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Roma: vándalos, poetas y el eterno retorno.

Roma: vándalos, poetas y el eterno retorno.

Por Vitalina Alfonso

A pesar de la longeva génesis del proverbio “Todos los caminos conducen a Roma”, este –como ha sucedido en la historia de cada frase sentenciosa– ha ido readecuando su tesis según épocas y circunstancias sociales, pero sin alterarse del todo la afirmación sostenida. Ha adquirido cierto enriquecimiento semántico lo cual ha contribuido, sin duda, a dicha readecuación. Así, de direcciones topográficas ha pasado a circunscribirse al propósito de alcanzar la solución definitiva de un problema, aunque se esgriman distintos puntos de vista, se empleen vías aparentemente opuestas, etcétera. El contexto individual puede, a su vez, transvasar la afirmación y llevar a cuestionamientos como: “¿Habrá, entre esos tantos caminos seguros alguno especial que logre acercarme más rápido a ese punto específico de Roma al que realmente quiero llegar?”

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En la medida que voy arribando a la ciudad imaginada, la lluvia se hace más intensa y la oscuridad va cerrando la visibilidad. A mi cotidianidad caribeña, aún luego de ya vivir más de un mes de otoño europeo, le cuesta asimilar que apenas a las cinco de la tarde ya es noche cerrada. Pero no importa, él está ahí, casi al pie del último peldaño del autobús del que desciendo en la estación, para sujetar mi pequeña maleta y sin apenas saludos indicarme que en unos minutos saldrá el tren ideal para el trasiego que falta. Al salir a la calle, ahí está la ciudad, envuelta en sus luces, su aire cortante, el sonido de aguas de fontanas, y su desenfreno automovilístico por las avenidas que atravesamos. Me indica que caminaremos un buen rato, se hace necesario para alcanzar el transporte que de manera más expedita nos subirá al Trastevere. Y comienza entonces su despliegue de sapiencia citadina, expuesta a una velocidad y firmeza imposible de aprehender en toda su magnitud por mi agotamiento de viajera extenuada: nombres de plazas, fuentes, números de ómnibus…  “Este hombre conoce esta ciudad ya casi mejor que su barriada de Centro Habana”, me digo, “y pretende que en minutos yo domine el recorrido que realizaremos hasta lo que será mi centro por cuatro días pero que  para él no me queda muy claro si es su centro o su periferia, o ambas cosas a la vez”.

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Tras ciertas subidas que hacen peligrar las ya maltrechas ruedas de mi maleta, que él arrastra sin piedad por calles empedradas, de pronto ante mí un monasterio renacentista: San Pietro in Montorio. A él accedemos por unos leves peldaños (ya no me resultan tan leves luego de tanto acceso por calles empinadas) y dejamos a un lado la puerta de un templo por el cual, con gran algarabía salen a la Plaza (¡otra plaza!) una pareja de desposados, seguidos por un grupo cuantioso de invitados a la ceremonia recién concluida. Luego de atravesar un lobby donde soy presentada como visitante temporal, él, Claudio, acrecienta su labor de guía romano, esta vez centrado en un vetusto claustro monacal en el que tropiezo, entre otras sorpresas, con un busto de Ramón del Valle Inclán, rector por tres años de la Academia de Bellas Artes en Roma, hoy Real Academia de España, sitio que acoge a becarios de Iberoamérica para desarrollar proyectos de fotografía, videoarte, diseño gráfico, etcétera.

Ya luego de la calma de la sobremesa y el cálido clima de la habitación que me acogerá como visitante de Claudio (¿de Claudio o de Roma?), este me expone con pasión la fase en la que se desenvuelve su casi terminado proyecto. Toda la visualidad que ha ido atesorando con su lente fotográfico ya está diseñada tanto para ser expuesta como para integrar las páginas del volumen que cerrará su estudio práctico de varios meses de estadía en Italia. Las imágenes captadas no buscan recrear, de manera manida, el patrimonio histórico y cultural que atesora la ciudad capital y que diariamente experimenta una estrepitosa invasión turística depredadora. Su deslumbramiento y asombro ocurrieron en estancias anteriores, de ahí que esta vez su proyecto de residencia artística ha descansado no en el estatismo de lo milenario sino en el movimiento, en la inmediatez, en las rupturas contra lo establecido que van desde los muros desgatados por el paso implacable de los tiempos hasta los anuncios publicitarios renovables. Su capacidad y talento para la cartelística le han permitido a Claudio Sotolongo descubrir más allá de un grafiti, una pegatina, o justo un cartel despegado a medias por una lluvia tan pertinaz como la que me recibió, que Roma no está inamovible como se le piensa; que el silencio de sus mausoleos puede ser perturbado por el ruido no tan lejos de la rasgadura voluntaria de algunos papeles, adheridos a columnas supuestamente intocables. Mediante herramientas digitales él, el otro artista, sobredimensiona, enfoca un punto casi inadvertido de una minúscula pegatina, o realiza un montaje de muchas de estas hasta hallar un mensaje subversivo o pacifista; todo es cuestión de saber leer.   

