DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EN EL JARDÍN BOTÁNICO NACIONAL, CON MOTIVO DE LA INAUGURACIÓN DEL JARDÍN JAPONÉS, EL 26 DE OCTUBRE DE 1989, "AÑO 31 DE LA REVOLUCIÓN".

(VERSIONES TAQUIGRÁFICAS - CONSEJO DE ESTADO)

 

Estimado amigo, embajador de Japón, Ryo Kawade;

Admirado maestro arquitecto Araki;

Distinguidos invitados:

Me dijeron que habría un acto chiquitico esta tarde al final de la inauguración del Jardín, y, por lo tanto, pienso que debo hacer también un discurso chiquitico.

Hace algo mas de 20 años fue segregada esta zona hacia el sur de la ciudad con más de 600 hectáreas, para crear un Jardín Botánico Nacional. Esto forma parte de todo un conjunto de proyectos para transformar nuestra capital, de viejos proyectos en este caso, porque hay viejos y nuevos proyectos; éstos fueron, afortunadamente, de los primeros, cuando teníamos muy pocos técnicos, muy pocos recursos y muy poca experiencia.

Casi simultáneamente se elaboró la idea de desarrollar el Parque "Lenin", para el cual se separaron alrededor de 400 hectáreas. Un poco más adelante se segregó otro pedazo de territorio, entre la Ciudad de La Habana y Boyeros, para el nuevo Parque Zoológico, o el Parque Zoológico Nacional, y también actualmente se trabaja con intensidad en la elaboración de los proyectos para el nuevo Acuario o, si se quiere, la ampliación del viejo y pequeñito Acuario, que se transformará en un Acuario grande y, realmente, esperamos que muy hermoso.

Ayer, casualmente, mirábamos en el mapa estas obras en un análisis que hacíamos, precisamente estábamos analizando el Acuario, y veíamos cómo quedaban ubicados de sur a norte, bordeando la ciudad —en parte bordeándola y en parte envueltos ya en lo que serán áreas pobladas de la ciudad—, el Botánico, el "Lenin", el Zoológico, y después el Acuario, a lo cual hay que añadir también el Centro Nacional de Exposición. Son cinco importantes instituciones.

Pero falta mencionar otra, que está también en proyecto y donde ya se empieza a trabajar, que es el Parque Metropolitano de La Habana. De modo que serán seis instituciones, incluyendo a EXPOCUBA; pero cuatro de ellas, que son el Botánico, el "Lenin", el Zoológico y el Metropolitano, con muchos árboles, en una ciudad donde, prácticamente, no había árboles.

Desde muy temprano surgió la idea de humanizar la ciudad, a través de este tipo de instituciones.

Existía un pequeño Parque Zoológico que tiene unas pocas hectáreas, el nuevo tiene más de 300, y el pueblo acudía mucho y todavía acude a ese pequeño Zoológico; dicen que visitan el lugar millones de personas al año.

También había un pequeño Botánico que fue siendo sofocado por la ciudad, en un área bastante húmeda, donde actualmente se realizan trabajos de drenaje. En aquella zona va a estar, precisamente, el Parque Metropolitano.

Vimos desde el principio la importancia de estas instituciones, desde muchos puntos de vista: desde el punto de vista educacional, desde el punto de vista científico, cultural, y eso es un jardín botánico, un zoológico; pero también desde el punto de vista social y desde el punto de vista humano. La ciudad no tenía a donde ir, no tenía siquiera playas, porque las playas del este, en sus partes fundamentales y mejores, eran playas de uso exclusivo de sectores reducidos de la población; después se transformaron en playas para todo el pueblo.

Es decir que siempre hemos experimentado un aprecio especial por estas obras de la Revolución, como el Botánico y el Zoológico que se han ido haciendo poco a poco.

Nosotros habríamos querido hacer el Botánico más rápido, pero los técnicos nos decían que un jardín botánico no podía hacerse en dos años ni en tres años. Surgió la discusión sobre si las plantas debían sembrarse de semillas, o pequeñitas, o debían trasplantarse ya grandes. Un científico de la RDA, el profesor Bisse, un hombre extraordinario —nosotros lo conocimos bien, y en una ocasión hicimos un recorrido por zonas del interior del país—, nos ayudó a diseñar la idea de lo que debía ser el Botánico. Propuso dividirlo por zonas del mundo: zona de América Latina, zona de Africa, zona de Asia, otra zona de Asia suroriental —que creo que es donde estamos ahora—, zona de Australia, zona de Oceanía y Cuba, no debemos olvidarla; un área iba a ser de Cuba.

