EL EURO COMO MONEDA INTERNACIONAL:
IMPLICACIONES PARA
AMERICA LATINA
Dra. Hilda Elena Puerta Rodríguez
Centro de Investigaciones de Economía Internacional.
Universidad de la Habana
GENERO: ENSAYO
El surgimiento y puesta en circulación del Euro, puede definirse como el acontecimiento mas importante de la economía internacional del nuevo milenio, en tanto no solo implica cambios sustanciales en el diseño y funcionamiento del Sistema Monetario, sino que trasciende esta esfera y el ámbito geográfico europeo para devenir en fenómeno que implica cambios de significación a nivel mucho mas global, ya sea en el plano sectorial como del conjunto de países que integran la economía mundial en la actualidad.
Para América Latina la perspectiva del euro puede resultar alentadora como vía para diversificar sus activos, pero sobre todo, como alternativa monetaria frente a los problemas que enfrenta la región, que han conllevado a la creciente dolarización de muchos de estas economías. A ello puede contribuir el incremento que se ha producido en los últimos años de los vínculos económicos con Europa.
En el caso de Cuba en particular, la existencia del Euro, representa una importante alternativa en el orden comercial y monetario, si se considera que el bloqueo impuesto por Estados Unidos incluye como una de sus medidas, la imposibilidad de utilización del dólar norteamericano en las operaciones internacionales. Si se tiene en cuenta que la mayor parte de las transacciones mundiales están nominadas en esta divisa, se comprenderá hasta que punto el riesgo cambiario ha sido especialmente oneroso, por las enormes perdidas que ha sido necesario enfrentar. A ello debe adicionarse el hecho de que los estados miembros de la UE son los principales socios económicos del país, en tanto, concentran mas del 45% del intercambio comercial, destacándose el caso de España que representa el 13.4%[1]
Teniendo en cuenta la importancia que ha tenido el fenómeno del surgimiento de la moneda europea y las alternativas que ofrece, principalmente desde el punto de vista del cuestionamiento de la hegemonía del dólar en el Sistema Monetario Internacional, resulta de primordial interés el análisis de su evolución y perspectivas, considerando el conjunto de factores que están incidiendo en su reconocimiento a nivel internacional.
Este es precisamente el objetivo del presente trabajo, que se propone analizar tanto la posible evolución futura de la moneda europea como su impacto para América Latina, en tanto alternativa para reducir la dependencia respecto al dólar norteamericano, lo que permitirá formular recomendaciones que pudieran resultar de utilidad para el enfrentamiento de las dificultades que en la actualidad afectan seriamente las economías del Continente.
II) EL EURO. SITUACION Y PERSPECTIVAS
El lanzamiento del Euro, como parte de la Unión Económica y Monetaria que se ha propuesto conformar la Unión Europea, es el resultado de un largo proceso de preparación del esquema integracionista, cuyos antecedentes inmediatos están básicamente asociados al establecimiento del Mercado Unificado a partir de 1992 y al fortalecimiento del Sistema Monetario Europeo surgido en 1979, pero cuyas bases se estaban estableciendo en la práctica de una u otra forma, desde la creación de la entonces Comunidad Económica Europea en 1958. Se trata entonces de un largo periodo de más de cuarenta años que, con sus altas y bajas, puede exhibir resultados de notables en la actualidad.
Otro elemento que habla a favor de las perspectivas de la Unión Europea y del euro en particular, está relacionado con el elevado nivel de desarrollo de los países que la integran -a pesar de las diferencias existentes- y su correspondiente peso en la economía internacional, lo que deviene en sustento importantísimo de la base del proceso integracionista, lo que, si bien no garantiza su éxito, lo facilita en gran medida, principalmente cuando se trata de un estadio avanzado del mismo.
Este propósito, que ha constituido y sigue constituyendo un gran reto para Europa, se inscribe, a su vez, en el contexto de la lucha por la hegemonía mundial frente a los restantes polos de poder: Estados Unidos y Japón. De ello se derivan los esfuerzos que se han desplegado y que se seguirán desplegando para garantizar el triunfo del proyecto, que debe ser entendido como una cuestión de interés estratégico vital para la UE en la actualidad y en el futuro, con independencia de las dificultades que sea necesario enfrentar. Es por ello que seria interesante tratar de responder la siguiente pregunta:
¿Por qué y para qué se ha enfrascado la Unión Europea en un propósito tan ambicioso? Al respecto pudieran mencionarse algunas de las consideraciones mas importantes:
· A partir del fracaso del Sistema Monetario Internacional establecido en Bretton Woods y del fin de la era de tipos de cambio fijos, se evidencia de modo muy especial el comportamiento inestable de las tasas de cambio como expresión de los crecientes desequilibrios macroeconómicos que se han estado produciendo a nivel internacional. La Unión Europea desde los inicios de esta crisis ha sufrido de manera particular estos embates, lo que ha estado compulsando la búsqueda de soluciones propias, de modo de reducir en lo posible los nocivos efectos del Sistema Monetario Internacional.
· La globalización y los retos que impone, que incluye también una creciente tendencia a la globalización de las políticas económicas, sobre todo por parte de los países mas desarrollados, pero que al mismo tiempo recrudece de modo cada vez mas sofisticado la competencia a nivel internacional en su sentido mas amplio, ha compulsado a la UE a adoptar diversas medidas de respuesta, que se han buscado básicamente a través de la profundización y ampliación simultánea del proceso integracionista.
· La regionalización como tendencia que implica un fortalecimiento y proliferación de los procesos de integración en sus diferentes modalidades y niveles, deviene en instrumento para enfrentar los retos que la globalización impone a todos. La UE puede ser considerada hasta cierto punto como un paradigma en este sentido, a pesar de los enormes problemas que ha enfrentado y enfrenta en la actualidad
· Los extraordinarios desafíos que enfrenta la UE, sobre todo aquellos asociados a la propia globalización, al carácter mas bien dependiente de sus vínculos con Estados Unidos -principalmente en el plano político y militar- y su relativo retraso tecnológico frente a los principales competidores, han obligado no solo a profundizar en los mecanismos de integración y a aumentar considerablemente el número de sus miembros, sino que también a reforzar sus posiciones en áreas tradicionales de influencia y a ampliar su presencia en otras regiones prácticamente olvidadas como es el caso de América Latina. En rigor, la Unión Europea se enfrasca en todas estas acciones como parte de un proyecto estratégico que busca recuperar una supremacía perdida, o al menos fortalecer considerablemente su posición en el contexto de la lucha por la hegemonía mundial. mundial.
