GLOBALIZACIÓN, INSERCIÓN INTERNACIONAL Y DESARROLLO LOCAL

Dr. LÁZARO PEÑA CASTELLANOS
Centro de Investigaciones de Economía Internacional (CIEI)

INTRODUCCIÓN

Dos temáticas de estudio que copan el panorama académico en la actualidad lo son: la globalización y el crecimiento económico. No se trata de temas nuevos, sino más bien, de viejas polémicas que se retoman en un recurrente debate donde la novedad, a nuestro entender, no es muy abundante, aunque sabemos que son muchos lo que se esmeran en querer demostrar la obsolescencia de los añejos paradigmas teóricos ante el empuje de la modernidad.

La cuestión no es de purismo académico, va mucho más allá, el llamado a abandonar por inútiles “viejas” teorías, luchas, demandas y políticas, y a ocuparse de la modernidad ante el peligro de perder el carro de la globalización, es todo un programa de economía y de política, y una propuesta de estrategia evolutiva que se ofrece a países subdesarrollados bajo el aliciente de su posible transformación de economías estancadas y pobres en economías emergentes.

La modernidad como “nuevo” paradigma, en cualquiera de sus variantes, otorga a la tecnología la clave de la distinción histórica y evolutiva de la sociedad, para esta teoría de aplicación global, los problemas socioeconómicos y las diferencias estructurales, tanto en el ámbito local como internacional, o bien se desconocen, o bien, se relegan a un segundo plano.

Desde esta perspectiva, el acceso a los eslabones de los circuitos tecnológicos modernos es en sí mismo la garantía del desarrollo, y el criterio prioritario que un país, región o localidad, debe seguir en su inserción internacional competitiva, y en el diseño de su estrategia de inversión, crecimiento y desarrollo.

La realidad, sin embargo, es mucho más compleja, la innovación tecnológica y su difusión, en el mundo globalizado de hoy, transcurre, mayoritariamente, insertada y en obediencia a estructuras transnacionales integradas (productivas, comerciales, financieras y tecnológicas), que lejos de garantizar, condicionan las políticas de crecimiento y desarrollo de cualquier país, región o localidad.

Además, la experiencia enseña, que la existencia de un engarce en una cadena trasnacional competitiva, aun dando por hecho que fuera favorable al desenvolvimiento de un sector productivo o de servicio en el corto plazo, no necesariamente tendría un efecto beneficioso en términos de desarrollo de largo plazo, ni tampoco en términos de desarrollo económico integrado; de hecho, el denominado “crecimiento empobrecedor” constituye siempre un peligro latente de la inserción internacional.

Las formas competitivas de inserción, por otro lado, no refieren como un todo a la economía de un país dado, sino sólo a sectores económicos determinados y localidades territoriales específicas. En tales condiciones el derrame del crecimiento no puede asumirse como un supuesto, sino sus mecanismos y condicionamientos deben también estar bajo escrutinio.

En lo que continúa se prestará atención, entonces, a tres cuestiones que creemos principales para el nexo economía mundial - economía nacional: competencia global, inserción en cadenas globales, y derrames del crecimiento, en las condiciones de la globalización. En tal sentido, el trabajo que presentamos tiene por objetivo, únicamente, plasmar algunas ideas preliminares referidas a peculiaridades de las relaciones económicas internacionales y de la economía mundial en el presente, y a la influencia que ellas guardan para las perspectivas de crecimiento y desarrollo de un país subdesarrollado.

Globalización e inserción internacional

Sin pretender una definición rigurosa de un fenómeno tan vasto y complejo como la globalización, a los efectos de este trabajo la globalización será entendida como una forma de estructuración internacional de la producción, los servicios y el comercio sustentada en el funcionamiento de las redes transnacionales. Obviamente se trata de una forma necesaria al desarrollo de las redes transnacionales y en este sentido refleja y abarca, no sólo, la preeminencia del capital transnacional en la producción y los servicios en el ámbito mundial, sino también significa una reestructuración de los mecanismos y canales que conforman las relaciones económicas internacionales, comercio y finanzas internacionales a tenor de las necesidades y funcionalidad de las redes transnacionales.

El poder de las transnacionales no es para nadie tema de discusión, pero citaremos algunos datos ofrecidos por la UNCTAD[1]: Se calculan unas 63 mil empresas transnacionales matrices en el mundo con redes que insertan a unas 690 mil filiales extranjeras presentes en todos los países de la tierra, de ellas unas 100 transnacionales no financieras son el motor principal de la producción internacional. Las ventas de las filiales extranjeras en todo el mundo, 14 billones de dólares en 1999, son el doble de las exportaciones mundiales, y el producto bruto asociado a ellas constituye más de la décima parte del PIB mundial, si a esto se le suma la producción “nacional”de las matrices, la participación de este tipo de redes pudiera superar con creces el 70% del PIB internacional.

Aunque no existe consenso en torno al peso del comercio intra firma en el comercio internacional, su valor es al menos del 40%, lo cual obliga a una reinterpretación de la significación real del libre comercio y sus perspectivas, y algo todavía más drástico ocurre con respecto a los flujos financieros internacionales, cuya intermediación, tanto en lo referente a préstamos como inversión, es en más del 80% privada.

