenga en cuenta una sucesión racional y realista de eta­pas a alcan­zar y su viabilidad, considerando tanto las cir­cunstancias internas como externas.

 

Obviamente, tales consideraciones que pueden avalar el éxito de los procesos integracionistas deben ser tenidas en cuenta reconociendo tam­bién que los fenómenos de integración económica están in­fluenciados por un sinnúmero de elementos, que inclu­yen factores extraeconómicos - principalmente políticos- que pueden llegar a ser los que en un momento dado determinen las decisiones finales a adoptar.

 

En cuanto a los actores del proceso, la práctica ha demostrado con numerosos ejemplos la  necesidad  de  que  los  diferentes  age­ntes  participantes  -donde  se  destacan por su

 

importancia las em­presas transnacionales, pero que incluyen también entre otros a los go­biernos y a los individuos- se involucren de una forma u otra di­recta y activamente en el desarrollo del proce­so con vistas a ga­rantizar una evolución adecuada del mismo.

 

El surgimiento y desarrollo de la actual etapa de la integración económica ha estado condicionada por numerosos factores entre los que se destacan  loa avances científico técnicos que han tenido lugar que además de favorecer de manera especial el desarrollo del transporte y las comunicaciones conjuntamente con el gran avance de las empresas transnacionales, han promovido el establecimiento de redes comerciales y productivas internacionales, hecho que ha devenido en importante motor propulsor de estos procesos, por ejemplo, en el sudeste asiático.

 

Las redes productivas tienen un alcance principalmente regional en tanto la cercanía geográfica constituyen  condicionantes importantes para su establecimiento, incluso cuando lo que se trata de aprovechar es la ventaja comparativa de los bajos salarios en determinadas áreas subdesarrolladas en tanto dentro de la división del trabajo que se diseña se establecen determinado tipo de ensambladoras u otras actividades que no necesitan de una elevada calificación de la fuerza laboral.

 

Si bien este aspecto ha dejado en buena medida de ser importante para el establecimiento de las redes productivas más modernas donde los requerimientos de la producción flexible están sobre todo asociados como elementos más competitivos a las necesidades de infraestructura moderna y de calificación laboral, continúa estando presente en muchos casos, al tiempo que la región deviene en una motivación de gran peso también en las actividades más complejas dentro de la red, de acuerdo al caso que se trate.

 

Por otra parte, el establecimiento de regiones económicas constituye un atractivo para la oferta  de  servicios modernos como banca y seguros en tanto se enfrentan a un mercado

 

más amplio que les permite actuar en mayores dimensiones y burlar el posible proteccionismo existente, sobre todo en términos de los llamados instrumentos de "zona gris". Esto es válido para cualquier actividad que se realice dentro de la región.               

 

En realidad las redes productivas y de suministro operan en lo esencial a través de las  fronteras, de ahí su papel tan significativo con respecto a la regionalización, que a su vez promueve dialécticamente el desarrollo de estas redes.

 

También la desaparición de la confrontación este-oeste después del derrumbe del campo socialista condicionó asimismo una mayor focalización en las cuestiones estrictamente económicas por parte de los esquemas existentes. Un caso típico en este sentido es la ASEAN.

 

La lucha por la hegemonía mundial, cuando se hace más evidente  el desarrollo de una mayor competencia entre los tres grandes centros de poder mundial, explica que países tradicionalmente reacios como Estados Unidos y Japón se incorporen de una forma u otra al fenómeno integrador.

 

El incremento de la inseguridad internacional como resultado de la explosión de los flujos financieros y el incremento de su volatilidad, así como las propias tendencias de la globalización y el incremento de la transnacionalización, condicionan la necesidad de una mayor adaptación a los cambios mundiales que entre otras muchas implicaciones erosionan significativamente la soberanía nacional en términos de instrumentación de las políticas económicas. Esto es válido tanto para los países más fuertes como para los más pequeños, aunque obviamente en medidas diferentes.

 

En función de todos estos cambios que han tenido lugar en la economía mundial, que a su vez  favorecen  y  sustentan  dialécticamente  la  aplicación  de políticas neoliberales,  han

 

cambiado de manera importante las reglas establecidas sobre todo desde el punto de vista de la competitividad, la liberalización  y la apertura de las economías nacionales.

 

Por otra parte, a fines de los años ochenta e inicios de los noventa, se incrementó la preocupación con relación con los insatisfactorios resultados de las negociaciones comerciales multilaterales auspiciadas por el GATT y que hacía seriamente temer por un incremento sustancial del proteccionismo y el desarrollo de guerras comerciales con consecuencias impredecibles.

 

En última instancia tanto la globalización como la regionalización están condicionados en buena medida por factores similares como es el caso del desarrollo científico técnico, el auge de la transnacionalización y la lucha por la hegemonía mundial, aunque, por supuesto, tienen a su vez condicionantes particulares en tanto fenómenos diferentes. El desarrollo de la integración económica está a su vez motivado por las ventajas potenciales que la misma puede inducir que implican en general una situación relativamente más beneficiosa para los participantes.