Con estas condicionantes, se comprende en su justa medida la importancia estratégica para Europa del lanzamiento del Euro como parte de la Unión Económica y Monetaria propuesta por el Tratado de Maastricht, lo que se apoya en un complejo y relativamente rápido proceso de creación de las condiciones necesarias para garantizar su éxito.
Partiendo de la heterogeneidad existente entre los miembros de la Unión y de los principios enunciados por la Teoría de las Uniones Monetarias, se establecieron un conjunto de indicadores que debían ser cumplimentados por los países para lograr una adecuada convergencia entre las diferentes economías participantes.
Ello impuso la aplicación de Políticas Económicas restrictivas en muchos de los países miembros, dirigidas sobre todo a reducir la inflación, las tasas de interés, los déficits públicos y fiscales y a mantener tasas de cambio estables, lo que significó un serio esfuerzo, especialmente en algunos casos como los de España, Portugal y Grecia, que si bien tenían las mayores desventajas, estaban muy interesados en no quedar fuera del proyecto, ante el peligro asociado a lo que se dio en llamar "la Europa de las Dos Velocidades".
Es así que en 1997 se aprobó por parte de las autoridades europeas el ingreso de 11[2] de los 15 países integrantes de la UE, decisión que fue recibida con diversas criticas por muchos especialistas, tanto por el propio carácter de los indicadores seleccionados, mucho más asociados a los aspectos estrictamente monetarios, que por las propias particularidades de la selección, puesto que países como Bélgica no habían dado cumplimiento a todos los requerimientos y se incluyeron por considerarse que habían realizado suficientes esfuerzos por alcanzar las metas propuestas. No cabe dudas que en la selección estaban presentes también importantes consideraciones políticas.
Este aspecto puede considerarse una importante debilidad del proceso de creación de condiciones para el lanzamiento del Euro, en tanto resulta evidente la falta de convergencia real de las economías participantes, lo que puede provocar serios problemas sobre todo en el caso de que ocurran choques asimétricos entre los distintos participantes.
La situación se torna mas complicada aún al considerarse que todas las acciones de Política Monetaria se trasladan al Banco Central Europeo, lo que implica la total perdida de soberanía de los países individuales en tan importante aspecto, debido a su correspondiente traslado al nivel supranacional.
Este es precisamente uno de los elementos clave que indujeron al Reino Unido y Dinamarca a no comprometerse en el Tratado de Maastricht a participar en el proceso de conformación del Euro, lo que de hecho debilita a la moneda única, sobre todo en el caso del Reino Unido, en tanto centro comercial y sobre todo financiero de especial importancia a nivel mundial.[3]
A pesar de estas y otras dificultades que emanan lógicamente de tan ambicioso proyecto, realizado en un plazo tan breve de tiempo, el Euro logro salir airoso de su etapa mas peligrosa, el periodo de transito, que implicaba ajustar un enorme conjunto de medidas imprescindibles para el adecuado funcionamiento de la nueva moneda. Es así que hace ya más de un año que la divisa única forma parte de la realidad cotidiana de los europeos y del Sistema Monetario Internacional en su conjunto. Resulta obvio que en la actualidad la tasa de cambio más analizada y seguida en los mercados mundiales es precisamente la relación euro-dólar que parece devenir en una tasa de carácter verdaderamente internacional.
Es precisamente el comportamiento de la nueva moneda y su relación con el dólar, uno de los aspectos mas debatidos de los últimos tiempos, por cuanto sobre todo en un inicio, su evolución parecía evidenciar problemas más de carácter estructural que coyuntural, provocando un fuerte cuestionamiento acerca de su viabilidad, reconocimiento e importancia internacional, teniendo en cuenta su tendencia sostenida a la depreciación.
Sobre este importante aspecto, es conveniente resaltar en primer lugar que el lanzamiento de una nueva moneda como es el euro, perteneciente a un grupo de países cuyo peso en la economía internacional es incuestionable, esta sujeto principalmente en un primer momento a todo un conjunto de incertidumbres, ajustes y asimilación por parte de los agentes económicos que explica al menos parcialmente cualquier comportamiento errático o inesperado.
A ello se unen los condicionamientos de la compleja economía internacional de hoy y por supuesto, la propia valoración realizada por las autoridades europeas, pues si en algún aspecto existe consenso es en su sobrevaloración inicial respecto al dólar, de acuerdo a la correlación existente entre la economía norteamericana -en franco periodo de auge- y la europea, afectada por un lento crecimiento y graves problemas de desempleo.
Desde el lanzamiento del euro "virtual" en enero de 1999 hasta su aparición como moneda con plenitud de funciones en enero de 2002, su comportamiento ha sido inestable, pudiendo señalarse en general, dos etapas que caracterizan su evolución: una primera, a partir del 1 de enero de 1999 cuando prevaleció la tendencia a la depreciación hasta junio de 2002, cuando se produjo un punto de inflexión y comenzó a recuperarse, llegando a alcanzar una paridad equivalente a la moneda norteamericana e incluso superándola en algunos momentos, como el actual, en que la cotización se encuentra alrededor de 0.8631euros/dólar[4]
El periodo de caída de la cotización del euro, cuando se calcula que la moneda europea se depreció respecto al dólar en aproximadamente 30%, se explica además de por las razones ya señaladas, también por el papel de importador neto de capitales de Estados Unidos que provienen de Japón, pero también en buena medida de Europa, cuyos inversionistas se sienten particularmente estimulados por los diferenciales de las tasas de interés a favor del mercado estadounidense, las incertidumbres asociadas a las políticas económicas aplicadas por el naciente Banco Central Europeo, el relativo retraso tecnológico europeo, las debilidades de los mercados financieros de la EUROZONA, sobre todo ante la ausencia del Reino Unido y las limitaciones asociadas a la falta de Unión Política en el Viejo Continente, entre otros elementos.
