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Siempre fuimos bibliotecarios

Siempre fuimos bibliotecarios

Tomado de la Revista Alma Mater

Publicado: Lunes 13 de septiembre de 2021

Autor: Abdiel Alejandro Montano Díaz, estudiantes de 3er Año de Ciencias de la Información de la Facultad de Comunicación

Ciencias de la Información es una de esas carreras que conocemos, pero no siempre entendemos. ¿Pero qué ideas, qué proyecciones rodean a los «cientistas de la información»? Empecemos a descubrir las raíces de la carrera este Día Internacional del Bibliotecario, en el que desmitificamos también el trabajo desde las bibliotecas.

Hay muchas carreras en las universidades cubanas. Y cada una ha conquistado un cierto nivel de simbolismos en la mente de todos los que las conocen. Cada una tiene cierto nivel de atribución, estigma o dejadez, casi como si una marca invisible calimbara a todos los miembros de una facultad y eventualmente los hiciera caer en los límites de sus propias convenciones. Existen, por ejemplo, los «Psicólogos Locos» o «Los abogados que todo lo discuten».

Entre todos estos clichés hay uno del cual se huye con tal ferocidad en primer año de la carrera y que está en ese top 10 de razones por las cuales dos amigos se pueden dejar de hablar en la Facultad de Comunicación. En ese «te reto» que puede aparecer en una de las ya olvidadas fiestas: «A que no le dices a ese de Ciencias que es bibliotecario» …

Pero, ¿lo son?

Esa no es la pregunta correcta. La pregunta es: ¿Por qué no quieren serlo?

Es muy fácil que alguien de Ciencias de la Información te dé una disertación acerca de las mil y una razones por las que su carrera no es Bibliotecología. Yo di más de una en mi primer año. Pero luego recibí clases de Análisis Documental I — donde aprendí a realizar fichas de biblioteca — y todo mi marco conceptual se vino abajo.

Ciertamente los profesionales de la información pueden jugar el papel de bibliotecario. El problema es que no somos solo eso. También es fácil entender el «mito del bibliotecario» como una persona mayor que pasa sus días callando y diciendo «Bajen la voz» en un edificio decadente y destartalado lleno de libros con polillas. Un futuro que no emociona a nadie, de ahí esa reticencia al término de bibliotecario.

Aunque este estereotipo obviamente nace del propio desconocimiento e inacción que en ocasiones rodea a la profesión, sus prejuicios y los de la sociedad. Sobre todo, porque el silencio de la biblioteca no debe entenderse como un castigo sino como un paso a la reflexión, según comenta la Dra. Ania Hernández Quintana, jefa del Departamento de Ciencias de la Información de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

«No se puede hablar de Bibliotecología sin definirla, no es una ciencia en abstracto: es la ciencia de las bibliotecas, la que prepara a los bibliotecarios; la cual su objeto de estudio es la entidad, los procesos que se desarrollan en esa entidad, los profesionales que intervienen en ella y que construyen no solo instrumentos de consulta y representaciones de esos recursos que atesoran las bibliotecas, sino que construyen el diálogo social», explica la profesora.

«Las bibliotecas son entidades dinámicas que a lo largo del tiempo se han adaptado y transformado. Han reaccionado a los cambios sociales y tecnológicos. Y también lo ha hecho la Bibliotecología, como ciencia también ha evolucionado, ha acompañado el cambio del objeto de estudio en una dinámica de percepciones que han revolucionado no solo la mirada sobre el libro sino sobre una tipología muy diversa de objetos, de recursos documentales e informativos a los cuales atiende», nos dice.

Para la profesora Ania Hernández, ese dinamismo tiene que ver también con la metamorfosis del discernimiento y valor de la información a lo largo del tiempo. «En lo que avanzan las épocas el valor de la información crece, y también la dimensión informativa de la que se precia la biblioteca. Pero, además de esa dimensión informativa, está esa dimensión social».

Asimismo, resalta que «la Bibliotecología es una ciencia esencial, quizás no para vencer, pero sí para sobrevivir a la ignorancia y la mediocridad». Por tanto, al pensar en el caso de Cuba, destaca que las bibliotecas deberían impulsarse para que acompañen el desarrollo local: «No se puede hablar de soluciones para el desarrollo sin pensar en centros donde se comparta conocimiento y se articule este con las necesidades de saber de la gente».

Así nos cuenta con naturalidad — WhatsApp mediante — la profesora Ania Hernández, quien tiene como costumbre irrumpir en los grupos de primero de la carrera con un incienso real en una mano izquierda y un martillo, metafórico, en la otra para romper todos los prejuicios que tengamos.

Las series, los documentales y las películas también se leen, es otra de esas frases que suele decir y que golpean fuerte. Pues es difícil entender al objeto de estudio de las Ciencias de la Información como la información independientemente del soporte, el contenido más allá de la forma.

Así, entre clases sobre cómo de cierta forma los bibliotecarios contribuimos al nacimiento de la Internet; o cómo la biblioteca puede y tiene que convertirse en un espacio para la transformación de la comunidad donde está emplazada, se le va perdiendo el miedo a la etiqueta. Se va entendiendo lo que realmente significa ser un bibliotecario en la actualidad fuera del estigma y las posibilidades que puede ofrecer.

Quizás quieres crear una biblioteca siguiendo los modelos de Centros de Recursos para la investigación y el aprendizaje o (CRAI) para desligarte de las bibliotecas tradicionales. Tal vez decidas que — como ha sido comentado en varias ocasiones — las bibliotecas serán un elemento fundamental si se aspira a lograr el cumplimiento de la agenda 2030.

Quizás quieres que también en ella se regale «El paquete o La mochila», que la gente se llegue y se lleve no solo una memoria sino un libro consigo, pues entiendes el papel fundamental de la biblioteca en proporcionar el acceso a la información que tanto necesitamos en nuestro día a día.

¿Y qué más?

Las bibliotecas no tienen por qué ser ese espacio tenebroso, oscuro y lleno de polillas que muchos tememos, pero qué más puede deparar el destino para aquellos de Ciencias. Es difícil enmarcar todos los caminos posibles pues la carrera no es un camino a seguir, más bien nos brindan diferentes herramientas y conocimientos acompañado por una nueva cosmovisión que puede ser empleada a nuestro antojo.

Dentro de los muchos caminos puede que te guste trabajar con Métricas y Analíticas usando esquemas y teoría de grafos para que toda la información más compleja pueda ser entendida en unos simples gráficos.

Posiblemente te guste más el análisis de redes sociales. Si es así, bien podrías aprovecharte del aspecto de análisis de texto y procesamiento automático de la carrera para trabajar con cientos de miles de Tweets de forma automática y analizarlos en busca de emociones o palabras clave que puedan inclinar la balanza a tu favor.

A lo mejor el diseño sea más afín a ti. De ser el caso, los conocimientos de arquitectura de información te permitirán presentarla en la mejor forma posible y obtener los diseños más funcionales para cualquier sitio web, ya sea desde WordPress o codificando en HTML.

Ciertamente, hay muchos estigmas que lastiman a las carreras en la universidad. Muchas ideas preconcebidas que afectan seriamente las decisiones de los universitarios con respecto a su futuro y aún peor la de aquellos que están tomando la complicada decisión de llenar una boleta muchas veces en base a estas concepciones.

De ahí la importancia de ir rompiendo estos estereotipos, en otros casos abrazarlos e ir desarrollando una universidad más integrada y transparente donde podamos ser más que las etiquetas que adjuntan a nuestras carreras. Donde «los de Ciencias» seamos bibliotecarios con orgullo cuando lo decidimos.