Ello significa entonces que todos los países, regiones y territorios están bajo el influjo de la globalización, o lo que es lo mismo, que la inserción internacional de un país, región o territorio en la economía mundial es de facto una relación cualitativa con el capital transnacional.

En un contexto como el señalado, los nexos inserción, crecimiento y desarrollo se torna sumamente problemáticos, y de hecho condicionan la viabilidad de cualquier política de desarrollo.
La estrategia de inserción que diseñe un país no puede obviar el comportamiento de las redes fundamentales transnacionales en el área que le atañe, lo cual obliga a estudios sectoriales muy rigurosos. Es un hecho, que en el actual contexto, la inserción competitiva, más que referirse a países, se refiere a sectores y territorios.

Por ejemplo, para el caso de América Latina y Caribe, estudios de CEPAL[2] que refieren las principales estrategias de las empresas transnacionales para el área, definen tres objetivos básicos: a)Búsqueda de materias primas, b)búsqueda de acceso al mercado nacional o subregional, c)búsqueda de eficiencia interna de la cadena; que se diseminan en tres sectores: sector primario, sector de manufacturas y sector de servicios.

Tres países, Venezuela, Colombia y Argentina se incluyen en el primero de los objetivos señalados, en lo referido a petróleo y gas, y lo mismo ocurre para Chile, Argentina y Perú respecto a minerales.
Mercosur es un mercado de interés para ventas de transnacionales ubicadas en el sector automotor; Brasil en lo referido a productos químicos; en productos alimenticios, bebidas y tabaco, Argentina, Brasil y México son mercados de amplio consumo. Todos estos casos, como se observa responden al objetivo transnacional de búsq

El lograr acceso a mercados de relativa importancia también es un objetivo que se extiende al sector de servicios, para el caso de América Latina, en efecto, en el área financiera, Brasil, México, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia y Perú son mercados de interés para la intermediación privada, y para la rama de telecomunicaciones, Brasil, Argentina, Chile y Perú son mercados atrayentes; para las actividades de comercio minorista evalúa Brasil, Argentina, México y Chile como mercados de importancia; en energía eléctrica lo hacen Colombia, Brasil Chile, Argentina y América Central, y en distribución de gas, Argentina, Chile y Colombia.

Por último, el objetivo de búsqueda de eficiencia interna de la transnacional (esto es en esencia disminución de costos en factor trabajo, actividades de maquilas y plataformas de exportación), los sectores y casos son relativamente pocos en América Latina y Caribe: Para automotriz, México; para electrónica, México y la Cuenca del Caribe, y en confecciones también México y la Cuenca del Caribe. La relativa escasez de sectores y casos en este objetivo transnacional para la zona de América Latina y Caribe refleja además de la existencia de competidores mucho más “eficientes” en otras áreas del mundo, peculiaridades estructurales sociales y económicas de los países latinoamericanos y caribeños, y tradiciones históricas que no es posible desconocer.

Pero en las últimas décadas, ha sido la búsqueda de eficiencia interna transnacional el objetivo fundamental de las redes globales en el mundo subdesarrollado y en mercados emergentes, lo cual ha determinado la existencia de una peculiar estructura en los flujos de inversión. Comparando la estructura del flujo de inversión directa hacia el área subdesarrollada y de Europa del Este, en tres momentos de la última década, 1990, 1995 y 2000, se observa lo siguiente: en 1990, América Latina y Caribe absorbía el 28% del flujo financiero señalado, mientras que la región de Asía Pacífico, el 49%. En 1995, la distribución del flujo para ambas regiones fue del 30% y 52% y en el año 2000 del 33% para América Latina y Caribe y del 55% para la región de Asía y Pacífico.
La participación de un solo país, China, en el flujo de inversión directa hacia países subdesarrollados y del este europeo en los tres años que tomamos en la muestra, fue del 10%, 33% y 28% respectivamente, comparable, como se observa, con el total de flujo recibido por toda el área latinoamericana y caribeña[3].

Adaptar las estrategias de inserción internacional a los objetivos de las cadenas transnacionales puede, sin dudas, ofrecer saldos favorables en la correlación competitiva, y puede también elevar los indicadores de crecimiento. En efecto, según señalan algunos de los estudiosos del tema[4], las plataformas de exportación de las empresas transnacionales representan en la actualidad más de la mitad de los ingresos por exportaciones de manufacturas de países como Irlanda, Filipina, China, Costa Rica, México, Malasia y República Checa, y las estadísticas muestra para estos países, indicadores de crecimiento relativamente favorables, según su entorno geográfico, por lo cual figuran como mercados emergentes.

Es cierto que la globalización define como inserción competitiva en la actualidad, una relación cualitativa con el capital transnacional, pero como la evolución histórica de las economías del mundo subdesarrollado demuestra, no toda inserción y crecimiento es un eslabón que conduce al desarrollo. Este ha sido un tema ampliamente abordado por la teoría económica[5], pero sigue siendo temática de debate.