En rigor, muchas de estas cuestiones continúan estando presentes en la realidad europea en la actualidad, por lo que los analistas señalan con mucha razón que la apreciación actual se explica mucho más por los problemas que ha estado enfrentando Estados Unidos que por un mejoramiento importante de la situación europea, donde se destaca la desfavorable evolución de Alemania, tradicional locomotora de la Región.[5]
Existen, sin embargo, algunos elementos a favor del euro en los últimos tiempos, sobre todo los cambios que se han producido en las tendencias de los flujos financieros, que ahora privilegian el mercado europeo debido a los escándalos que se han detectado en importantes empresas norteamericanas, aunque ello constituye un factor de carácter básicamente coyuntural, que no necesariamente permanecerá en el tiempo. Como contrapartida, se aprecia un mejor 'engrasamiento" de los mecanismos de puesta en funcionamiento de la nueva moneda, entre ellos, el mayor reconocimiento por parte de los agentes económicos de las medidas que adopta el Banco Central Europeo.
Por otra parte, el propio desarrollo del mercado interior y el funcionamiento pleno de la moneda única deben constituir importantes factores claves para la promoción del crecimiento y el mejor desenvolvimiento de la actividad económica en general, lo que debería generar un circulo virtuoso a favor de la evolución de la moneda única. Tales resultados podrían esperarse en un futuro no lejano.
De cualquier forma, estos hechos deben ser analizados en su justa dimensión, en tanto no necesariamente un euro fuerte es sinónimo de optimismo, pues al tiempo que favorece la confianza de los agentes económicos nacionales e internacionales, limita las exportaciones europeas, lo que atenta entonces contra el lento crecimiento económico actual de la Zona. El mejor atributo que puede concebirse para la moneda, además de una valoración adecuada y reconocida por el mercado, es sobre todo su estabilidad.
En términos perspectivos, la Unión Económica y Monetaria Europea y el euro, como su componente principal, están sujetos a diversas condicionantes, donde por su importancia merecen destacarse como los mayores obstáculos que aun permanecen, la falta de convergencia real de las economías participantes, lo que se verá agudizado con la ampliación hacia el este; los aspectos que aun quedan pendientes para la conformación de un verdadero mercado interior; los limites al crecimiento que impone el Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico, por su carácter recesivo, pero que a su vez constituye un prerrequisito para el mantenimiento de la convergencia concebida por las autoridades europeas y muy significativamente, la deficiente integración y reconocimiento de los mercados de capital europeos, cuestión que no obstante, podría ser resuelta en buena medida en caso de que se incorpore el Reino Unido.
Subsisten asimismo otros problemas importantes como la ausencia de Unión Política, que para muchos constituye una condición de primer orden para el buen funcionamiento de la moneda única, pero que resulta impensable por el momento, mientras que debe también darse respuesta a problemas de orden estructural que han estado afectando a los países europeos como el desempleo, el relativo retraso tecnológico y de la productividad del trabajo.
Otro elemento a considerar es que si bien se mantiene el manejo de la política fiscal a nivel nacional, precisamente con el propósito de disponer de una posibilidad de actuación individual ante desajustes particulares, el rango de acción resulta limitado tanto por las coordinaciones que se requieren a nivel comunitario para preservar la propia marcha de la UEM, como por las condicionantes contenidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico, lo que limita las acciones individuales ante la ocurrencia de choques asimétricos que puedan tener lugar, sobre todo si se consideran los problemas de falta de convergencia real que aun subsisten.
Como factores favorables, se destacan la desaparición del riesgo cambiario para el conjunto de operaciones que se realizan en la Eurozona y también aquellas que tienen lugar con los países mas vinculados a la UE, la mayor estabilidad monetaria asociada a la reducción de la inflación, las tasas de interés y los déficits públicos, lo que en general crea condiciones mucho mas favorables para el enfrentamiento de crisis monetario financieras internacionales y un ambiente mucho mas propicio y confiable para los agentes económicos, tanto nacionales como internacionales.
El balance de más de un año de circulación del euro, puede considerarse positivo, no sólo porque se lograron salvar todo el conjunto de obstáculos operativos y logísticos, sino porque ha favorecido la coordinación macroeconomía entre los miembros, creando las condiciones para una mayor estabilidad, crecimiento económico, estimulo a las inversiones, premisas todas ellas que podrían favorecer los esfuerzos necesarios para la imprescindible modernización y avance tecnológico, cuestión de primer orden en el mundo de hoy.
En general, los resultados obtenidos hasta el momento, de acuerdo a los criterios tanto de las autoridades como de la población, se consideran alentadores, independientemente de las dificultades que se han enfrentado y las que sea necesario enfrentar, en tanto, la población europea aprecia de manera directa los beneficios y las autoridades continúan esforzándose para lograr una mejor posición de Europa en la economía internacional, donde la UEM y el euro forman parte esencial del proyecto estratégico de relanzamiento del Continente en la lucha por la hegemonía mundial.
Queda claro, que si bien aun queda mucho por hacer tanto por parte de las autoridades europeas, pero sobre todo a nivel de los países miembros, los pasos dados hasta el momento constituyen un importantísimo avance y pueden erigirse en bases de nuevas acciones de envergadura que devengan en complemento de las medidas adoptadas hasta el momento, teniendo en cuenta el carácter sistémico de la economía y el conjunto de interrelaciones que tienen lugar entre las diferentes variables y también con los aspectos de orden político.
Ahora bien, a pesar de la importancia que sin dudas tiene en análisis de la evolución y perspectivas de las tasas de cambio y del comportamiento de una moneda como indicadores que condiciona en buena medida el accionar de los agentes económicos, tampoco pueden concebirse como los únicos elementos a tener en cuenta para considerar la importancia de una moneda a nivel internacional y mucho menos para realizar una valoración exacta del éxito de este plan y sus perspectivas, menos aun en un caso como este, que constituye un acontecimiento completamente nuevo y sin precedentes a nivel mundial, considerando su envergadura y connotación. Es por ello que resulta imprescindible el estudio de sus perspectivas como moneda internacional.