 

Al respecto se han realizado numerosos estudios, que parten en lo fundamental de las tesis de Jacob Viner publicadas en su libro "The Customs Union Issues" (1951) que han sido continuados por diferentes autores hasta nuestros días. En este sentido, se destacan como posibles consecuencias más significativas:

 

1.   Incremento de los niveles productivos como resultado de la posibilidad de desarrollar economías de escala debido a la ampliación del tamaño del mercado y de una especialización más efectiva entre los países miembros.

2.   Aumento de la competencia, que estimula a los productores a penetrar el mercado de los demás y lograr mejores resultados en términos de productividad y eficiencia, pero que al mismo tiempo puede conllevar la quiebra de las empresas más débiles.

 

3.   Estímulo a las inversiones, tanto nacionales como extranjeras  y al cambio tecnológico, también debido al au­mento del ta­maño del  mercado y a la reducción de la incertidum­bre en tér­minos de preferencia y actitud de los consumi­dores, lo  que  puede incluso estimular a cambios en los patrones de consumo y de tales inversiones. Al mismo tiempo, se facilitan tanto la comercialización de produc­­tos nuevos como una utilización más racional de los gas­tos en In­vestigación-Desarrollo, que pueden ser asumi­dos  entre  varios  países miembros, ya sea a nivel de go­bier­nos o entre empresas a través de alianzas estratégicas que también se ven favore­ci­das por la integración.

4.   El efecto mul­tiplicador que la integración provoca en las economías in­te­grantes del bloque relacionado con la mayor espe­cia­li­za­ción productiva, los vínculos interindustriales más profun­dos y un estímulo al crecimiento económico.

5.   Polarización de beneficios.  Los beneficios que se derivan de la integración, se concen­tran en las áreas y agentes económicos con mayo­res potencialidades.

6.   Concentración del capital que se produce como resultado  del  aumento de las inversiones, de la quiebra y corres­pondiente compra de unas empresas por otras o por fusio­nes que pueden tener lu­gar,  estimuladas por la integración.

7.   Reducción del comercio con terceros países, en tanto a través de distintos instrumentos de Política Co­mer­cial, se esti­mu­la el comercio al interior del bloque y se es­tablecen barreras con relación a las importacio­nes del resto del mundo. Este efecto puede resultar válido en general, pero no es aplicable a todos los casos, sobre todo en aquellos cuyas economías muy orientadas al exterior del bloque, por ejemplo, los países asiáticos o aquellas que hayan logrado un elevado nivel de complementariedad a lo largo del tiempo. Este efecto resulta a su vez cuestionable con la aplicación de los principios del Regionalismo Abierto.

 

Como puede apreciarse, los efectos de la integración económica son múltiples y en ocasiones, contradictorios, de acuerdo al caso de que se trate. En este sentido debe tenerse en cuenta de  manera muy especial los  diferentes efectos que se  producen  si se

 

trata de un esquema entre países desarrollados o subdesarrollados o entre ambos, pues sobre todo en este último caso la diferenciación entre los participantes se potencia a favor de aquellos que detentan las mayores posibilidades.

 

Si bien como se ha señalado hasta el momento, los fenómenos de regionalización y globalización se dan como tendencias objetivas que tipifican la economía internacional de hoy y que están hasta cierto punto condicionados por factores similares, ambos también se contraponen y llegan a contradecirse en el contexto de las numerosas paradojas que se producen en los complejos mecanismos que caracterizan el mundo moderno. 

 

Entre estos dos procesos existe una peculiar rela­ción dialéc­tica, dado que, al mis­mo tiempo que se refuerzan, también se niegan mutuamen­te. La Regionalización puede interpretarse como una de las principales formas que adopta la Globalización, en tanto los bloques económicos actúan como sub­sis­­temas del sistema económico mundial, con la particulari­dad de que prácticamente este proceso se reduce a las tres regio­nes que conforman el centro del mundo desarrollado, como expresión a su vez de una hegemo­nía compartida en la escala mundial de pode­res. Se hace referencia así a una Regionalización de la Globa­lización, indi­cando, por una parte la inexistencia de un es­quema claro de do­mi­nación global, y por la otra, la concen­tra­ción del poderío eco­nó­mico, político y social sólo en de­termi­nadas áreas, lo que im­plica a su vez la exclusión de un con­junto importante de países de tal tendencia.[2]

 

Algunos procesos de integración constituyen una expresión fehaciente de la correlación entre Regionalización y Globalización por cuanto participan de manera activa en ambos fenómenos. Ello puede ejemplificarse, por ejemplo, a través de la Unión Europea como el esquema que mayor desarrollo ha alcanzado hasta el momento con un creciente papel en

 

la economía mundial. También puede hacerse referencia este sentido a la integración asiática donde habría que focalizar en un fenómeno que se ha hecho muy típico del área y que ha condicionado en buena medida el estrechamiento de los vínculos económicos entre las partes, sobre todo en términos productivos y de flujos financieros referente a la instrumentación del modelo conocido como los "ánades volantes", que ha implicado un proceso gradual de diversificación económica y de industrialización en la región, que parte originalmente del desarrollo de las inversiones japonesas en los llamados NICs[3].  Este fenómeno a su vez, ha tenido una gran importancia y significación en el destacado papel que juega la región en el contexto de la Globa­li­za­ción actual.