El reto de dilucidar las bases de una estrategia para países subdesarrollados que pueda en el contexto de la globalización asegurar una inserción y crecimiento coherente con un espiral de desarrollo, o al menos con una mejoría y elevación cualitativa del crecimiento, ha llevado a profundizar en los estudios de las redes globales, de las cadenas de valor y de sus procesos de upgrading.

La inserción competitiva y la teoría de las Cadenas de Valor

La teoría “Cadenas de Valor”[6] estudia las redes globales como formas organizacionales competitivas, como mecanismo generador y distributivo de valor, como formas de control jerárquico de la actividad económica, y como espiral de upgrading, por lo cual su análisis abarca la dinámica de los vínculos intra e inter sectorial y las formas y mecanismos en que firmas y países se integran a la competencia global. Son muy relevantes los aportes de Gereffi[7], en el estudio de las cadenas de valor, él trata el tema bajo la categoría de “Global Commodity Chains” y dirige su indagación a las relaciones de poder y a la coordinación interna global de la cadena, dispersa espacialmente, pero jerárquicamente estructurada como plataforma básica de la dinámica del sistema de producción capitalista en el ámbito global.

En lo referido a las cadenas de valor como formas organizacionales competitivas, dos cuestiones pensamos que es importante tener muy en cuenta para los temas que venimos tratando, estas son: los criterios sobre competitividad sistémica de la cadena, y la función que en ella tiene la competencia central de cada eslabón.
En las condiciones de dispersión espacial de los diversos eslabones de la cadena de valor, profundización de la división del trabajo y especialización por actividades, la eficiencia de la producción, como proceso, es sólo un componente de la competitividad sistémica. En efecto, las cuestiones referidas a la organización de a actividad económica como un todo, la dinámica de circulación y realización del producto y la complejidad, diversidad y dinámica de la demanda en las condiciones competitivas globales, obligan a la evaluación y diseños de estrategias competitivas sobre la base de costos globales, y convierten, entonces, la eficiencia en un criterio sistémico[8].

La competencia sistémica condiciona la participación y función de todos los eslabones de la cadena y asume de cada uno de ellos una actividad especializada, propiamente productiva o no, que define su competencia central “core competence”. El supuesto es, en tal sentido, que la empresa (eslabón de la cadena), debe sólo concentrarse en actividades específicas para las cuales posee recursos o habilidades relativamente escasos, sean estas de índole productiva (fuerza de trabajo especializada, fuerza de trabajo barata, acceso a las fuentes de materia prima, etc.), o de servicios (diseño tecnológico, conocimiento del mercado, intermediación financiera, etc.)

En las condiciones de la competencia global, una de las actividades de la cadena más sofisticada y por lo mismo más “valorada” es el nexo directo con el mercado. Es mediante éstas actividades que se concreta uno de los mecanismos más relevantes de ejercicio del poder de monopolio, o sea el control relativo de los mercados, y que se torno sumamente complejo en las condiciones de la competencia global.

Los mecanismos de control de mercado son diversos, tres de los más importantes en el presente son: a)capacidad relativa de control de precios, b) control de los “outsiders” (que incluye entre otros aspectos la producción bajo contrato, contratación de “outsource”, y concesión de marca.), y c)comercio intra firma. La teoría de la cadena de valor, presta especial atención a las actividades y eslabones de la cadena especializados en estas funciones, sumamente sofisticadas y que permiten la vinculación funcional y el control de la actividad económica de diversas firmas, (no necesariamente bajo propiedad legal de la cadena), y de los mercados globales de factores, productos y servicios.

En las condiciones actuales de competencia global el control de los mercados constituye una de las fortalezas esenciales de las cadenas globales. Las firmas y países que pretendan la inserción competitiva internacional, están “obligados”, a asumir las condicionantes que impone la competencia sistémica de las cadenas globales, y a encontrar los orificios de los mercados sólo por las rutas que concede la red global; las excepciones han existido, pero han sido escasas y temporales. Por otro lado, en el ámbito de la competencia global los criterios competitivos se condicionan a las necesidades de las cadenas de valor, por ejemplo, la eficiencia de la producción de un “outsider” o la calidad o peculiaridad de su actividad, sólo se concreta en una ventaja competitiva que le permita una inserción en los mercados globales, si se aviene la competencia sistémica de una cadena de valor determinada y si se constituye para ésta en un criterio de competencia central. Y lo mismo es válido para las empresas generadoras de innovación tecnológica, y las envueltas en las actividades de “producción del conocimiento”.

La cadena global desde la perspectiva de un mecanismo generador y distributivo de valor presenta también aspectos de gran importancia, en este sentido el análisis de cadenas de valor presta atención a los mecanismos de distribución de los beneficios de aquellos que participan en la economía global, lo cual, obviamente, es un factor relevante para el diseño de políticas de inserción. El problema es este sentido, como destaca Kaplinsky[9], para países envueltos en el diseño efectivo de tales políticas es: ¿Cómo lograr la inserción sectorial en eslabones de la cadena de mayor “rentabilidad”, o sea, de más elevada absorción de valor?.