III) PAPEL DEL EURO COMO MONEDA INTERNACIONAL
Las condiciones de partida que sustentan el análisis de esta posibilidad, es decir, que el euro comience a realizar funciones como moneda internacional, están dadas por tratarse de una divisa que corresponde a una de las regiones que conforman uno de los polos de poder mas importantes a nivel mundial, destacándose sobre todo el caso de países como Alemania y Francia, cuyo peso individual es también sobresaliente.
Por otra parte, países como Suecia, Dinamarca y en menor medida Reino Unido, miembros de la UE, pero que no pertenecen a la Eurozona, han comenzado a usar de manera creciente esta moneda, lo mismo que otras naciones europeas, los países mediterráneos y los africanos, también con estrechos vínculos con la Unión. Ello ha ocurrido también en otros casos no tan obvios, como el de China, para tratar de diversificar sus reservas monetarias.
Tales condiciones, ya sea en el plano comercial como financiero, crea las bases para que el Euro emerja de manera progresiva como moneda capaz de competir exitosamente frente a la primacía absoluta del dólar norteamericano, conformándose de esta manera un sistema monetario de carácter eminentemente dual, que resta importancia al yen japonés, expresando hasta cierto punto un reordenamiento de la distribución de poderes a nivel internacional.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el dólar norteamericano tiene toda una historia de supremacía a nivel internacional, que va desde el aspecto psicológico de los agentes económicos, habituados a su utilización preeminente, hasta la valoración del comercio internacional y de los mercados bursátiles, la mayor parte de las operaciones financieras, la conformación de la parte fundamental de las reservas monetarias de la mayoría de los países y sobre todo, como base sobre la que se sustenta el Sistema Monetario Internacional actual.
La pregunta seria entonces, que condiciones deberá cumplir el euro para competir exitosamente con el dólar, de modo de ocupar un lugar preponderante en la organización monetaria mundial y alcanzar plenamente la condición de moneda internacional.
En primer lugar debe tenerse en cuenta que la conversión de la moneda única en divisa verdaderamente internacional es un concepto amplio que incluye muchos aspectos y que lleva tiempo, es decir, se producirá de forma paulatina, en el mediano plazo, pues ante todo debe ser capaz de romper la inercia del uso del dólar durante tantos años.
En segundo lugar, la correlación entre dos monedas refleja en ultima instancia una comparación del estado de las dos economías que representan, incluyendo diversos indicadores, como los niveles de crecimiento, las tasas de inflación y de interés y también el comportamiento de los flujos comerciales y sobre todo en los últimos tiempos, los flujos financieros. Es por ello que el reconocimiento del euro como moneda internacional estará influenciado por estos elementos y de manera muy significativa por la situación de sus respectivos mercados financieros.
La incidencia del reconocimiento que hagan los agentes económicos de los mercados financieros se torna prácticamente determinante en la etapa actual, cuando la globalización en esta esfera es una de las características mas sobresalientes de la economía internacional. Este es un aspecto donde se manifiestan importantes debilidades en Europa en comparación con Estados Unidos en tanto no se ha logrado todavía una verdadera integración de los mercados domésticos. Este problema pudiera ser solucionado al menos en buena medida en caso de producirse el controvertido ingreso del Reino Unido, por su importante papel como centro financiero mundial.
Sin embargo, resulta también obvio en las actuales circunstancias que la internacionalización de una divisa tiene lugar mas rápidamente a través de los canales financieros y en este sentido, se aprecia una mayor utilización del euro, sobre todo como moneda de nominación de activos por parte de los agentes privados, tanto en las emisiones de obligaciones como moneda de endeudamiento. Se destaca por su importancia y a tono con los objetivos del presente trabajo, la gran significación del euro como moneda de endeudamiento.
A pesar de la indiscutible importancia del aspecto financiero, la internacionalización del euro pasa también por su papel desde el punto de vista comercial, cuestión en la que ostenta ventajas por la significación de la Eurozona como importante centro comercial mundial, incluso superior a Estados Unidos, pero con la desventaja de que prácticamente todo el comercio mundial, bursátil o no, esta valorado en dólares norteamericanos. Existe una gran interrelación entre ambos aspectos, el comercial y el financiero, de modo que en ultima instancia ambas funciones se condicionan mutuamente.
De acuerdo a lo anterior, resulta interesante analizar hasta que punto el euro cumple o puede cumplir en un futuro cercano las funciones del dinero, esto es, medida de valor, medio de circulación, medio de atesoramiento y medio de pago, para entonces cumplir cabalmente la función de dinero mundial.
Tal como ya se ha señalado, se puede apreciar que la moneda europea esta cumpliendo de manera creciente su función como medio de circulación y de pago, principalmente en el plano comercial, lo que viene dado sobre todo por la importancia del Continente en el comercio mundial y la ventaja que significa la realización de este tipo de operaciones con un volumen tan considerable de países a través de una sola moneda, a lo que se adiciona, la significación del comercio intracomunitario. Queda claro, por otra parte, que en la actualidad, el volumen fundamental de operaciones en el comercio mundial se lleva a cabo a través del crédito, es decir, cuando el dinero cumple las funciones de medio de pago.
Sin embargo, el resultado es totalmente diferente cuando se analiza la función de medida de valor, cuando la mayor parte del comercio internacional esta valorado en dólares, con lo que se genera una diferencia entre la moneda de facturación de las operaciones y el medio de pago, con la correspondiente incertidumbre y el riesgo cambiario que entraña. En realidad el cumplimiento de esta función prácticamente se circunscribe al ámbito europeo o en el caso de países que hayan anclado sus monedas al euro, que son comparativamente muy pocos.
Desde el punto de vista monetario, la función de medio de pago en el contexto de intervenciones en los mercados cambiarios ha sido hasta el momento débilmente utilizada por las autoridades europeas, mientras que normalmente los restantes países usan preferentemente el dólar.
Como medio de atesoramiento, está siendo a su vez crecientemente utilizada, tanto en la emisión de activos como en la composición de las reservas internacionales de una cantidad creciente de países.
Se aprecia, en general, un uso importante del euro a nivel internacional, teniendo en cuenta el cumplimiento de las principales funciones del dinero, sobre todo si se considera la extrema juventud de la divisa europea, pero comparativamente está bien lejos aún de alcanzar al dólar norteamericano, previéndose, sin embargo que de continuar su avance como hasta ahora, en un plazo razonable de tiempo, sea capaz de romper las inercias que están presentes y pueda llegar a alcanzar de algún modo el papel del dólar.