 

El MERCOSUR ha devenido en los últimos tiempos a pesar de las dificultades que ha enfrentado en el proceso de integración latinoamericano que más expresa esta tendencia.

 

Por otra parte, como elemento sobre todo válido para la integración entre países subdesarrollados, aunque no de manera excluyente, la Regionalización puede interpretarse también como la forma más racional y que ofrece las mayores posibilidades de enfrentar los enormes retos que implica la globalización que incluye también el terreno de la lucha por la hegemonía mundial entre los tres grandes centros de poder mundial, lo que explica en buena medida la incorporación de Estados Unidos y Japón en esquemas o procesos de envergadura a nivel mundial.

 

 

 

Al mismo tiempo, la formación de bloques económicos se contrapone al proceso globalizador, en tan­to implica en última instancia una frag­men­ta­ción del mercado mundial, aunque tales bloques no estén cerra­dos en sí mismos, ya que sus relacio­nes externas tienen normalmente un peso muy signi­ficativo.

 

La Regionalización es asimismo un eslabón intermedio entre la su­pervivencia de los estados nacionales[4] y la  Globalización, pues conlleva la formación y consolidación de zonas eco­nó­micas de mayor tamaño, mientras que de la misma forma tiende a estimular la pro­pia Globa­lización al incorporar ma­yores es­pacios económicos al orden mun­dial imperante y puede verse hasta cierto punto como un paso hacia su profundización.

 

Por otra parte, la mundialización actualmente significa básicamente globaliza­ción de los mercados financieros, de la competencia y de la demanda, mientras que la regionalización se vincula principalmente con las redes de producción y de suministro, mucho más concentrados geográficamente en función de los requerimientos de los sistemas de producción más modernos, como es el caso del establecimiento de redes productivas asociados en buena medida a los sistemas de producción flexibles.

 

Es necesario apuntar asimismo que en tanto la globalización reduce sensiblemente en la práctica la soberanía nacional con respecto a la instrumentación de políticas económicas, la regionalización ofrece mayores alternativas para la coordinación de políticas que logren en la medida de las posibilidades reducir de conjunto este riesgo.

 

 

 

Desde otro ángulo, existe y se está desarrollando de manera creciente una fuerte competencia entre los principales bloques económicos, lo que a su vez refuerza y estimula las tendencias más globales. Esta intervinculación resulta inevitable y puede adoptar formas más cooperativas en determinados momentos como resultado de la existencia de la hegemonía compartida.

 

De modo que estos dos fenómenos, a pesar de ser hasta cierto punto contradictorios entre si, en ultima instancia se complementan mutuamente como parte de las necesidades y requerimientos derivados de la economía mundial moderna.

 

Se trata de una interacción entre dos procesos especialmente complejos en su evolución como expre­sión de la dinámica de las relaciones de poder mundiales, condicionados principalmente por el accionar de las fuerzas microeconómicas que consti­tu­yen el principal agente económico del mundo moderno: las empre­sas transna­cionales, que se conjuga en buena medida con el apoyo que le brindan por diversas vías los distintos gobier­nos nacionales.

 

Esta interrelación expresa asimismo importantes contradiccio­nes que tipifican la economía internacional actual, entre ellas, la apertura impulsada por la Globalización y la defensa de los espa­cios econó­micos nacionales o regionales. Un ejemplo de ello puede encontrarse en la peculiar inserción de los bloques económicos en el contexto de las tendencias hacia el multilateralismo que se han estado reforzando de manera creciente a partir del surgimiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el fortalecimiento de las reglas comerciales internacionales, muy asociadas a la Globalización.

 

Se evidencia un conflicto entre la formación de bloques económicos, que puede desestimular el desarrollo de las negociaciones multilaterales[5], y  la liberalización comercial

 

internacional que tiende a limitar o erosionar sensiblemente las ventajas de los miembros de un proceso integracionista. Esta apunta a ser una de las principales contradicciones que determinará el curso de las negociaciones comerciales internacionales en el futuro. Todo dependerá de como se muevan las diferentes fuerza centrífugas y centrípetas relacionadas con estos acontecimientos. 

 

Sin embargo, al mismo tiempo, al tener el proceso regionalizador un nuevo contenido que incluye nuevos mecanismos que trascienden en la mayoría de los casos el terreno comercial, estos aspectos aunque continúan siendo importantes, pierden significación en términos relativos, sobre todo porque para muchos miembros este aspecto puede llegar a ser marginal en comparación con otras ventajas que les pueda implicar la integración en su sentido más amplio. El futuro de esta problemática dependerá en buena medida de lo que logre alcanzar la OMC en sus negociaciones multilaterales  y de las implicaciones que ello podrá tener para los participantes.  

 

No debe olvidarse, por otra parte, que los procesos integracionistas se avienen en general a las reglas de la OMC que permite y autoriza la creación de bloques comerciales sobre la base del cumplimiento de determinados requisitos como es el caso de la inclusión de la mayor parte del comercio mutuo y la no discriminación. Es así que puede concebirse la regionalización como complemento de la liberalización comercial internacional.    