Es evidente que la relación competencia sistémica competencia central, se torna un mecanismo integrado y distintivo para cada cadena, lo cual convierte la inserción internacional de un “país” en “la economía mundial”, en un proceso sumamente discrecional y particular.

Una primera consecuencia que se extrae de lo señalado es la necesidad de precisar el engarce de inserción. En las condiciones de la competencia global la inserción internacional es en primer lugar una problemática sectorial y empresarial. Para poder hacer frente a ello el diseño de políticas de inserción efectivos debe necesariamente sustentarse en estudios rigurosos que aborden de manera integrada el análisis de la dinámica de crecimiento por áreas y sectores, y el comportamiento y estrategias de cadenas globales según mercados específicos de productos o servicios.
Ciertamente existen oportunidades competitivas en el mercado global, dada la tendencia a la especialización de actividades a que conduce la competencia sistémica, pero se trata de un proceso sumamente complejo y plagado de incertidumbres. Por ejemplo, en enero de 1990 la manufactura dominicana de Jean de la zona exportadora poseía como competencia central la costura de material de importación diseñado y cortado de firmas ubicadas en Estados Unidos. La firma local dominicana que trabajaba bajo contrato, mantenía para ese entonces, un nivel de producción de 9 mil piezas semanales e ingresaba 2.18 dólares por piezas. En la medida que los países vecinos competidores, por problemas macroeconómicos y competitivos se vieron obligados a llevar adelante procesos de devaluación monetaria (lo cual significó un abaratamiento relativo del coste de la fuerza de trabajo), la firma dominicana quedó compulsada a la disminución de su participación en los ingresos, que pasó a ser en octubre del propio año 2.05 dólares con una producción de 5 mil piezas semanales, y en diciembre del mismo año 1.87 dólares con sólo 3 mil piezas semanales. Esto no fue suficiente, y en febrero de 1991, la transnacional rescindió el contrato[10].

Ejemplos similares al señalado abundan, y aparecen cotidianamente en la competencia global, ningún sector es inmune a los efectos perniciosos de un engarce externo inadecuado, lo cual demuestra la necesidad de asumir de manera rigurosa e integral los estudios de las estrategias de inserción[11].

La minimización de la vulnerabilidad de la inserción constituye uno de los aspectos más importantes de una estrategia de inserción vinculada a un crecimiento sostenido, en tal sentido la diversificación sectorial en cadenas globales y la búsqueda de competencias centrales en actividades de la cadena de mayor receptividad de valor serían, evidentemente, las vías más adecuadas para lograrlo, pero no es posible desconocer que los eslabones de mayor rentabilidad en la cadena son altamente protegidos a la competencia y por lo mismo de muy difícil acceso. Una preeminencia absoluta de tal objetivo en la política de inserción que diseñe un país podría carecer de asideros realistas, y resultar en pérdidas de oportunidades en la competencia global.

Como ya se señaló, en la perspectiva de creación y distribución de valor, los eslabones de las cadenas son receptores de renta distribuida acorde a la competencia central aportada.

Tales rentas diferenciales son un resultado de la existencia de recursos escasos y de barreras de entrada a la competencia. Pueden ser de muy diversos tipos: productivas, sociales, naturales, cognoscitivas, etc., y pueden tener un carácter endógeno (originadas por los nexos cualitativos de la cadena, por ejemplo vínculos tradicionales entre suministradores y clientes), o un carácter exógeno, producto de externalidades beneficiosas a la cadena global, como costo de la mano de obra o disponibilidad de acceso a recursos escasos.

Por ejemplo, la experiencia y conocimiento de una actividad dada, y la presencia tradicional en mercados, como es el caso de la producción azucarera cubana, constituye un recurso que se considera escaso y que por lo mismo es generador de renta diferencial.

Es un hecho que en las duras condiciones de la competencia global, ninguna estrategia de inserción competitiva que diseñe un país puede subestimar las ventajas escasas y discrecionales con que pudiera contar.

Las cadenas globales son además formas organizacionales dinámicas en su competencia sistémica, lo cual abarca una dinámica y de la estructuración interna de la cadena que se expresa en el surgimiento de nuevos eslabones, aparición y erosión de barreras competitivas y competencias centrales, y desplazamiento de las actividades y funciones de los diversos eslabones al interior de la cadena, etc. Se trata de un proceso sumamente complejo y discrecional que en determinadas condicione propicia mejorías competitivas a firmas y países y que se conoce en la literatura como proceso de upgrading.

En general se señalan cuatro formas de upgrading[12]: a) Mejoramientos en el proceso (se refiere a una elevación de la eficiencia y la eficacia de la actividad económica de la cadena, bien como resultado de la dinámica interna de una firma o eslabón de la cadena, o como resultado de una sinergia de la red); b) mejoramiento en el producto; c) cambio en la función y actividad de las firmas al interior la cadena (supone la ampliación de la cadena con nuevos eslabones que asumen las actividades que antes desempeñaban las firmas que elevan su posición); d) movimiento de la cadena como un todo a otra actividad y mercado.