Al mismo tiempo, no debe perderse de vista que el proyecto del euro tiene un objetivo esencialmente interno, como vía para continuar fortaleciendo la integración europea y su peso en la economía mundial, por lo que no es de esperar que las autoridades comunitarias lleven a cabo acciones particulares encaminadas a apoyar el papel internacional de su divisa, aunque tampoco se realiza acción alguna, a diferencia de las japonesas en su momento, para limitar el papel actual y futuro del Euro como moneda internacional, lo que de hecho favorece su creciente utilización a este nivel.
Por otra parte, existe consenso entre los especialistas de las premisas que debe cumplir una moneda para garantizar su reconocimiento internacional son básicamente su estabilidad y previsibilidad, aceptabilidad, liquidez, y poseer un peso significativo en las relaciones económicas internacionales. Se puede apreciar que el euro en sentido general cumple estos requerimientos, aunque de manera relativamente parcial. Sin embargo, este quizás no pueda ser un criterio definitorio en tanto la incertidumbre del mundo de hoy, muy asociada al desarrollo de la especulación implican un obstáculo de significación para el buen funcionamiento de cualquier moneda, cuando, por ejemplo, el dólar tampoco es capaz de cumplimentar a plenitud las condiciones señaladas y mantiene su hegemonía ante la ausencia de una mejor alternativa y además, como expresión del poderío económico, político y militar de Estados Unidos.
A favor del euro puede considerase la disminución de los riesgos cambiarios que puede implicar para todos aquellos que realicen operaciones importantes en la zona, su uso como medida de valor, su creciente utilización para la nominación de títulos valores y como forma de diversificar las reservas internacionales de los diferentes países o como moneda de intervención.
Partiendo de estos elementos y considerando además que es de prever una consolidación de los mercados europeos de capital y de sus sistemas bancarios, aún más si llegara a incorporarse el Reino Unido, todo apunta a concluir que se están dando las condiciones para que la moneda única europea ocupe un lugar muy importante en el sistema monetario internacional, cuestionando seriamente la hegemonía del dólar, con lo que se conformara un sistema bipolar en el mediano plazo, pero que por largo tiempo tendrá un carácter asimétrico a favor de la moneda norteamericana.
Este escenario conllevaría a la necesidad de desarrollar una coordinación económica y monetaria mas estrecha entre las dos regiones, sobre todo en la medida en que esta bipolaridad se torne más simétrica, de modo de reducir la volatilidad de las tasas de cambio, cuestión que al menos por el momento resulta poco probable, dado el énfasis que ambas partes realizan en las cuestiones de carácter interno, a menos que las circunstancias obliguen a un mayor acercamiento de las políticas económicas respectivas.
Sin embargo, son muchas las incertidumbres que hoy rodean la economía mundial, cuestión que impone serios límites a cualquier previsión, por lo que el futuro de la moneda europea debe verse también en este contexto.
En tanto la situación económica de América Latina en los últimos años ha sido particularmente compleja, pues han estado presentes avances importantes, pero también gravísimos problemas que conforman un panorama especialmente difícil, resulta de interés analizar los elementos más significativos que caracterizan la misma en la actualidad, sobre todo desde el punto de vista de sus vínculos externos y sus alternativas en pro de una inserción mas adecuada en la economía internacional. Se destaca al respecto:
· El alto grado de heterogeneidad existente, lo que limita cualquier tratamiento de conjunto de la región, en tanto, por ejemplo, están presentes casos de elevada pobreza como los de Haití o Nicaragua, con un Producto Interno Bruto per cápita de sólo 485 y 466 US$ y en contraste, naciones como Brasil, Chile y México cuyos resultados en este indicador alcanzan 4,526; 4,734 y 4,878 dólares estadounidenses respectivamente.[6]
· Si bien se ha logrado un crecimiento económico relativamente estable durante la última década, cuando el PIB aumentó en un 3% como promedio anual, éste continúa estando por debajo de los niveles alcanzados antes de la crisis de la Deuda Externa y resulta totalmente insuficiente para enfrentar las necesidades globales del área.
· Estos resultados han estado asociados en buena medida a la instrumentación de políticas neoliberales, que han provocado consecuencias muy nocivas, básicamente asociadas a la apertura indiscriminada y a la falta de apoyo estatal en el suministro de bienes públicos indispensables. A modo de ejemplo, podría señalarse cómo el incremento notable del volumen de las exportaciones ha estado acompañado por un empeoramiento de la relación de términos de intercambio y una diversificación muy limitada de las mismas, caracterizadas por su bajo valor agregado y un creciente déficit comercial, mientras que la liberalización ha incrementado la vulnerabilidad económica y los desequilibrios de la región.
· La atracción de flujos de capital, que ha constituido una prioridad importante en los últimos años, ha logrado resultados positivos en términos de flujos, pero los mismos han estado sobre todo compuestos por capitales de corto plazo de carácter especulativo, muy sensibles a la evolución macroeconómica de los diferentes países. Por su parte, las inversiones directas se han dirigido sobre todo a la compra de activos ya existentes, estimuladas por el auge de los procesos de fusiones, adquisiciones y privatizaciones, con lo que se ha limitado de manera significativa la entrada de capitales frescos y se ha reforzado el proceso desnacionalizador. El interés de promover estos flujos, conjuntamente con las medidas antiinflacionarias aplicadas, han condicionado el alza de las tasas de interés, con su correspondiente efecto desalentador del crecimiento.
· Los factores que han sustentado el crecimiento económico de la última década tienden a agotarse ya que los capitales que se orientan a las privatizaciones han comenzado a limitar sus operaciones en estrecha relación con la menor disponibilidad de empresas atractivas. A ello se agrega el alto riesgo asociado al recrudecimiento del problema de la deuda externa y la caída de los flujos de inversiones directas. Si a esto se adiciona el impacto de las crisis financieras, se constata cómo la evolución de la economía latinoamericana ha estado sustentada en factores que denotan una particular incertidumbre e inseguridad, al tiempo que permanecen y se recrudecen problemas estructurales de especial connotación que impiden un crecimiento verdaderamente sostenible, como es el caso de las graves limitaciones de la inserción internacional de la región.