  

No obstante, se han desarrollado fuertes polémicas sobre el tema, que focalizan sobre todo en el nivel de apertura o cierre externo de los bloques comerciales, cuando ha existido un fuerte temor acerca de la conformación de los llamados bloques "fortalezas", temor que ha sido mucho más notorio sobre todo en el caso de las regiones más desarrolladas como la Unión Europea. No puede olvidarse al respecto que una mayor  apertura en el terreno comercial es un importante requerimiento de la globalización, considerando que en la práctica ya ha ocurrido en buena medida en el sector financiero.  

 

Es en este marco en que se ha puesto en vigor el concepto de Regionalismo Abierto, que puede interpretarse en última instancia como la solución que se brinda desde el punto de vista comercial a la contradicción que se produce entre la regionalización y la globalización.

 

Las concepciones rela­cio­na­das con el Re­gionalismo Abierto  se  refieren  a  una interac­ción más e­qui­librada en­tre la apertura comercial y políticas explí­citas de integra­ción eco­nómica, en­tre los participantes. Se pretende balan­cear -en mayor con­cordan­cia con las nuevas reglas plan­teadas por la Organiza­ción Mundial de Comercio- la preferen­cialidad interna con una rela­tiva li­bera­lización ex­terna, tam­bién como vía para lograr un aumento de la competencia en el contexto de un mundo cada vez más globalizado. Se trata así de evitar la existencia de bloques prácticamente cerrados al exterior y que la Regionali­zación implique una ma­yor fragmentación del Mercado Mun­dial. Se incluye asimismo de manera importante la promoción de exportaciones.

 

En otras palabras, se refiere a una idea de acuerdo regional que es más inclusivo que exclusivo y que tiende más a reducir las barreras comerciales internas que a incrementarlas con relación al exterior.

 

Tales conceptos se encuentran estrechamente vinculados con la teoría neoclásica que propone, para el caso de los países subdesarrollados políticas orientadas al exterior en lugar de la ya considerada como obsoleta política de sustitución de importaciones. Se vinculan en ultima instancia con las propias necesidades de la globalización y se presentan como la “receta” más apropiada para lograr una inserción más adecuada en la economía internacional sin considerar en toda su dimensión las particularidades propias de estos países. De lo que no cabe dudas es que sí resulta totalmente congruente con los requerimientos   de la   globalización   y de los principales   agentes  que  la  propician,  las

 

 

empresas transnacionales, que aprovechan además de manera importante la creación de condiciones para la promoción de exportaciones hacia la región y el mercado mundial.    

 

Al mismo tiempo, una adecuada instrumentación de los principios del Regionalismo Abierto resulta ventajosa para todos los participantes en la economía mundial, en tanto evita la conformación de bloques “tipo fortalezas” que sin dudas entorpecen seriamente el desarrollo del comercio mundial.

 

El gran problema estriba en que tal filosofía no se aplica por igual por parte de los diferentes bloques, es decir, se propugnan medidas a ser llevadas a acabo por los países subdesarrollados mientras que se mantiene, por ejemplo, un alto nivel de proteccionismo sobre todo de carácter no arancelario en la Unión Europea y en el caso del Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México se aduce su existencia no por el nivel de apertura al exterior sino por la posibilidad de la entrada de nuevos miembros en el nuevo marco del Area de Libre Comercio de las Américas. Es por ello que uno de los grandes cuestionamientos existentes al respecto en la actualidad es si, de acuerdo a las condiciones imperantes, a los países desarrollados les corresponde la profundización de la integración, mientras que los subdesarrollados se asocian más a la instrumentación de los principios del Regionalismo Abierto.  

 

Otro elemento que debe tenerse en cuenta con relación al Regionalismo Abierto es el importante papel que está llamado a jugar con respecto a la solución de la vieja controversia entre regionalismo y multilateralismo representado por la Organización Mundial de Comercio. Se trata de dar respuesta por esta vía a la necesidad de mantenerse dentro de los principios de la organización lo que en última instancia constituye una necesidad de la globalización pero que parte del tratamiento recíproco a todos  los   participantes  independientemente  de su nivel de desarrollo e induce a todos a

 

 

garantizar altos niveles de competitividad en muchos casos imposibles de lograr como regla casi única para lograr beneficios procedentes del comercio internacional.  

 

Otra cuestión muy importante dentro del tema objeto de análisis es el referido a las nuevas tendencias que en el marco de la llamada tercera ola de la integración económica muestra este fenómeno, en tanto se han producido cambios significativos que llegan mucho más allá de lo planteado al respecto por la teoría  tradicional al respecto.

 

En la mayoría de estas concepciones no se perciben las múltiples aristas que un es­quema de integración puede llegar a tener, cuando el enfoque se concen­tra casi exclusivamente en las cuestiones comercia­les, o en el me­jor de los casos en sus aspectos económicos, sin consi­derar sus facetas de carácter político y social. Es qui­zás en el marco de estos procesos donde se pueda apreciar más gráficamente el es­tre­cho vínculo exis­tente entre la eco­nomía y la política.