En las condiciones de la competencia global las estrategias de inserción de un territorio quedan en gran medida condicionadas a los procesos de upgrading, por lo cual las perspectivas de crecimiento sostenido de la economía de un país dado, muy a menudo también quedan condicionadas a los procesos de upgrading.
En efecto, en la actualidad la inserción internacional y la mejoría competitiva de un país en los mercados internacionales dependen de la inserción sectorial que este logre en cadenas globales específicas, y este proceso como ya dijimos depende estrechamente de la dinámica de la red global, o sea del proceso de upgrading que pueda discurrir al interior de la cadena.
Los ejemplos más señalados de crecimiento sostenido vinculados a procesos de upgrading lo constituyen los mercados emergentes asiáticos, los conocidos Nics, de primera y segunda generación[13]. Repetir la experiencia de los países emergentes se ha convertido en la propuesta de una gran parte de la academia y del Banco Mundial[14], lo cual ha despertado esperanzas, muchas veces infundadas.

Lograr que la inversión extranjera se constituya en el factor dinamizador del desarrollo puede ser, sin dudas, un objetivo apetecible para muchos países subdesarrollados, pero es una quimera, como la experiencia muestra, en la inmensa mayoría de los casos. Lo cual, obviamente, no refuta el hecho cierto que la inserción internacional competitiva de un país en la economía global, sea un factor condicionante del crecimiento y del desarrollo, al que debe prestar atención cualquier diseño de política.

De todas formas, aun suponiendo una inserción sectorial virtuosa en una cadena competitiva, y un proceso de upgrading favorable, los resultados no necesariamente deben ser relevantes en lo referido al desarrollo económico del país. Tres aspectos en tal sentido se deben tener en cuenta: en primer lugar, cuánto significa para la economía nacional de un país en términos relativos del producto, la actividad del sector o sectores de un país dado, que han logrado su inserción en la red global; en segundo lugar, cuál es la capacidad de arrastre de dichos sectores insertados en cadenas globales competitivas, con relación al resto de las ramas y sectores acorde a la estructura económica del país en cuestión, y en tercer lugar, cuáles son los mecanismos y canales de expansión de los ingresos provenientes del sector o sectores favorecidos por la inserción competitiva hacia el resto de la economía.

En los diseños de estrategias de políticas de inserción vinculadas al desarrollo, es frecuente encontrar propuestas que toman en cuenta los dos primeros aspectos de los tres que señalamos. Por ejemplo, un reconocido especialista de la materia, escribe que una política de inserción efectiva debe tener en cuenta los siguientes aspectos fundamentales: a) Estar en correspondencia con las estrategias de negocios individuales de las empresas transnacionales, b) definir las prioridades nacionales del país anfitrión en el contexto de sus ventajas especiales, c) lograr un diseño de política de atracción a la inversión directa extranjera basada en la identificación y atracción de las empresas transnacionales cuyas estrategias coincidan con las prioridades nacionales, e) lograr establecer mecanismos válidos de evaluación y constatación de los efectos reales de la inversión extranjera según los resultados esperados[15].

En nuestra opinión, un diseño de política de inserción en procura de servir a un proceso de desarrollo además de los aspectos anteriormente señalados debe también ocuparse de los mecanismos y canales de expansión de los ingresos provenientes del sector o sectores favorecidos por la inserción competitiva hacia el resto de la economía y hacía los espacios territoriales.
No se puede pasar por alto que la inserción en cadenas globales vincula a sectores específicos y territorios delimitados, incluso cuando el objetivo de la estrategia de la cadena global sea un factor abundante y extendido en el país receptor, como es el caso, por ejemplo, de cadenas globales que buscan elevar su eficiencia interna por reducción de costos en el factor trabajo.

Los casos de algunos países emergentes de segunda generación, son en tal sentido paradigmáticos, por ejemplo, más del 60% de la manufactura de exportación de Vietnam se concentra en las provincias del sur, Ho Chi Minh y Dong Nai[16], y en el caso China, más del 40% de tales exportaciones se originan en una sola región, Guandong[17].

Lo anterior significa que el proceso de inserción y upgrading no beneficia directamente a territorios y poblaciones donde los sectores que se han integrado a las cadenas globales no tienen presencia estimable, por lo que su acceso a tales beneficios depende, o bien de políticas públicas distributivas, o de una relación de intercambio favorable a los territorios excluidos. En cualquiera de los dos casos es evidente que el derrame de los beneficios implicaría la existencia de nexos económicos territoriales apropiados. En otras palabras, en las condiciones de competencia global una política de desarrollo nacional presupone, necesariamente, una política de desarrollo local eficaz.

Competencia global y desarrollo local

Se puede definir el desarrollo económico local como un proceso de crecimiento y cambio estructural que mediante la utilización del potencial de desarrollo existente en el territorio conduce a la mejora del bienestar de la población de una localidad o una región[18].

La literatura que trata del desarrollo local, se ha centrado mayormente en dilucidar las formas de aprovechar el potencial de desarrollo de una región o territorio con vistas a lograr engarces en la competencia global, dando por hecho que tal potencial siempre existe.