Me rompía la cabeza pensando cómo podía ser aquel botánico, y tuvimos, además, que llenarnos de paciencia, porque Bisse mismo nos dijo: "Esto es de muchos años."

Por temor a los ciclones se alegaba no se podían trasplantar, sobre todo, plantas grandes; debían ser más fuertes, tener raíces más profundas. El "Lenin", en cambio, se hizo en buena parte con árboles trasplantados; luego, además, había que traer semillas de muchas partes, no era posible trasplantar un árbol de Asia suroriental, había que traer semillas, se inició el intercambio de semillas. Y, por fin, después de 20 años, se dio por inaugurado este Jardín Botánico, aunque desde 1984 empezaron las visitas organizadas y también espontáneas al Jardín.

Se supone que el aniversario 30 de la Revolución significó no solo celebración del aniversario, sino también la inauguración del Botánico, aunque poco se hablo del Botánico aquel día (RISAS).

No quieran ustedes imaginarse cuando pasó el ciclón "Kate" por La Habana la angustia que nosotros sentíamos, porque tanto se habló de que los ciclones podían afectar nuestro Jardín, y, por fin, pasó un ciclón y el Jardín resistió, esa es la verdad; por lo menos, ya pasó la prueba de un ciclón.

Creo que el Jardín es hoy una realidad, pero una realidad en la cual debe continuarse trabajando, una realidad que debe continuar desarrollándose, una realidad que será cada vez más hermosa, desde luego, a medida que cada árbol crece, la atención se perfecciona y el contenido del Jardín es más rico en todos los sentidos.

Yo decía que este Jardín tenía gran importancia en muchos sentidos: social, humano, pero también científico, no hay que olvidarse. Por eso este Jardín se asignó a la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, pero, bueno, toda la universidad ha trabajado en este centro.

Y yo mismo, montones de veces, he querido saber algo de interés y he preguntado al Jardín Botánico: "¿Por casualidad conocen esta planta?, ¿por casualidad la tienen?, ¿por casualidad existen tales semillas?, ¿por casualidad existen tales variedades?" Se puede decir que el Jardín Botánico se convierte también en una especie de asesoría a la dirección del Partido y del Gobierno, para tomar decisiones sobre determinadas cuestiones. Por ello, cuando el Embajador de Japón planteó la idea de construir en este Botánico un jardín japonés, nos agradó e interesó mucho.

Leyendo una breve historia de cinco líneas del Jardín Japonés, señalaban ellos que el Embajador habló con la dirección del Botánico en el mes de julio del pasado año de 1988, que a mí me hablaron —yo no recuerdo la fecha exacta— en septiembre de ese mismo año. Desde luego, yo inmediatamente dije que sí, que estaba de acuerdo ciento por ciento; pregunté cómo era, qué había que hacer, en qué tiempo había que hacerlo, etcétera. En aquel momento era una idea, simplemente una idea, que salió de la magnífica voluntad del Embajador japonés, y entonces él se encargó de organizar todo, prácticamente.

Nos dijo que tenía que buscar al proyectista, pero parece que él ya sabía quién iba a ser el proyectista; como dijo aquí, conocía de hace mucho tiempo, cuando era Cónsul por allá por Europa, en la RFA, al señor Araki, uno de los más prestigiosos y talentosos arquitectos y especialistas de Japón en esta materia. Creo que hizo una excelente selección, porque no solo seleccionó a un buen arquitecto, sino seleccionó a una magnífica persona.

Tuve el honor de verlo la primera vez en el mes de abril —me lo recordaba hoy el Embajador—, a raíz de la visita del compañero Gorbachov a Cuba. En una recepción me lo presentaron, lo saludé.

Sé que todo el mundo trabajó con entusiasmo por construir con la mayor rapidez posible este Jardín: los constructores del Ministerio de la Construcción de la capital, el Jardín Botánico, sus trabajadores, la universidad, los estudiantes también de la vocacional militar "Camilo Cienfuegos", y muchas instituciones que han sido mencionadas, a las cuales se les han entregado —a varios de ellos— diplomas, participaron activa y entusiastamente en la construcción del Jardín.

Yo quería venir a verlo, pero me pedían que no, me rogaban que viniera cuando estuviera terminado el Jardín.

Aquí se han dado algunos datos. Se ha explicado que vinieron árboles de distinto origen. En primer lugar, está situado —como dije antes— en el área de Asia suroriental; son plantas de esa región las que hay en los alrededores del Jardín y especialmente, plantas japonesas. También hay algunas plantas cubanas —aquí se produce una excepción, algunas plantas cubanas—; dadas las características de nuestro clima, algunas flores y algunas plantas del Jardín Japonés tenían que ser cubanas, y se han mezclado las plantas japonesas, cubanas y asiáticas en este punto.