 

Es por ello que se requiere de una visión más multidisciplina­ria de la integración con vistas a lograr que la misma se ace­r­que en mayor medida a la realidad actual, donde las nuevas tendencias que se manifiestan son el resultado del propio desa­rrollo del fenó­meno, que como ya fue analizado tiene entre sus principales par­ticularidades su carácter de proceso, en cons­tante mutación. En este sentido, sobresalen por su importancia las siguientes:

 

·        Junto con la clásica integración económica, típica de los es­que­­mas creados a partir de los años 50, establecida mediante acuerdo explícito entre las partes, conocida también como in­tegración for­mal o de "jure", se han desarro­llado procesos donde no existe acuerdo que oficialice los fuer­tes vínculos eco­nó­­micos sobre todo productivos y financie­ros que de forma cre­ciente se han fomentado entre los partici­pantes, como es el caso de Japón y los principales países del sudeste asiático (inte­gra­ción silen­ciosa, real o "de facto"). Se trata de un  proceso  fomen­tado  sobre

 

todo por agentes microeconómicos y donde los gobiernos tienen un papel relativamente marginal, sin que se esta­blezca explícitamente ningún objetivo a alcan­zar, pero que, sin embargo, ha logrado éxi­tos significativos.

·        No necesariamente la integración de facto deviene en integra­ción de jure, aunque no se excluye esta posibilidad como suce­dió con la creación del Tratado de Libre Comercio del Norte entre Esta­dos Unidos, Canadá y México (NAFTA). Ahora bien, en cualquier caso, se requiere como con­dición para el éxito que exista cierto grado de integración real que avale la constitución oficial de un proceso integra­cionista, lo que a su vez influye sobre la evo­lución de los vínculos económicos que existen de "fac­to".

·        Para muchos la integración silenciosa resulta ventajosa en tanto se desarrolla sin que se establezcan condicionamientos que fuer­cen las circunstancias en términos de propósitos, ob­jetivos y me­tas, al tiempo que puede impedir que los propios mecanismos in­te­gracionistas contribuyan a una polarización de los beneficios aún mayor a favor de los países dominantes den­tro de la región, mientras que para estos significa el no te­ner que asumir obliga­ciones indeseables que puedan derivarse de tal oficialización. Claro que en los últimos tiempos las propias circunstancias, relacionadas sobre todo con la lucha por la hegemonía mundial, la preservación de las áreas de influencia y la competencia, han conducido a que los principales centros de poder mundial hayan comenzado a focalizar su atención también en los esquemas más clásicos, por ejemplo, Estados Unidos, al constituir el NAFTA, Europa al profundizar su proceso integraciónista y en cierta medida, Japón al incorporarse al Foro de Cooperación Económica de Asia (APEC)[6].  Hasta el presente, la integración económica en Asia es sobre todo una integración  "de facto"  entre  Japón,  los NICs y los países de la ASEAN, a lo que se ha

 

agregado en los últimos tiempos, China y en cierta medida Viet Nam. Sin embargo, se puede apreciar un cierto aumento de las posibilidades de la incorporación de este país a la ASEAN, teniendo en cuenta el relanzamiento que está viviendo este esquema, pero dependiendo también de la evolución de sus relaciones con Estados Unidos que lo puede conducir hacia una “reasianización”.  

·      Se evi­dencia una relativa reducción del papel del estado en la consecución de estos procesos, aunque ob­via­men­te la voluntad política y la aplicación de de­terminadas medi­das oficiales de apoyo conti­núa te­niendo particular importancia, como forma de estimular a los age­ntes microeconómicos, que resul­tan los más dinámicos en este sentido.

·      La integración económica ya no se concibe sólo como un fe­nó­me­no de carácter exclusivamente comercial, ante la evidencia del fracaso de muchos esquemas que se han malogrado sobre la base de la instru­mentación de tales criterios. Así, se han co­menzado a aplicar con un peso significativo nuevos mecanismos como es el caso de la coopera­ción intrasectorial, los que tienden a su vez a ha­cer desaparecer las diferencias que históricamente han resultado bien precisas entre los instrumentos de integra­ción y de colabo­ración, mientras que se focaliza de manera importante en el desarrollo de la coordinación de políticas a nivel institucional o intergubernamental. En algunos casos, se consideran también vínculos extraeconómicos como los relacionados con la cultura, la salud pública y también con los aspectos políticos. Se ha puesto de manifiesto que el manejo arancelario de ningún modo resulta ni suficiente ni totalmente efectivo para lograr éxitos en los mecanismos de integración, por lo que se requiere de la utilización de otros instrumentos más acordes con los requerimientos de la economía mundial moderna y sus tendencias, entre los que merecen destacarse los aspectos relacionados con la coordinación económica y las políticas más estructurales.

·      Se han desarrollado numerosos acuerdos subregionales específicos que cuentan con la participación de regiones cercanas o fronterizas de diferentes países miembros de un bloque, con el propósito de establecer las llamadas "zonas o triángulos de crecimiento"

 

para potenciar la cooperación y la complementación y que ha sido particularmente utilizados en los últimos tiempos por diferentes esquemas.

·      Cada vez más los países tienden a participar en varios esquemas a un mismo tiempo lo que puede interpretarse como una forma de contar con diferentes alternativas para enfrentar los retos de la economía mundial.