En tal sentido, los teóricos del desarrollo local sostienen: “(...)las localidades y territorios tienen un conjunto de recursos (económicos, humanos, institucionales y culturales) y de economías de escala no explotadas, que constituyen su potencial de desarrollo. Cada localidad o territorio se caracteriza, por ejemplo, por una determinada estructura productiva, un mercado de trabajo, un sistema productivo, una capacidad empresarial y conocimiento tecnológico, una dotación de recursos naturales e infraestructuras, un sistema social y político, una tradición y cultura, sobre los que se articulan los procesos de crecimiento económico local. En un momento histórico concreto, una ciudad, comarca o región, por iniciativa propia puede emprender nuevos proyectos que le permitirán iniciar (o continuar por) la senda del desarrollo competitivo. En las economías de mercado, la condición necesaria para que aumente el bienestar local es que exista un sistema productivo capaz de generar economías de escala mediante la utilización de los recursos disponibles y la introducción de innovaciones.”[19]

En realidad, la competencia central de una localidad pudiera constituirse a partir de la organización sistémica de redes de empresas locales, pero ello es una posibilidad incierta y discrecional, no siempre factible, y que no sólo depende de las políticas y estrategias locales, sino también de las estrategias y características de las cadenas globales que puedan extenderse y actuar en dicha localidad.

No obstante ello, creemos que la búsqueda de competencias centrales debe ser asumida como un proceso activo y dinámico. Efectivamente, en las condiciones de la competencia global la generación de economías de escala, la reducción de costes de transacción y la generación de una dinámica de mercado, pueden generar incentivos de inserción en cadenas globales que sigan decursos de “upgrading en proceso”, que sean congruentes y beneficiosos para el crecimiento económico y el desarrollo de la localidad receptora.
Es más, aun si la capacidad de una localidad de vincularse a una cadena global fuera escasa, ella no niega la validez y la necesidad de asumir políticas de desarrollo local sustentadas en la utilización más eficientes de los recursos disponibles y la introducción de innovaciones eficaces, en efecto, como ya se señaló, una de las formas posibles de acceder al derrame de los ingresos, es mediante una relación de intercambio beneficios con los sectores y regiones insertados en las cadenas globales, lo cual depende, en parte, de poder implementar políticas de desarrollo local eficaces.

Desde la perspectiva local, también se señala como factible, propiciar el surgimiento de competencias centrales sustentadas en disminución de costos laborales. Se sostiene, por ejemplo, que las formas de organización social y el sistema de valores locales puede coadyuvar a flexibilizar los mercados de trabajo lo cual permitiría a las empresas locales trabajar con bajos costes de producción y, en particular, con salarios, relativamente, bajos[20], lo cual estimularía la formación de nexos peculiares con cadenas globales en busca de eficiencia interna.

El estímulo de competencias centrales basadas en mano de obra barata es un tema sumamente controvertido, es una política antagónica al desarrollo cuando genera o reproduce un crecimiento empobrecedor, y es, abiertamente, una política de sobre explotación cuando se extiende sobre poblaciones que viven en los limites o por debajo de los umbrales de pobreza. Sin embargo, en el presente, constituye uno de los objetivos prioritarios de la inversión directa que se ubica en economías emergentes, por lo que su uso o rechazo en el diseño de políticas de inserción y crecimiento requiere de estudios integrales específicos y rigurosos.
Desde nuestro concepto, la problemática del desarrollo local no sólo puede ser asumida, como una teoría para la reestructuración de la economía local con vistas a lograr un engarce en la competencia global de territorios con potencialidades, también es importante plantearse la relación inversa, que, por demás, es la más frecuente, o sea: ¿cómo propiciar el desarrollo en localidades que no logran insertarse en la competencia global?. En esta materia, sin embargo, los avances de las teorías que abordan el desarrollo local son, prácticamente, inexistente.

Se trata de una problemática donde las características políticas y económicas diferentes de los diversos países son esenciales, lo que en cierta medida conspira contra la factibilidad de generalizaciones teóricas. Sin embargo, no se puede perder de vista la importancia que la cuestión tiene, dada las limitaciones cualitativas y cuantitativas de la inversión directa externa, y de la inserción internacional competitiva en general.

Es cierto que los flujos de inversión directa dirigidos al mundo subdesarrollado en las últimas décadas hay tenido un crecimiento acelerado. Tomadas por decenios desde 1970 hasta el 2000, las tasas promedios de crecimiento anual del flujo inversionista externo han sido de 11.9%, 16.2% y 20.5%, superiores a las del flujo dirigido al mundo desarrollado (16.8%, 13.5%, 19.8%), e incluso superiores del flujo total mundial, 15.9%, 14.0%, 20.2%[21]. Pero también lo es que tales flujos han tenido un muy alto nivel de concentración. En efecto, sólo 14 países absorbieron en el año 2000 el 78.4% del total de flujo de inversión externa dirigido al mundo subdesarrollado y a Europa del Este (Brasil, Argentina, China, Hong Kong, India, Malasia, México, Filipina, Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Tailandia, Turquía y Polonia[22]).