· Muchas de las medidas que han sido instrumentadas como vía para enfrentar la difícil situación económica del continente han mostrado sus pobres y nocivos resultados, sobresaliendo al respecto la apertura indiscriminada promovida por la instrumentación de políticas neoliberales y más recientemente, la dolarización de algunas de sus economías, que han visto desaparecer las posibilidades de aplicación de políticas económicas autóctonas, aumentando la dependencia externa, en particular con respecto a Estados Unidos.
· Se ha producido asimismo una agudización de los ya graves problemas sociales de la Región, donde se destaca el desarrollo sin precedentes de la economía informal y la creciente inequidad existente que se expresa en el aumento de la pobreza, que alcanza a más de 224 millones de personas, de las cuales 90 millones viven en condiciones de indigencia, mientras que el desempleo alcanza, según cifras oficiales, niveles promedio de 9% de la población económicamente activa, cifra muy superior en el caso de algunos países y regiones.
· A todo lo anterior debe agregarse la grave situación que enfrentan algunos países en particular en los últimos años, destacándose de manera significativa el caso de la economía argentina, de gran importancia en el continente.
· La integración regional que había mostrado avances relevantes en algunos esquemas como MERCOSUR, deviniendo en opción de interés para intentar dar respuesta a los enormes retos que enfrenta el Continente en sentido general, se ha visto seriamente frenada por situaciones de crisis graves que ponen claramente de manifiesto las enormes debilidades e incongruencias del modelo neoliberal.
· Por último, otro aspecto especialmente crítico es la propuesta del ALCA, acuerdo de libre comercio e inversiones con Estados Unidos y Canadá, que de materializarse, como todo parece indicar, en el año 2004, no solo provocará de hecho un serio golpe a los procesos integracionistas de la Región, sino que profundizará aún más el nivel de dependencia existente con respecto a Norteamérica, incluyendo la profundización y generalización del peligroso fenómeno de la dolarización. De hecho se producirá la absorción de América Latina por parte de los poderosos países del Norte, con serios efectos desintegradores para la Región.
Si bien en este breve esbozo de la realidad económica y social latinoamericana se evidencia la particular complejidad de la situación del continente, es importante tener en cuenta que aun existen potencialidades importantes y opciones y alternativas que pueden ser inteligentemente utilizadas a favor de una mejoría de la difícil situación existente.
Es en este sentido en que se inscribe el desarrollo de los vínculos con la Unión Europea, que llamativamente han aumentado de manera notable en los últimos años, después de que tradicionalmente la Región se había ubicado en uno de los últimos escalones de la llamada Pirámide de Privilegios que caracteriza los vínculos europeos con los países subdesarrollados, lo que resulta particularmente importante si se tiene en cuenta que Europa es el segundo socio económico de América Latina y el primero en el caso de los países del Cono Sur.
Ello se expresa tanto en el incremento que en sentido general han tenido las relaciones bilaterales políticas, culturales y económicas, y dentro de ellas, las financieras, como en una mayor oficialización de tales vínculos desde el punto de vista institucional. Un elemento destacable en este sentido ha sido la celebración, por primera vez en la historia, de Conferencias Cumbres Birregionales en junio de 1999 y mayo de 2002.
Quizás lo más sorprendente sea el avance que se ha producido en las inversiones directas, cuando en 1998 se recibieron flujos europeos ascendentes a 28,600 millones de dólares, frente a los 18,000 millones invertidos por Estados Unidos. La Unión Europea fue asimismo responsable del 77.8% del incremento de las inversiones y del 75.7% del aumento de los prestamos que tuvieron lugar en el año 2001[7]. Al mismo tiempo, la UE como conjunto es el principal donante de América Latina, sobresaliendo al respecto la ayuda humanitaria.
Al mismo tiempo, se han desarrollado y profundizado acuerdos subregionales y bilaterales con la UE, que constituyen una expresión del interés europeo por el desarrollo preferente de vínculos con esquemas de integración económica, lo que a su vez ha permitido un cierto tratamiento diferenciado como reconocimiento de la heterogeneidad de la región.
Una explicación al respecto debe encontrarse en el elevado nivel de concentración de los vínculos europeos con América Latina, tanto desde el punto de vista comercial, cuando durante la década de los años noventa Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay realizaron el 49% del total de exportaciones de la región hacia Europa y el 52% de las importaciones, como en el plano financiero pues Argentina, Brasil y Chile recibieron el 90% del total de inversiones. [8]
Entre los elementos más importantes que han estado presentes en la reciente evolución de las relaciones Unión Europea-América Latina se destacan en primer término los mejores resultados económicos, que a pesar de las dificultades, ha obtenido América Latina en la última década, sobre todo en comparación con otras áreas tradicionalmente más priorizadas por Europa como África Subsahariana, lo que ha promovido un mayor interés por parte de los inversionistas. A ello se agregan los avances que también en términos comparativos han tenido lugar en los procesos de integración latinoamericanos.
Ha incidido asimismo la presión que significa la futura instrumentación del ALCA y los cambios que se han producido en la organización del comercio internacional, sobre todo en relación con el sector agrícola, lo que entre otros factores, ha inducido una nueva reforma de la Política Agrícola Común (PAC), tradicional área de conflicto europea con la Región. Si bien los cambios que han tenido lugar en la agenda agrícola de la UE tratan de responder sobre todo a requerimientos internos, se aprecia como tendencia una mayor liberalización, principalmente si se compara con períodos anteriores, aunque todavía resultan insuficientes en función de los requerimientos latinoamericanos.
Si bien los propósitos europeos respecto a Latinoamérica resultan obvios y no pueden en ningún caso interpretarse como filantrópicos, las tendencias actuales de los vínculos mutuos pueden calificarse de estratégicas para ambas partes, en tanto Europa ve la posibilidad de expandir sus áreas de influencia, mientras que América Latina percibe, en general, a la UE como un aliado más deseable que EE UU, tanto por sus concepciones más relacionadas con la "interdependencia", y el "desarrollo sostenible", sus posiciones relativamente más flexibles, como por el apoyo que brinda al desarrollo de los procesos de integración económica, su mayor papel como donante de AOD y el interés de promover los vínculos culturales existentes.