Se trajeron piedras de numerosos sitios de Cuba. Se dice que de Soroa, creo que también de Cienfuegos se mencionaron, Santa Cruz del Norte y otros puntos, como de cinco o seis lugares se trajeron piedras de diversos tipos, y de acuerdo con los requisitos que pedía el arquitecto, quien a su vez dirigió la colocación de todas esas piedras y el trabajo que se hizo alrededor de estas, por considerarlo una de las cosas más importantes del Jardín y la necesidad de hacer eso con verdadero arte. Ya ahora nosotros las vemos ahí formando cascadas, son piedras de distintas provincias del país. Maderas de distintos países. Hay maderas cubanas, hay maderas africanas, las que se utilizaron en las construcciones.

Recoge muchas tradiciones japonesas, y, sobre todo, el principio japonés de la recreación y el descanso, e indiscutiblemente el de la meditación, porque conciben un jardín por el cual paseen las personas y a lo largo de todo el trayecto van viendo imágenes y paisajes diferentes. Creo que ese es uno de los secretos. Tiene 1 700 metros de caminos; se hizo como un lugar realmente interesante para descansar, recrear la mente, meditar. ¡Quién sabe cuántos problemas se podrán venir a meditar aquí! (RISAS) A todos nos hace buena falta, porque problemas tenemos bastantes (RISAS). Esa es la concepción.

Combinan la naturaleza. Los que están aquí delante pueden ver al fondo y combinadas con el Jardín las dos lomas de Managua; las llaman las Tetas de Managua, es su nombre popular, no debemos quitárselo. ¡Ojalá que no venga ninguna cantera un día y las quite de ahí! Trataremos de defender esas lomas o tetas, como quieran llamarlas ustedes, o como les llama el pueblo.

No hace mucho, casualmente, estuve por allí cerca. ¡En una cantera nada menos!, otra loma que está más allá, donde pronto se va a inaugurar una fábrica de 30 millones de ladrillos. Yo veía la loma aquella, y digo: ¿Hay mucha reserva de arcilla? "Sí, eso se extiende, eso se extiende hasta las Tetas de Managua." Digo: "¡Ojalá que no llegue allí!" (RISAS) Que no haya arcilla, pero aunque la haya debemos preservar esas lomas, porque forman parte ya del ambiente, forman parte hasta del Botánico, forman parte de la belleza de la ciudad.

Yo contemplaba algo desde aquí que le quitaba un poco de vista, veía como una edificación en una de las dos lomas. Pregunté qué era, me dijeron que quizás algo de televisión. Pensaba para mis adentros: ¿No habría otra lomita por ahí, hasta más alta, donde poner eso? Cualquier día a lo mejor lo mudamos también (Le dicen algo). ¿Es una casa? Aquello no es una casa, no es una casa, eso está en el tope de la loma. Es como el pezoncito de las Tetas de Managua (RISAS).

Efectivamente es un paisaje muy bonito desde aquí. Creo que es un arte saber combinar todas estas cosas naturales y nosotros aprendemos mucho, porque un jardín botánico —y lo he dicho siempre— no solo puede ser un centro científico o una colección de plantas, un jardín botánico tiene que ser algo eminentemente bello.

Recuerdo un pequeño jardín botánico que teníamos desde antes del triunfo de la Revolución, pequeñito, que está cerca de Cienfuegos. Lo he visitado más de una vez, y siempre me admiró la belleza de aquel botánico, es un lugar, realmente, de recreación. Y por eso nosotros planteábamos que el Botánico —y se lo dijimos a Bisse— combinara la ciencia con la estética, la ciencia con la belleza. Y creo que esto va siendo una realidad.

No lejos de aquí, una vez le dimos una pequeña área de las seiscientas y tantas originales al campamento de pioneros, nos parece un lugar muy adecuado para ello. No lejos está la escuela "Lenin", una extraordinaria escuela, también muy bella y muy importante. Y aquí nos queda ahora EXPOCUBA, pegadito al Jardín Botánico. La afluencia de personal a EXPOCUBA ha duplicado la afluencia de personal al Botánico, que no se conoce todavía suficientemente bien.

Ahora tenemos el Jardín Japonés, es bonito, ya es un lugar hermoso, digno de verse; pero lo será mucho más en meses e incluso en años futuros, pues muchas de las plantas están pequeñas, parte del césped se acaba de sembrar. Hoy nosotros pasamos por ahí, no se sabe qué estragos debemos haber hecho, porque no íbamos por el trillito; periodistas, nosotros mismos y otros invitados nos veíamos en la necesidad de caminar fuera del trillito. De modo que con el transcurso del tiempo es que este Jardín podrá mostrarse en todo su esplendor, en toda su belleza.