·      Los nuevos enfoques consideran asimismo la necesidad de apli­car los diferentes instrumentos y mecanismos integracio­nistas sobre la base de criterios más flexibles que eviten incumplimien­tos o provoquen desajustes que atenten contra la credibilidad de los diferentes esquemas. En ocasiones este elemento puede resul­tar contraproducente en tanto puede dila­tar indefinidamente la aplica­ción de medidas importantes, por lo que se requiere equili­brar inteligentemente ambas posturas. 

·      En la instrumentación de los bloques integracionistas no ne­cesa­riamente se tienen en cuenta las concepciones tradiciona­les de re­gión geográfica que presuponen una continuidad terri­to­rial, so­cio­lógica y cultural, en tanto se priorizan otros cri­terios de carácter económico o político con­siderados más acertados. Un ejemplo de ello, puede encontrarse en la constitución en 1989 del Foro de Cooperación Económica de Asia (APEC) que incluye a 18 países con riberas en este océano con grandes diferencias de culturas, idiomas y situación económica.[7]

·      La Regionalización está lidereada por los países más desa­rro­lla­­dos que participan en los bloques más exitosos a nivel mun­dial, en función de las potencialidades de sus economías. Den­tro de estos esquemas siempre sobresale una potencia hege­móni­ca que tra­za las pautas del desarrollo del proceso en fun­ción de sus inte­reses, por ejemplo, Alemania en la Unión Eu­ropea, Esta­dos Unidos en el NAFTA o Japón en el Sudeste Asiático.

·      Otra cuestión particularmente interesante se refiere a la exis­tencia de bloques integracionistas donde participan países con di­ferentes niveles de desarrollo, como es

 

el caso de México en el NAFTA e in­cluso con dis­tintos sistemas socioeconómicos, por ejemplo, los fuertes vín­cu­los que han establecido China y Viet Nam con los países del su­deste asiático[8], cuando históricamente se concebía la homogeneidad en estos aspectos como un requisito que im­prescindiblemente debía ser tenido en cuenta, en función de la viabilidad de cualquier es­quema.

La flexibilización y diversificación de los mecanismos inte­gra­cio­nistas de los últimos tiempos ha favorecido tales ten­dencias, puesto que permite mayores márgenes de maniobra, im­pidiendo que la heterogeneidad en sí misma constituya necesa­riamente un freno para el avance del proceso en cuestión, al tiempo que muchos propósitos tienden a converger y se ponen de manifiesto objetivos que trascienden el plano económico, como es el caso del fortalecimiento de áreas de influencia o desde otro punto de vista, la potenciación de sus posibilidades. 

Ahora bien, deben tenerse muy en cuenta los costos que tienen que asumir los países más débiles dentro de un determinado bloque, cuando, por otra parte se reconoce la tendencia a la polarización de los beneficios que lleva implícito el propio proceso.

Pero de lo que sí no cabe dudas es que, independientemente de que haya tenido lugar una flexibilización de los instrumentos de in­te­­gración, se requiere de puntos de contacto importantes entre los mecanismos económicos de los países partici­pantes en un proceso de tales características.

 

Este resurgimiento de la integración económica, conocida como "nuevo regionalismo", parece presentar como tendencia signos de mayor permanencia y durabilidad que la anterior, en tanto se han estado conjugando diferentes factores en esta dirección.

 

Se destaca en primer término la activa participación de los tres centros de poder mundial sobre todo a partir de la incorporación de Estados Unidos, tradicionalmente promotor de multilateralismo, en esquemas como el NAFTA,  como  parte de la lucha por la hegemonía

 

internacional, muy relacionado también con los temores asociados al posible fracaso de la Ronda Uruguay del GATT y que está condicionando además la participación más activa de Japón, tradicionalmente mucho más cauteloso al respecto.

 

En estos momentos parece existir cierto consenso en torno a la interpretación del regionalismo no como alternativa sino como suplemento e incluso como promotor[9] del multilateralismo, que se pretende alcanzar en el marco de la OMC, teniendo en cuenta además, que los esquemas integracionistas -a pesar de que resultan discriminatorios frente a los países no participantes- se avienen en general en la actualidad a las reglas establecidas por la organización mundial, cuando por otra parte no existen evidencias de que la política comercial de estos esquemas resulte más restrictivas que las de sus miembros considerados de manera individual, posición que se hace aún más válida con la aplicación de los principios del Regionalismo Abierto.

 

Por otra parte, es importante señalar que estas nuevas tendencias se avienen en mucha mayor medida a los cambios que se han estado produciendo en la economía mundial y en particular a los requerimientos de la globalización, lo que explica hasta cierto punto los éxitos que comparativamente se han alcanzado, así como la existencia de mayores posibilidades de permanencia en un futuro.

 

De acuerdo al análisis realizado todo apunta a que si bien los fenómenos de globalización y regionalización pueden resultar en cierto sentido contradictorios, los elementos de complementariedad son más significativos desde el punto de vista cualitativo, mientras que se aprecia la existencia de factores que tienden a minimizar un tanto estos elementos paradójicos que pueden encontrarse entre los mismos. Un caso digno de mención al respecto es la instrumentación adecuada de los principios del regionalismo abierto.      

