La enseñanza en la Universidad de La Habana según los requisitos de la contemporaneidad

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RESUMEN

El presente artículo tiene como objetivo la provocación de cuestionamientos e ideas sobre nuestra docencia, con miras al debate entre los profesores del centro. Se inicia con preguntas que nos hacemos con frecuencia sobre la manera de organizar las clases. 

Hablamos en el artículo acerca de: los indicadores del aprendizaje en relación con los  objetivos y la evaluación. También de la clase y de algunas pistas -no pautas- para su diseño y realización, que aparecen al final del documento. Alertamos sobre algunos dogmas presentes en la historia de nuestras prácticas docentes y sobre el otorgamiento al alumno de libertades mal concebidas. Por otra parte, consideramos dificultades del aprendizaje que impiden el avance del desarrollo de los estudiantes, como profesionales y personas. Al final, tenemos en cuenta algunas creencias nuestras como profesores, sobre todo en relación con los contenidos a enseñar.

 

APUNTES PARA UN DEBATE.



“El arte de enseñar está
en fingir que no se enseña”

Félix Varela.



“Si la educación no lo puede todo,
algo puede la educación”


Paulo Freire

 

Gloria Fariñas León

 


¿Cómo mantener mis clases a la altura de las exigencias de la contemporaneidad?

¿Cuál es mi responsabilidad realmente? ¿cuáles son los límites de mi acción?

¿Qué es lo que debo y puedo enseñar? ¿qué no está a mi alcance pretender?

¿Qué es lo que perdura en el estudiante después del aprendizaje en mi asignatura?

¿Es mejor dar a los estudiantes todo el contenido o que ellos los asimilen por sí mismos? ¿cómo orientarlos hacia tales derroteros?

¿Cómo no perder el control de lo que saben realmente mis estudiantes?

¿Qué hacer con los estudiantes con dificultades? pues a ellos no pueden
lograrlo por sí solos.

¿Hasta qué punto debo ayudar a unos y otros? ¿cómo ayudarlos?

¿ Y la educación en valores? ¿debo trabajar extra para lograr mejores resultados?


Este trabajo es tan solo una provocación para el debate. Sobre cada uno de los aspectos puede decirse mucho, pero sin respuestas acabadas. Mi propósito inmediato es solamente apuntar algunas ideas que han sido recurrentes en los talleres y reuniones de la DDM con profesores de la Universidad de La Habana, sobre todo durante el curso 2007-2008 y 2008-2009. Tenemos mucho interés de aprovechar todos los recursos al alcance nuestro para motivar el debate y experiencias de avanzada en la docencia. La Web -entre otros recursos-  puede ser una vía importante para mantener vivo el intercambio entre los profesores interesados en estos temas. Es muy probable, que buena parte de los apuntes haya sido conclusión de muchos profesores, como resultado de largos años de observación y práctica, máxime en una institución como la Universidad de La Habana, donde predomina el pensamiento científico. Sin embargo, decidí apuntarlos a fin de visualizarlos como totalidad.

Los nuevos planes de estudio pretenden, entre otros objetivos, propiciar el desarrollo de los estudiantes como profesionales autónomos, reflexivos y creativos, a la vez que buenos ciudadanos, con compromiso social para el desarrollo y defensa del país. No obstante, queda bastante por hacer en su instrumentación metodológica y práctica. Es preciso que los contenidos de la educación (los cursos, actividades curriculares y extracurriculares) y los métodos de trabajo en general,  cumplan determinados requisitos en aras de tales derroteros. No se trata de desterrar lo acostumbrado hasta el día de hoy en la enseñanza, pero sí de hacer otros énfasis.

Aunque no puedo adentrarme en las dinámicas del desarrollo humano (sus regularidades y peculiaridades) por la brevedad que precisa este material, llamaré la atención sobre algunos aspectos que considero de interés para la docencia. No hablaré  de algoritmos de trabajo. No se trata de dar o de seguir recetas, porque no las hay. Los actos de educación y de desarrollo son únicos e irrepetibles, luego no soportan credos. Las fórmulas generalizadas en el campo de la educación por su afán de homogeneización, pueden violentar el desarrollo humano, de naturaleza compleja y diversa.

Indicadores del aprendizaje, objetivos y evaluación

El sistema de objetivos y los criterios de evaluación derivados de este, en tanto valores asumidos, rigen la educación. La evaluación testimonia con avances del aprendizaje según los objetivos propuestos,. No obstante, ocurre que los criterios de valoración tienen con cierta frecuencia un enfoque pragmático, que no se corresponde con las altas aspiraciones planteadas.

La educación generalmente ha enfatizado la eficiencia del aprendizaje, a través de diversos indicadores de corrección en la ejecución de las tareas de aprendizaje, sin cuestionarse si esto es enteramente  adecuado. Es de notar que son numerosas -más de lo que nos imaginamos-, las personas que resuelven “eficientemente” las tareas que se le asignan o le corresponden, sin tener elaborado a conciencia y con conocimiento pleno, un punto de vista crítico personal al respecto, lo que puede engañarnos en las apreciaciones sobre su desarrollo profesional . Este fenómeno cuando las aspiraciones son pragmáticas es aceptable, pero no tanto cuando se trata de objetivos más elevados respecto al ser humano.

