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Héroe, la más humilde de las profesiones

Héroe, la más humilde de las profesiones

Por: Mario Calit

Ser héroe no es tarea de hombres magníficos, es la más humilde de las profesiones. Nuestra huella espiritual es lo que queda cuando el tiempo oxida medallas y monumentos, cuando la Historia tiene otros guionistas. Caprichosa la historia hizo nacer un mismo 14 a dos hombres comunes, sí, porque la gloria acostumbra a esconderse en la sencillez.

Allá por el año 1845 la región de Oriente recibía, en el seno rebelde de una familia afrodescendiente, a Antonio Maceo, el Titán, el mulato que salvó la Revolución en Baraguá. De su abnegada madre no pudo aprender algo que no fuera disciplina, patriotismo y carácter. Pero no nació El Titán siéndolo, hubo de merecer el oportuno empujón de Doña Mariana para empinarse y andar. Iniciada la Guerra Grande sólo contaba con 23 abriles, y diez años después, con su actitud, marcó el ascenso de las clases populares a la dirección de la lucha revolucionaria, escribiendo, a mi juicio, la más gloriosa página de la Historia de Cuba. No he escuchado de su figura un acto de autosuficiencia u orgullo, se limitó al campo de batalla en el plano que fuese, sin más orgullo que la satisfacción de ver a Cuba libre.

Casi a un siglo de distancia, exactamente 83 años después, nace en Rosario "el Che", intrépido médico que se propuso recorrer la América en motocicleta, viaje que lo llevó, por razones de convicción y destino histórico, a conocer el proyecto revolucionario de Fidel. No se imaginaba aquel joven argentino que su conexión con el Titán iría más allá de su fecha de nacimiento, puesto que fue designado a llevar la lucha a todo el país como hizo Maceo en su tiempo.

Una labor esta, encargada a hombres tan comunes que no parecen de este mundo, hombres con la capacidad de entender el dolor de los otros como en su propia carne, implacables ante la desunión y la injusticia. Hombres con sombras, porque aún mayores son las luces que los cubren, esas que iluminan hasta hoy los caminos por donde transita todo aquel que no se conforma con mirar sentado, cómodamente, el decursar de la historia.