Se han sembrado carpas de colores, muy hermosas, también de origen japonés, que están pequeñitas; deberán crecer, multiplicarse. Pienso que algunos podrán darles alimentos a esos animales, habrá que pensar cómo se establece un poco la costumbre.

De modo que es como una criatura que acaba de nacer. Bien se dijo aquí que lo construyeron en nueve meses. Pues acaba de nacer y sin ningún tipo de cirugía, ¿verdad? (RISAS). No hubo cesárea, nació con sus nueve meses, buen peso y rozagante la criatura que es el Jardín Japonés, y creo que en realidad va a ser una cosa muy bella.

Tengo la seguridad de que miles de personas todas las semanas vendrán a este Jardín Japonés. Pero de este Jardín debe quedarnos la lección, lo que es el arte, lo que es la cultura, y cuánto vale poder hacer cosas bellas como esta, con toda la cultura acumulada durante siglos y durante milenios, y cuánto tenemos que aprender todavía en todos los sentidos. Todos los días se aprende, eso es claro; todos los días se aprende en cualquier actividad, hay muchas cosas que aprender constantemente.

Hace unos días hablaba con los constructores del hotel Cohiba, hombres del contingente "Blas Roca", estaban de madrugada allí construyendo, y veía los andamios metálicos y los paneles metálicos, los usaban para el hormigón, y yo les decía: "¿Están aprendiendo mucho?" Y decían: "Sí, estamos aprendiendo mucho y estamos aprendiendo rápido."

Efectivamente, nuestro pueblo aprende rápido, pero tiene muchas cosas por aprender todavía. En el país no existía ninguna experiencia de construir a esa velocidad, con esa calidad, con esos medios, un hotel de cinco estrellas como el que se está construyendo allí. Esas son cosas que tenemos que aprender y nosotros mismos construir andamios y moldes, y aplicar estas técnicas que elevan la productividad del trabajo y aceleran el desarrollo.

Nosotros de este Jardín tenemos que aprender los principios, las concepciones, el arte de combinar la naturaleza, como se ha hecho aquí, para ir embelleciendo cada vez más nuestra tierra y para ir humanizando cada vez más nuestra ciudad.

Hay un numeroso grupo de arquitectos, inteligentes, capaces, que están trabajando en la concepción del Parque Metropolitano. No hace mucho pude conocer algunas de aquellas ideas.

Como les decía, ayer veíamos la concepción del Acuario, de la ampliación; más bien del nuevo Acuario que posiblemente se empiece a construir el próximo año. Son cosas que humanizan la vida de la ciudad. No hay nada más inhumano que una ciudad llena de hormigón por todas partes, sin jardines, sin árboles. En materia de jardinería es un mundo lo que tenemos todavía por aprender, y creo que esta puede ser una escuela, y esto puede ser también como la célula de una escuela japonesa de jardinería. Y podemos aprender de otros países muchas cosas, se puede aprender.

El Embajador mencionaba en sus palabras que algunos creían que en Japón no existía una gran cultura. Pienso que en Japón y en Asia en general hay una cultura mucho más rica que la occidental, o tan rica por lo menos, o más rica en algunas cosas, porque nació mucho antes y ha sido conservada y desarrollada con el espíritu laborioso y la proverbial paciencia de los habitantes de esa zona del mundo.

El dijo que había ido mejorando sus ideas sobre la capacidad de trabajo de los cubanos mientras se construya este Jardín. Y es cierto, trabajaron con entusiasmo; me alegro de que él haya recibido esas impresiones, porque nosotros mismos vamos mejorando nuestras ideas sobre la capacidad de trabajo de los cubanos, a medida que vemos a los contingentes y vemos a decenas y decenas de miles de ciudadanos, y cada vez más decenas de miles, trabajando con un espíritu extraordinario, con una laboriosidad extraordinaria.

Cuando yo quiero comparar la laboriosidad de nuestros hombres, el nuevo espíritu laborioso de trabajo, siempre pongo el ejemplo de Japón. No puedo decir que sea el único; sé que los coreanos son muy trabajadores también, conozco a los hermanos de la República Popular Democrática de Corea y sé que son grandes trabajadores.

Hemos podido ver aquí también a la población china, su espíritu de laboriosidad y de trabajo a lo largo de la historia de nuestro país. Pero yo cito esos ejemplos, y digo que Japón ha avanzado considerablemente gracias a ese espíritu laborioso y también a la inteligencia de su pueblo, y lo suelo citar como ejemplo.

