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De la Literatura al Ballet, una transfiguración en movimiento

De la Literatura al Ballet, una transfiguración en movimiento

Por: DirCom con colaboración de la Lic. Akzana López Hernández

Fotos: Jennifer Albín Betancourt

En un teatro de La Habana, de cuyo nombre si logro acordarme, se presentó la pasada noche del 5 de enero la versión a ballet del clásico de la literatura cervantiana, Don Quijote. La velada transcurrió en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, y estuvo dedicada exclusivamente a la celebración del 290 Aniversario de la Universidad de La Habana.

Los azares concurrentes entrelazarían a partir de 1948 la historia de ambas instituciones con la fundación del Ballet Alicia Alonso (…) Sin derogar sus encargos a nivel social, vinculados con la educación, de la cultura y de todo el campo de la producción simbólica, (…) la Universidad de La Habana y el Ballet Nacional de Cuba encontraron un camino propio, estrechamente vinculado a lo cubano, a nuestras raíces, sin ignorar todo el tesoro cultural acumulado por la humanidad…

Así manifestó el Rector de la Universidad de La Habana, el Sr. Gustavo Cobreiro, en el discurso inaugural del programa del evento. De esta manera recalca los pasos entrelazados de ambos espacios formadores.

La historia llevada al ballet se inspira en uno de los episodios de la novela. En ella el ingenioso hidalgo, representado por Yansiel Pujada, se convierte en un espíritu activo que lucha por el amor irrealizable de una joven pareja, interpretada ésta por la primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, Anette Delgado, en el papel de Kitri y el bailarín principal del Ballet Nacional de Noruega,  Yoel Carreño, en el personaje de Basilio, el barbero.

En tres actos se desenlaza la historia; el I Acto es dedicado a narrar los inicios del romance de Basilio y Kitri, impedido éste por Lorenzo, el posadero (Félix Rodríguez), padre de la joven, que está en desacuerdo debido a la situación económica del pretendiente. Por eso, considera que el mejor partido sería Camacho (Ernesto Diaz), un noble rico afrancesado, el cual es negado por Kitri, quien decide escapar con su amado Basilio. En cuanto al II Acto, este comienza siendo el paraíso de la libertad para los jóvenes amantes, pero es ensombrecido nuevamente por el padre, quien busca constantemente a su hija para atarla en casamiento, así, ambos son encarcelados pero el Barbero logra escapar. En el último acto, justo cuando se va a hacer realidad la pesadilla de la triste muchacha, aparece Basilio encapuchado y finge su muerte. En un vuelco paródico se realiza el “casamiento pos mortem” como última voluntad, hecho que permitió la unión oficial de ambos amantes.

La destreza demostrada por el cuerpo de baile y las figuras principales, bailarines ya experimentados y de renombre internacional, hicieron de la pieza un sueño para el espectador. La precisión y a la vez delicadeza de los movimientos remarcaron una noche de gloria que, sin dudas, capturó la atención y los aplausos del público. Además, el tratamiento del vestuario, la escenografía y la coreografía, versión cubana de 1988, fueron factores determinantes del acabado pulcro y sentido estético de la pieza.

Don Quijote, por el Ballet Nacional de Cuba, agasajó de muy buena manera al público asistente de la Universidad de La Habana. Fue una velada cultural de relevancia.

 

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