El flujo de inversión directa ubicado en el mundo subdesarrollado se ha concentrado también a escala sectorial, en el año 2000, el 77.5% de este flujo se dirigió a los 12 países subdesarrollados clasificados como “Exportadores principales de manufacturas”, se trata de países cuya característica es poseer una participación de al menos un 50% de manufacturas en la estructura de sus exportaciones totales, y mantener un promedio de exportación de este rubro superior a 20 mil millones de dólares anuales[23]. Fueron en realidad estas naciones las que sostuvieron el crecimiento del flujo inversionista externo de las últimas décadas hacia el tercer mundo. Tomadas igual, por decenios, para el período 1970 - 2000, las tasas promedios anuales de la inversión dirigida a estos países fueron: 19.8%, 13.4% y 21.9%[24] respectivamente, como se observa muy similares a las que caracterizó el flujo dirigido al mundo subdesarrollado en general.

Para la mayoría de los países subdesarrollados el acceso a los flujos de inversión directa es muy limitado, como demuestran los datos anteriores, lo cual es un hecho que debe ser adecuadamente evaluado en los diseños de estrategias de desarrollo nacional y local.
Como se ha tratado de fundamentar, en las condiciones de la globalización, los vínculos y nexos de la inserción internacional competitiva, del crecimiento económico y del derrame del crecimiento son sumamente particulares a cada economía, país y localidad. Teniendo esto en cuenta quisiéramos expresar algunas ideas preliminares referidas a la estrategia de inserción y desarrollo de la economía cubana.

Consideraciones en torno a la estrategia de inserción y desarrollo de la economía cubana.

En el caso de la economía cubana, en nuestra opinión, se requiere de una reevaluación más profunda de las políticas sectoriales. Es necesario continuar avanzando en lo referido a las posibilidades reales de inserción competitiva sectorial, teniendo en cuenta las peculiaridades y estrategias de las cadenas globales diversas para cada área de que se trate. Los retos que impone a la inserción competitiva la competencia global, son muy escabrosos, por lo cual, en nuestra opinión, sería necesario no desestimar desde sus inicios ninguna competencia central con que pueda contar el país y acometer una política de inserción multisectorial diferenciada.

Por ejemplo, un sector donde, sin dudas, Cuba pudiera obtener ventajas competitivas dinámicas, lo es la agroindustria azucarera, y sobre todo en lo concerniente a producción de azúcar. Pensamos que más que prestar atención a pronósticos de precios muy variables, y a supuestos muy discutibles sobre el futuro del dulce, los asuntos referidos a la eficiencia sistémica de la actividad del sector, y a la estimulación de la fuerza laboral pudieran asegurar una presencia mayor del producto en los mercados internacionales y un mayor nivel de ingresos netos al país, Cuba posee ventajas competitivas (competencia central) en la actividad, que deben ser aprovechadas en su plena capacidad[25].

Otro sector donde la política sectorial de inserción quizás requiera de mayor precisión es el de alta tecnología, y diseño de productos informáticos, en éste el comercio intra firma es muy relevante, y las barreras de entrada sumamente altas, por lo que las cuestiones referidas a las estrategias y peculiaridades de las cadenas globales no pueden pasarse por alto. Las perspectivas de penetración de mercados en estos sectores dependen en alto grado de la relación específica que se asuma con las cadenas globales concretas, por lo que cuestiones tales como: calidad del producto, capacidad de innovación, nivel de costos, etc., aunque importantes, no determinan por sí solas.
Lo anterior, por supuesto, no supone, la renuncia a llevar adelante una política de avanzada científico técnica, al contrario, una política tal es uno de los requisitos imprescindible de un proceso integral de desarrollo, pero, como es obvio, los objetivos y balances de una política científico técnica efectiva al desarrollo sobrepasan en mucho el criterio de inserción externa, que por lo mismo, no es el criterio único que la determina[26].

Dos ejemplos últimos, con relación a las perspectivas sectoriales para el caso de la economía cubana son: sector turismo y sector minero, en ambos se han obtenidos éxitos importantes por lo que pensamos sería conveniente analizar políticas y perspectivas de upgrading. Como ya se señaló, las perspectivas de upgrading guardan una elevada dependencia respecto a las estrategias de las cadenas globales, encontrar los resquicios competitivos del mercado requiere de estudios sumamente rigurosos y objetivos. En el ámbito de la competencia global las condiciones de mercado cambian con relativa rapidez, por lo que políticas extensivas de crecimiento pudieran resultar contraproducentes en la relación costo beneficio.

Ahora bien, como ya se explicó, la inserción competitiva guarda límites que no dependen únicamente, de políticas internas, las cuestiones referidas a estrategias concretas de las cadenas globales son también definitorias. Ello plantea entonces a la economía cubana la necesidad de sustentar su estrategia de desarrollo en pilares múltiples y diversos, entre los cuales la inserción competitiva es, sin dudas, uno principal, pero no el único determinante. Lo señalado tiene relevancia en dos sentidos: los objetivos de la política inversionista en el mediano plazo; la evolución y perspectiva del mercado interno.