Aunque es evidente que en ultima instancia los intereses de dominación europeos son similares a los norteamericanos, para Latinoamérica los mismos resultan preferibles por las diferencias en las formas de relacionamiento, menos impositivas, lo que debe ser inteligentemente manejado por los países de la Región para obtener ventajas, en la medida de las posibilidades existentes. En cualquier caso, sólo la alternativa de diversificación de los vínculos externos, ya resulta más que aconsejable.
Dentro del conjunto de cambios que han tenido lugar, sobresale por su importancia el lanzamiento y puesta en circulación del EURO, que resulta de trascendental importancia para América Latina aunque sólo se vea como opción para la reducción de la preponderancia del dólar norteamericano a escala internacional y regional y de alternativa para la diversificación de activos y pasivos, así como posibilidad adicional para reconfigurar los sistemas cambiarios latinoamericanos, frente a la dolarización y sus nocivas consecuencias.
Este aspecto, de particular importancia, merece reflexiones particulares, en tanto se trata de un fenómeno de especial connotación, principalmente a partir del fracaso del Sistema Monetario Internacional establecido en Bretton Woods.
Para muchos países latinoamericanos no ha quedado otra opción que la dolarización parcial o total de sus economías, debido a la situación de crisis que han estado enfrentando como resultado de su incapacidad para dar respuesta a los retos actuales de la economía internacional, en lo que subyace, por supuesto, la deformación estructural de sus estructuras productivas y la creciente dependencia respecto al dólar estadounidense, sin que se hayan creado las condiciones mínimas, al menos por el momento, para acudir al establecimiento de monedas regionales u otras alternativas de esta índole, por las mismas razones.
Se trata de lograr una inserción más exitosa en la economía internacional a través de la utilización de una moneda sana y relativamente estable, como es el dólar, para al mismo tiempo estar en mejores condiciones de enfrentar las cada vez más frecuentes crisis financieras internacionales. Tales decisiones pasan por alto las graves consecuencias de la dolarización, sobre todo su carácter cortoplacista, los enormes costos de todo tipo que entraña, el aumento de la dependencia que genera, así como su dudosa sostenibilidad. En la práctica lo que se hace es trasladar políticas económicas diseñadas para otras realidades totalmente diferentes.
La alternativa de incrementar el uso del euro por parte de América Latina, sin que estemos hablando, por supuesto, de una eurización, resulta aconsejable sobre todo desde el punto de vista de su significado como competidor del dólar en el diseño y funcionamiento del Sistema Monetario y Financiero Internacional. Ello puede favorecer su utilización para la diversificación de las carteras y de las reservas de divisas, e incluso como potencial moneda de anclaje de monedas latinoamericanas.
A favor del euro y de sus perspectivas se encuentran, a pesar de las dificultades que enfrenta, los resultados obtenidos hasta el momento independientemente de su reciente surgimiento, el apoyo pleno que han brindado están brindando las autoridades europeas al proyecto y su instrumentación por su carácter estratégico, a lo que se suma el importante papel del Continente en los vínculos externos de muchos países latinoamericanos, con lo que una mayor utilización del euro puede concebirse como una opción de especial interés para América Latina.
Pudiera pensarse incluso en los casos de países en los que las relaciones económicas con Europa son más importantes, la posibilidad de vincular directamente las monedas nacionales al mismo, o a una cesta monetaria que incluya al euro, considerando también la alternativa de un acuerdo de vinculación monetaria por la vía subregional. Sería necesario, por supuesto, considerar el conjunto de incertidumbres que siguen estando asociadas a la moneda europea, así como el papel tradicionalmente predominante que ha jugado el dólar estadounidense en la región, pero bajo la óptica de que constituye una alternativa digna de consideración que permite enfrentar en mejores condiciones la elevadísima dependencia con relación a Estados Unidos, principalmente ante la inminencia del ALCA.
De acuerdo a todos los elementos apuntados, resulta de interés precisar las principales ventajas que pueden derivarse de la existencia del euro para América Latina, entre las que se destacan:
§ Reducción de la dependencia con respecto al dólar norteamericano y posibilidad de diversificación de las carteras y las reservas monetarias.
· Con el euro se favorecerá la reducción de costos y riesgos cambiarios de las operaciones comerciales y financieras que se realicen con los países de la Unión, en tanto se llevarían a cabo en una sola moneda con una tasa única con relación al dólar. La repercusión será mas o menos importante de acuerdo a la intensidad de los vínculos de cada uno de los países o regiones con Europa.
· Los efectos favorables que para el manejo macroeconómico de los países europeos, implica la existencia del euro, tanto para el cumplimiento de los indicadores de convergencia y del establecimiento del Banco Central Europeo y el Pacto de Estabilidad, favorecen una coordinación relativamente efectiva de las políticas económicas, aunque ello ha implicado elevados costos, sobre todo en los países con mayores dificultades. Sin embargo, algunas de estas ideas pudieran ser adaptadas a la realidad particular de los procesos de integración latinoamericanos, como forma de enfrentar de manera conjunta y por tanto, en mejores circunstancias, los retos que tienen frente a si por la vía de la coordinación macroeconómica al nivel que las circunstancias lo permitan.
· Si como es de esperar la evolución y desarrollo del euro, provocara un sensible aumento de la importancia de los mercados financieros europeos a nivel internacional, ello brindará a América Latina mayores oportunidades para captar recursos financieros, quizás en mejores condiciones debido a la existencia de tasas de interés menores.
CONCLUSIONES
· A pesar de todas las dificultades que he tenido que enfrentar la Unión Económica y Monetaria en Europa y dentro de ella, el lanzamiento del euro, los resultados obtenidos después de un año de su funcionamiento como moneda con plenitud de funciones, el balance puede considerarse como favorable, en tanto se ha logrado sobrepasar exitosamente la fase mas peligrosa, es decir, el periodo de transito, durante el cual además, el contexto económico regional e internacional resulto ser especialmente adverso.