 

 

Sin embargo, resulta importante resaltar que la integración económica no puede verse en ningún caso como “remedio mágico” para el desarrollo regional, considerando la nocividad de muchas de las tendencias prevalecientes, así como sus diferentes resultados de acuerdo al nivel de desarrollo de sus miembros. Obsérvese por sólo señalar un ejemplo, que el comercio al interior del Pacto Andino creció del 0.7% del total de exportaciones en 1960 al 4.6% en 1990, mientras que en el caso de la Unión Europea se produjo un aumento en el mismo período de 34.5% a 60.4%. La participación en el total de exportaciones mundiales se modificó en el primer caso de 2.9% a 0.9% y en el segundo de 24.9% a 41.4%.[10]

 

Otro problema importante que se presenta es el relacionado con la posible afectación de la soberanía nacional y la autonomía individual en la toma de decisiones, sobre todo en los estadíos superiores de la integración que conllevan a un mayor grado de coordinación de las políticas económicas. Esto ha constituido un obstáculo importante en muchos casos y puede explicar hasta cierto punto la tradicional reticencia norteamericana y japonesa para formar parte de esquemas tradicionales de integración. Para muchos países, sin embargo, este constituye un mal inevitable que tratan de compensar con los beneficios, que de acuerdo al caso, les brindan los mecanismos integracionistas, cuando, por otra parte, muchas de estas cuestiones pueden ser hasta cierto punto inteligentemente manejadas por los participantes de modo de lograr la independencia en cuestiones consideradas como vitales.

 

En general, la integración económica y la regionalización son tendencias que apuntan a mantenerse y desarrollarse en el tiempo y que en cualquier caso puede interpretarse esta última como una vía para mejorar la inserción de los países miembros en la compleja economía mundial de nuestros días, aunque deben tenerse muy en  cuenta sus ventajas y

 

 

limitaciones y en especial, las particularidades propias de cada uno de los países participantes.

 

Un punto fundamental del análisis es que de ningún modo puede interpretarse la integración económica o la regionalización como un fin en sí mismo, no constituyen condiciones suficientes que garanticen el éxito económico de los miembros, ni siquiera, una mejoría sustancial con respecto al pasado, puesto que los aspectos esenciales parten sobre todo de la situación económica interna de los miembros, los que a su vez están sometidos a las circunstancias externas. No obstante, a través de los mecanismos integracionistas, en sus diferentes modalidades, pueden obtenerse beneficios importantes, pero eso también depende de cómo los mismos se conciban, de acuerdo a las circunstancias particulares de cada caso.

 

BIBIOGRAFIA

 

·        S. Le Clair, "Regional Integration and Global Free Trade Addressing the Fundamental Conflicts".1996.

·        The North-South Institute, Canada, "A Whole New World: Regionalism as a Building Block, not a Barrier". Outlook 1991.

·        Carolyn L. Gates, "External Liberalization, Regionalization and Openness in Indochina's Economic Transformation", en: Alex E. Fernández and Andrei Mommen (editors), Regionalization and Globalization in the Modern World Economy. Perspectives on the Third World and Transitional Economies.

·        Simatupang, Batara, "Association of the South-East Asian Nations' (ASEAN) and Free Trade Area (AFTA)", en: Alex E. Fernández and Andrei Mommen (editors), Regionalization and Globalization in the Modern World Economy. Perspectives on the Third World and Transitional Economies.

·         

 

·        James, Harold, International Monetary Cooperation since Bretton Woods. Chapter 14: "The Problems of the New Regionalism"

·        Lopes, Ney, "Repercusiones de la Globalización en el Desarrollo: la Integración como Respuesta". Revista Capítulos sel SELA No. 50. Abril-Junio, 1997.

·        Rivery, Joaquín: "Necesidad y Obstáculos de la Integración". Periódico Granma. 28 de agosto 1999.

·        Pettis, Michael, "The New Dance of the Millions: The Asian Crisis". Revista Challenge. Julio-Agosto 1998.

·        Bienefeld, Manfred, "The Significance of the Newly Industrialising Countries for the Development Debate". Studies on Political Economy. 1996.

·        Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA): "La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN): Situación y Perspectivas para el Desarrollo de las Relaciones Económicas de Amárica Latina y el Caribe con el Sudeste Asiático. Documentos del SELA. 1996.

·        Alex E. Fernández and André Mommen, "Globalization versus Regionalization", en: Alex E. Fernández and Andrei Mommen (editors), Regionalization and Globalization in the Modern World Economy. Perspectives on the Third World and Transitional Economies.

·        Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA): "Impacto de la Crisis Asiática en América Latina" Revista Capítulos sel SELA No. 53. Enero-Junio, 1998.

·        Robson, Peter, The Economics of International Integration. Introduction and Chapter 13: "Empirical Studies: Quantifying the Extent and Effects of Integration".

·        Robson, Peter, The Economics of International Integration. Chapter 11: "Economic Integration among Developing Countries".

·        Aquino, Carlos, "Experiencias de Procesos de Integración Económica: El Pacto Andino, la Unión Europea y el ASEAN".