La estrategia inversionista de la economía cubana a lo largo de la década de los noventa ha estado fuertemente vinculada a la estrategia de inserción externa, de forma tal de poder asegurar los ingresos externos necesarios al país. Sería, importante, pensamos, reanalizar en el presente tal estrategia, teniendo en cuenta el conjunto de los aspectos anteriormente señalados. En efecto, por un lado, se impone la necesidad de alcanzar una mayor precisión en la definición de los objetivos y en las políticas de inversión en sectores con capacidad de inserción, de manera diferenciada y teniendo en cuenta perspectivas reales de upgrading. Por el otro, creemos, que también se impone una reevaluación de la política de sustitución de importaciones para un conjunto sectores (producción de alimentos, por ejemplo), con vistas a lograr una mayor coherencia y eficacia inversionista en correspondencia con una perspectiva viable e integral de desarrollo.

Políticas inversionistas generales vinculadas a supuestos de la modernización, como son: el fomento del capital humano como garantía de una inserción virtuosa, o la preeminencia del crecimiento externo; podrían no brindar los resultados esperados.

Como ya se señaló, la inserción internacional de una economía al concretarse como inserción sectorial en las condiciones de la globalización, mantiene el capítulo inconcluso de la estrategia de desarrollo para los sectores y territorios que no logran su vinculación directa en cadenas globales o que lo hacen de manera muy parcial. Este es un problema que no puede abordarse fuera de la institucionalidad política del país, y del nivel de desarrollo económico de que se parta.
Con relación a la problemática anterior, creemos que para el caso de la económica socialista cubana, se impone la necesidad de una reevaluación de los vínculos centralización descentralización, de las fuentes internas de ahorro e inversión, y sobre todo, de las potencialidades de los modelos de cooperativización agrícola, industrial y de servicios; aspectos todos que podrían formar parte de los diseños de las estrategias locales de desarrollo, acordes a las características diferenciadas de los distintos espacios territoriales.

El paradigma de la tecnología (modernización), como ya se señaló, no es capaz de sobreseer las problemáticas referidas a la conformación de los enramados económicos internos y de sus nexos sociales y territoriales, lo cual continúa siendo un problema esencial de la economía socialista cubana al que debe dar respuesta una estrategia integral de desarrollo. Esto, sin embargo, no desconoce, la necesidad, también, de procurar engarces más o menos significativos en la competencia global, como parte de los objetivos de las estrategias diferenciadas de desarrollo territorial.
En las condiciones de la globalización, la inserción externa no es garantía de crecimiento, los procesos de upgrading tampoco lo son, los canales de derrame del ingreso son muy diferenciados y para muchos sectores y espacios territoriales quedan, en realidad, prácticamente obstruidos; todo lo cual provoca que el acceso al desarrollo, asumido de manera integral, se torne un proceso muy escabroso e incierto. En condiciones como las señaladas, es evidente que los diseños de estrategias efectivas para el desarrollo son procesos sumamente complejos, y que deben abordarse sobre bases científicas rigurosas y objetivas. Su elaboración es, a nuestro entender, un gran reto que todavía hoy enfrenta la economía y la sociedad cubana.

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[2] Michael Mortimore, Nuevas opciones para atraer inversiones extranjera directa, Notas de la CEPAL, mayo 2003.
[3] UNTAD, World Investment Report, Naciones Unidas, USA, 2001.
[4] Michael Mortimore, Nuevas opciones para atraer inversiones extranjera directa, Notas de la CEPAL, mayo 2003.
[5] Samir Amin, La acumulación a escala mundial, crítica de la teoría del subdesarrollo, Ed. Siglo XXI, Méxio, 1979.
[6] Kaplinsky, R. and Morris, A Handbook for Value Chain Research, IDRC, 2000.
[7] Gereffi, G. and M Korzeniewicz, Commodity Chains and Global Capitalism, London: Praeger, 1994.
[8] Kaplinsky, R. and Morris, Op. cit.
[9] Ibid.
[10] Ibid.
[11] Peña, L., La agroindustria tabacalera cubana en la década del noventa y su inserción internacional, La economía cubana en el 2001, CEEC, Universidad de la Habana, 2001.
[12] Kaplinsky, R. and Morris, Op. cit.
[13] Gereffi, G., Global production systems and third world development, Global Change, Regional Response: The new International Context of Development, N.Y. Cambridge University Press, 1995.
[14] Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo mundial 1996, Washington, 1996.
[15] Mortimore M. Op. cit.
[16] Peña L y P. Monreal, Cabalgando en el Lomo del Tigre: Reforma económica e inserción de Viet Nam en los noventa, Pub. CIEI, 2000.
[17] Diaz, J. Monografía La Economía China en el presente. Pub. CIEI, 2000.
[18] Vazquez A., Desarrollo económico local y descentralización: una aproximación, LC/R 1964, CEPAL, 2000.
[19] Ibid.
[20] Ibid.
[21] UNCTAD, Handbook of Statistics, Naciones Unidas, 2001.
[22] Ibid.
[23] Ibid
[24] Ibid.
[25] Alvarez J., y L. Peña, Cuba´s Sugar Industry, University Press of Florida, USA, 2001.
[26] Espina, M., L. Álvarez, I. Clark, R. Franco, S. Pastrana, Ciencia y cultura: comprensión de la complejidad, Rev. Temas No. 32, C. Habana, Cuba, p.81.