· De acuerdo a estos resultados y a su evolución posterior y teniendo en cuenta además el esfuerzo que han hecho y seguirán haciendo las autoridades europeas, como parte de un proyecto estratégico encaminado a garantizar posiciones ventajosas en el contexto de la lucha por la hegemonía mundial, la existencia del euro y su permanencia puede considerarse como un hecho irreversible.
· Con independencia del poco tiempo de vida del euro, se pueden constatar signos de consideración que apuntan hacia su creciente significación como moneda internacional, cuestionando fuertemente la hegemonía del dólar en el mediano plazo. Se prevé que el papel fundamental en este sentido lo jueguen las relaciones financieras más que las comerciales, sobre todo desde el punto de vista de moneda de nominación de activos financieros. De este modo, se conformará un sistema monetario bipolar que requerirá para su adecuado funcionamiento de un nivel apropiado de coordinación económica entre Estados Unidos y la Unión Europea, que se producirá sobre todo si las complejidades de la economía internacional así lo aconsejan.
· La posibilidad de utilización del euro es también un elemento importantísimo a favor del incremento de los vínculos latinoamericanos con Europa, en tanto ofrece oportunidades diversas de reducción de la nociva dependencia existente con relación al dólar norteamericano.
· El proceso integracionista europeo, si bien no debe en modo alguno constituir un modelo a trasladar a América Latina, debido a las enormes diferencias entre ambos grupos de países y al distinto contexto económico en que se han desenvuelto, puede sin embargo, ofrecer algunas pautas a ser analizadas sobre todo desde el punto de vista del método y de la experiencia acumulada para servir de punto de referencia a las acciones integracionistas del Continente, con un énfasis especial, por su importancia, en las cuestiones monetarias como forma de tratar de enfrentar las crecientes crisis financieras internacionales.
§ Un mayor papel del euro en América Latina dependerá en primer lugar de la continuación del avance de los vínculos económicos entre las partes, principalmente los de carácter financiero, destacándose principalmente las inversiones directas y los préstamos, que serán la vía fundamental que al menos por el momento, promueva una mayor utilización de la moneda europea en el Continente.
§ En el caso de Cuba, por las características particulares del país, imposibilitado a la utilización de dólares en sus operaciones internacionales y con un peso importantísimo de sus vínculos con Europa, la evolución del euro tiene una extraordinaria relevancia, por lo que se han comenzado a adoptar diversas medidas para promover su utilización en el mercado interno. Una perspectiva favorable de la moneda europea significa para Cuba una importante reducción de costos y riesgos por concepto de la evolución de los tipos de cambio.
RECOMENDACIONES
· Los esquemas de integración latinoamericanos pudieran utilizar alguna variante del modelo europeo de coordinación macroeconómica, adaptado a sus propias realidades, para enfrentar de manera conjunta los enormes retos y problemas que tienen ante si.
§ Resulta imprescindible adecuar los instrumentos de integración a la nueva realidad y a los nuevos retos de la economía internacional, destacando la importancia que en las circunstancias actuales tiene el interés común por las cuestiones monetarias, lo que a su vez debe iniciarse con niveles adecuados de coordinación macroeconómica que no necesariamente tienen que implicar una limitación de la soberanía, es sólo entender ésta de manera diferente en pro de los intereses más perentorios de los participantes. Además, acudir a la dolarización como alternativa si lesiona totalmente la soberanía, no sólo en política económica, sino en un sentido mucho más amplio.
§ La situación del Continente Latinoamericano, sobre todo ante la perspectiva del ALCA y de los retos que impone la imprescindible inserción en la economía internacional, requiere de soluciones urgentes que se adecuen a las circunstancias regionales con mecanismos novedosos que permitan una salida lo más rápida posible a la situación de crisis a la que están abocados. Al respecto, el surgimiento del euro puede ofrecer algunas alternativas, entre las que pueden señalarse la posibilidad de su utilización como moneda de anclaje, la vinculación de las monedas latinoamericanas a una cesta de monedas integrada por el euro, o la alternativa de acuerdo monetario de vinculación con el euro, principalmente a través de los grupos subregionales. Debe tenerse en cuenta, no obstante, las incertidumbres de diversa índole que continúan estando asociadas al euro y el papel predominante de la divisa norteamericana en América Latina.
§ La posibilidad de una moneda común a nivel regional o subregional en Latinoamerica, si bien pudiera concebirse como la variante óptima, es todavía lejana, teniendo en cuenta que no existen aún las condiciones imprescindibles que garanticen su éxito. Téngase en cuenta la enorme diferencia que existe con respecto a los países comunitarios, el tiempo de preparación que ha mediado para el lanzamiento de la moneda única y los problemas que todavía enfrenta.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
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· Puerta, Hilda "América Latina después de los Acontecimientos del 11 de Septiembre". Revista El Economista, 2002
[1] Banco Central de Cuba. "Informe Económico, 2000". Mayo, 2001.
[2] Estos 11 países fueron: Alemania, Francia, Bélgica. Luxemburgo, Italia, España, Portugal, Austria, Holanda, Irlanda y Finlandia. Grecia se incorporo en el año 2001.
[3] Suecia, el tercer país comunitario que no forma parte de la Eurozona, no ha cumplimentado los indicadores de convergencia hasta el momento, sobre todo por la inestabilidad de sus tasas de cambio.
[4] CNN, Servicio Informativo, 29 de septiembre, 2003.
[5] En este sentido es interesante tener en cuenta todos los esfuerzos que están llevando a cabo las autoridades europeas por promover el crecimiento en la Eurozona, en tanto, por ejemplo, el 6 de marzo de 2003, el Banco Central Europeo recortó las tasas de interés en un cuarto de punto porcentual, a su nivel más bajo en cuatro años con el objetivo de reactivar el crecimiento económico. CNN. Servicio Informativo, 6 de marzo 2003.
[6] UNCTAD, Handbook of Statistics, 2001.
[7] IRELA, “La Inversión Directa Europea en América Latina: Los Réditos de la Apertura y la Privatización”. Junio,2000. World Investment Report, 2002.
[8] IRELA: "Las Relaciones entre Europa y América Latina: Hacia una Agenda Birregional en el siglo XXI". Junio 1999. Pág. 5.