En ocasiones también he conversado con algunos visitantes japoneses y les he dicho, con mucha satisfacción, que ya tenemos excelentes colectivos de obreros que pueden trabajar como ellos. Casi podemos decir que puede haber algunos colectivos nuestros que trabajan más que ellos. Desgraciadamente estamos muy lejos todavía de tener la media de laboriosidad y de espíritu de trabajo de los japoneses; pero vamos luchando, vamos adquiriendo también una nueva cultura del trabajo.

De modo que admiramos a Japón por muchas cosas: por su espíritu laborioso, por su cultura, por su talento, su filosofía, incluso; su forma de enfrentar la vida, su desarrollo. A pesar de ser un país de muy pocas materias primas, ha adquirido un gran desarrollo; su maquinaria es buena, tenemos mucha maquinaria japonesa en Cuba y la apreciamos por su calidad. Tenemos máquinas industriales y equipos de construcción, y podemos certificar la calidad de esos productos que salen de la industria japonesa.

Debo expresar nuestro más profundo agradecimiento al Embajador, al arquitecto, a la Asociación Conmemorativa de la Exposición Mundial de Japón de 1970, a la Asociación de Floricultura, o de jardinería, o de flores, de Japón, a los representantes de empresas que han donado un tractor pequeño, adecuado al tipo de trabajo que hace falta para el mantenimiento de este nuevo jardín, y a todos los que han colaborado en su creación.

También debemos agradecerle al pueblo japonés, porque vemos esto como una expresión de los sentimientos del pueblo japonés y de la generosidad del pueblo japonés.

Valoramos esto no por su costo, sino por su significado, por su simbolismo, porque los japoneses donaron la idea, donaron los proyectos, donaron la tecnología, todo lo que hace funcionar esas fuentes, la iluminación, árboles. Nos asistieron en el trabajo, en la dirección y ejecución de la obra, y nosotros realmente, lo apreciamos mucho.

Nos alegró que el Embajador piense que es ya el más grande de América Latina y el Caribe. Trataremos de que se conserve el mejor, para ser acreedores a este honor de tener el más grande Jardín Japonés en nuestra área. Ello enriquece nuestro Jardín Botánico, que esperamos que sea uno de los mejores del mundo, y es ya uno de los más grandes del mundo, y una prueba de nuestra confianza en el futuro, nuestra fe en el hombre, nuestro desafío a la naturaleza; no nos importaron los ciclones, y si un día pasara un ciclón poderoso por aquí y derribara la mitad del Jardín, volvemos a sembrar el Jardín, y si derribara todos los árboles del Jardín, los volveremos a sembrar de nuevo. Y sé que van a resistir, ya nos hemos acostumbrado a verlos adultos. Una vez recomendé: Tengan plantas similares a estas en otros lugares del país, plantas de otras regiones del mundo, para que si alguna vez un ciclón nos tumba muchos de esos árboles, vamos allá, los sacamos y los sembramos otra vez.

Quién sabe lo que nosotros seamos capaces de hacerles a los árboles esos para que no se caigan, casi casi como estamos haciendo con las matas de plátano que regamos con microjet y cuya elevada producción hace que se caigan de cualquier viento. Ahora les hemos puesto postes de hormigón. No pensamos en eso, desde luego, pero puede haber cosas que hasta fortalezcan la raíz o protejan el árbol de una forma u otra; pero tal vez no hagan falta, ya pasó el primer ciclón y no pasó nada.

Y si se cumple aquella idea de tener árboles similares en distintos lugares del país, no tendremos que esperar 20 años; los trasplantaremos y reconstruiremos el jardín en tiempo récord.

Por eso digo que este Jardín Botánico es también prueba del optimismo de nuestro pueblo, de la preocupación de la Revolución por el pueblo y todo lo que tenga que ver con el bienestar del pueblo, y también de la preocupación de la Revolución por la ciencia. En la ciencia estamos avanzando bastante, y bastante rápidamente, con nuevos medicamentos, nuevos productos, algunos de ellos muy novedosos, constituyen una esperanza para nuestro país.

No voy a decir viva la amistad entre los pueblos de Japón y de Cuba, porque esa amistad vive y, además, se vigoriza.

Quiero terminar expresando la seguridad de que este Jardín será cada vez más bello, este Botánico será también cada vez más hermoso, y esta capital de nuestra patria será cada vez más humana y más hermosa, y que esto que inauguramos hoy quedará perennemente como un símbolo de la amistad entre dos pueblos: el pueblo de Japón y el pueblo de Cuba.

Muchas gracias (APLAUSOS).