Este mapa de la ciudad invadida por la imagen que casi agrede necesita una decodificación, o al menos el intento de ella, mediante palabras, de la mirada del artista y de su juicio sociológico. Y entonces Claudio me habla de un texto precedente de las imágenes para que así, con todas las de la ley, se complete un volumen. Se halla en plena efervescencia escritural. Necesita un lector cómplice que lo escuche y recorra sus mismos trayectos.

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Despierto en mi primera mañana romana y desde el balcón, que en la noche apenas descubrí por la cortina que lo esconde, descubro a ese tan mencionado Tempietto di Bramante del que Claudio en la noche me hablaba con obsesión. Se alza en el centro de uno de los patios  del monasterio y no es posible evadirse de su omnipresencia y cercanía. Impone rigidez y mesura al contemplársele.

Luego del desayuno realizo ya en solitario y con avidez mi primer intento de apropiación de la ciudad. Asciendo por la vía Garibaldi y encuentro una primera fuente deslumbrante, la del Gianicolo. Luego vendrán muchas otras (sin poder obviar la de Trevi, por supuesto), al igual que plazas, ruinas, templos, museos emblemáticos; trattorias que seducen en un entrecruce de callejones, apenas a unas cuadras de la Ciudad del Vaticano…  Y Claudio escribe, narra, fabula…me lee fragmentos que comienzan a resultarme mucho más inteligibles por haber ya transitado por lugares que describe.

Luego de cuatro días me regreso a Milano, agradecida y nostálgica de Roma y su buen anfitrión. Unas semanas después Madrid me acoge, con menos lluvia y frío. Allí recibo, sorprendida por su feliz término, la versión digital del libro que Claudio Sotolongo ha titulado homónimamente como su proyecto de residencia artística: Vándalos o poetas visuales. Ejercicios de poder ciudadano en la Roma contemporánea. Leo con placer su recorrido de caminante por la ciudad. No es un caminante cualquiera porque la observa como textura, se adueña de ella y la moldea con la forma del Tempietto. De tal suerte, su investigación convertida en imagen y ahora en narrativa expositora ofrece otra cara de Roma, esa, la que muchos de sus habitantes (perennes o de paso), la adornan, la desafían  o la agreden desgarrando anuncios, imponiendo públicamente ya sea un arte personal o un grito de deseo de comunicación social.

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Vuelvo a Roma leyendo a Claudio. Esta vez es una excursión guiada, sin mi asombro de turista y perenne angustia por no contar con el tiempo necesario  para atrapar todo lo que ofrece. Él me enseña a descubrir una especie de segunda capa que la envuelve y que solo con la mirada de un aguzado artista y crítico puede percibirse.  Esa otra capa se expone en Vándalos o poetas visuales, por lo que el disfrute de su lectura y visualidad también entraña un marcado valor cognoscitivo.

El catalogo Vándalos o poetas visuales. Ejercicios de poder ciudadano en la Roma contemporánea fue presentado el 22 de noviembre de 2021 en la Real Academia de España en Roma. La versión en pdf está disponible para su descarga gratuita en los links:

http://www.cubaliteraria.cu/download/vandalos-o-poetas-visuales-ejercicios-de-poder-ciudadano-en-la-roma-contemporanea/

http://www.uh.cu/noticia/disponibles-para-descargar-gratis-dos-nuevos-titulos-publicados-por-la-editorial-uh

Vitalina Alfonso, La Habana, 1960. Destacada crítica y editora cubana, especialista en Literatura Hispanoamericana.

Vándalos o poetas visuales, La Habana, Editorial UH–Varasex ediciones–Real Academia de España en Roma,120 pp.

Roma: vándalos, poetas y el eterno retorno.
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