·        García Morales, Federico, "La Debacle que comenzó en Asia"

 

·        André Mommen, " External Pressures Shaping Regionalism. A Critical Assessment", en: Alex E. Fernández and Andrei Mommen (editors), Regionalization and Globalization in the Modern World Economy. Perspectives on the Third World and Transitional Economies.

·        S. Le Clair, " Regional Integration and Global Free Trade. Addressing the Fundamental Conflicts".

·        Ojendal, Joakim, "Regionalization in East Asia-Pacific? An Elusive Process". UNU World Institute for Development Economics Research.

·        Keizai Kikakucho "Ajia Keizai 1998", Japón. Junio 1998.

·        OMC, Informe Anual, 1997

·        Banco Mundial "Informe sobre el Desarrollo Mundial 1998/99"

·        FMI, "Direction of Trade". Junio 1999

·        Pizarro, Ramiro. “Comaparative Analysis of Regionalism in Latin America and Asia-Pacific”. Comercio Internacional. Santiago de Chile, diciembre 1999.


 

[1] Es por ello que muchos especialistas se cuestionan la viabilidad de la in­tegración económica entre países subdesarrollados, debido a la defor­mación y debilidad de sus estruc­turas económicas, aunque esto es, por su­puesto, muy discuti­ble. Lo que debe considerarse en realidad son las condiciones de partida para determinar los mecanismos a aplicar, evitando en todo momento la "copia" de modelos exitosos con otras particularidades y no interpretar la integración en si misma como vía de desarrollo, sino como complemento a acciones transformadoras internas y como parte de las políticas de desarrollo. Tomando en cuenta estas realidades y adotando las acciones adecuadas, la integración económica siempre va a resultar beneficiosa en última instancia.

[2] Desde este punto de vista es importante diferenciar el concepto de "re­gión de la economía mundial" del de "región", que incluye a aquellos pro­cesos de inte­gración o areas que no han logrado insertarse exitosamente en el mundo económico de hoy.

[3]La Teoria de los Anades Volantes fue originalmente difundida en los años 30 por el economista japones Akamatsu, pero ha sido enriquecida posteriormente por diversos especialistas como Cronin (1992), Rosentorp (1994) y Korhonen (1992). Se plantea que el proceso de crecimiento económico que ha tenido lugar en la región asiática ha sido en buena medida el resultado de un movimiento escalonado de los capitales y de los vinculos externos en general entre los distintos paises, con centro en Japón. Esto a su vez ha estado fuertemente condicionado por el hecho de que al alcanzarse altos niveles de vida y de valorización de los capitales, aumentan los salarios, las condiciones de vida y de producción, situación que es aprovechada por los paises cercanos de más bajos ingresos para capturar ciertos nichos de mercado, lo que los convierte en los próximos anades para "emprender el vuelo" en tanto su situación permite una mayor atracción para los capitales externos. De esta forma, inicialmente, las inversiones directas japonesas se dirigieron sobre todo a Taiwan y Corea del Sur, despues a Tailandia y a Malasia, posición que ostentan en la actualidad China, Indonesia y Vietnam. Al mismo tiempo, los países que comienzan a disponer de excedentes de capital invierten a su vez en los siguientes "ánades".   

[4]Muchos especialistas se cuestionan el futuro de los estados nacionales, en función de las tendencias de la economía mundial en la actualidad. Sin embargo, coincidimos con F. Manchón en su artículo "Globalización, Regionalización y Comportamiento Financiero”, cuando plantea que: “La Globalización amenaza la existencia  de los estados actuales, pero no amenaza la existencia de los estados en general". Se señala asi la mutacion que necesariamente se está llevando a cabo en los mecanismos institucionales de los estados nacionales y que en la práctica conducen a mantener y reforzar la existencia de tres niveles de organización a escala mundial en la actualidad: nacional (con nuevas particularidades), regional y global.   

[5] Si bien los mecanismos de integración económica más modernos tienen un horizonte que va mas allá de lo puramente comercial, este aspecto continúa teniendo un peso significativo. 

[6] La APEC no se considera en rigor un proceso de integración en estos momentos, aunque se propone alcanzar la condición de Zona de Libre Comercio entre el año 2010 y 2020. Se trata más bien de una entidad económica intergubernamental dedicada a promover la cooperación y la integración regional sobre todo con respecto al comercio y las inversiones. Además, enfrenta el gran problema de la diversidad y de una organización y desarrollo institucional muy limitados.

[7] Los miembros actuales de la APEC son: Australia, Brunei, Canadá, Corea del Sur, Chile, Estados Unidos, Filipinas, Hong Kong, Indonesia, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papua Nueva Guinea, República Popular China, Singapur, Tailandia y Taiwan.

[8] China y Vietnam son miembros de APEC y Vietnam desde 1995 es miembro pleno de la ASEAN. Además, existen vínculos estrechos y crecientes no oficializados con los restantes países de la región.

[9] Muchos analistas señalan las ventajas que representan para las negociaciones internacionales la existencia de menor cantidad de interlocutores de mayor tamaño.

 

[10] OMC, Informe Anual, 1997. P. 14 y 15.