Los estudios sobre el desarrollo humano revelan múltiples indicadores del aprendizaje, de diferente grado de esencialidad. Uno de los más ponderados desde las perspectiva humanista, enfoque que intenta dársele a nuestra educación, es la aparición del punto de vista crítico sobre el objeto de estudio y la actitud correspondiente, en la solución de los problemas y situaciones de la vida. Su esencialidad radica en el grado de reflexión y elaboración personal que este requiere, lo que revela mejor la madurez del desarrollo profesional del sujeto en cuestión. En otras palabras, según este enfoque la postura crítica subordina la eficiencia, no a la inversa. Este indicador puede ser por tanto uno de los más importantes para su atención. Él expresa la presencia de otros procesos como la creatividad, que dinamizan el aprendizaje del sujeto, impidiendo la estereotipia inadecuada de su comportamiento.

La enseñanza que aboga esencialmente por la eficiencia es práctica porque tiene “resultados” a corto plazo (altas promociones en corto tiempo), pero no es tan conveniente desde una perspectiva ética, porque no considera los potenciales de desarrollo del sujeto al no ponderar suficientemente su autonomía de pensamiento y la elaboración personal de sus ideas. Las prácticas eficientistas de la docencia son características de la enseñanza mecanicista, que obedece a postulados como los de la ingeniería del comportamiento. La sociedad cubana aspira al desarrollo de ciudadanos creativos, además de responsables. Quiere decir, de sujetos que se comprometen a conciencia plena con la transformación de la realidad. La creatividad requiere tanto de la responsabilidad y del compromiso como de la criticidad.

La clase

El modelo educativo más generalizado a escala mundial hasta el día de hoy, asume que enseñar es plantear el conocimiento (valores, conceptos, habilidades) como preceptos explícitos , a fin de su mejor aprendizaje. Método de alguna efectividad y preferencia entre estudiantes y profesores, pero con ciertas desventajas para el desarrollo de ambos. Sobre todo en las circunstancias socioculturales actuales de crecimiento acelerado del volumen y complejidad del  conocimiento; porque no reclama con peso la reflexión, la valoración crítica permanente del estudiante -en posición algo pasiva frente al aprendizaje-, y del profesor  -en posición autoritaria ante el estudiante y el planteamiento del conocimiento .  En cambio, los modelos perspectivos, asume principios diferentes, más coherentes con las complejas leyes y las particularidades, de los procesos que intervienen en el desarrollo del aprendiz (socioculturales, psicológicos, etcétera), por lo que propician de manera más adecuada el desarrollo de su personalidad, base del desarrollo del estudiante como profesional y ciudadano.

Ningún método aislado o en conjunción con otros, es garante del desarrollo de la
personalidad, porque no hay una relación lineal entre método de enseñanza y aprendizaje o desarrollo alcanzado. Es cierto que la educación tironea el desarrollo, pero no lo hace mecánicamente. No toda buena educación produce buenos ciudadanos, válido también a la inversa. Razón importante para no buscar fórmulas. No vale casarse con métodos específicos. La creatividad del profesor y el conocimiento que este tenga de su materia –igualmente su cultura general- y el conocimiento de los alumnos  (de sus intereses y por ende sus valores, de cómo viven y razonan), sin desconocer el entorno social general, son los que marcan los rumbos de la docencia, no así su calidad total, por las mismas razones de complejidad expuestas anteriormente. No hay certezas ni predicciones lineales sobre el desarrollo humano.

Los dogmas

La lectura sistemática y crítica, de bibliografía diversa, no pasiva,  es una de las mejores fuentes del aprendizaje. La demostración de  que asimilamos de manera más profunda y eficaz el conocimiento que buscamos por nosotros mismos y elaboramos críticamente, es ya una verdad de Perogrullo. Lo obvio no tiende a movilizar la atención y la reflexión. El conocimiento aceptado por el aprendiz en forma acabada y axiomática (por ejemplo, tomados como notas de conferencias), no acostumbra a repercutir suficientemente en su desarrollo. Si  no se acompaña de otras lecturas que amplíen la mirada sobre la realidad, puede estereotipar ideas y acciones haciendo superfluo el pensamiento y corta la durabilidad en la memoria.

Es poco frecuente que los estudiantes que ingresan a nuestras aulas sean buenos lectores, lo que significa que van a estar más apegados al facilismo de la lectura de sus notas de clases y a su repetición que a la búsqueda de la información y a su elaboración crítica como verdadero saber. Por otra parte, no es secreto que existen asignaturas que pueden aprobarse con buenas calificaciones conociendo básicamente las notas de clases. Práctica que puede llevar la educación a su bancarrota. El conocimiento pleno, no se logra solo con la aplicación del concepto, principio, método estudiado. Esta práctica puede entronizar una postura instrumentalista en la profesión. Es preciso que el conocimiento se profundice y complete con la búsqueda intencionada de otras informaciones, con la lectura culta, es decir con la lectura de obras que amplíen el horizonte del pensamiento porque aportan diversos puntos de vista sobre la cuestión a conocer o dominar. Así se elabora el un punto de vista propio. Este es un buen cimiento para el desarrollo del pensamiento complejo .

El eficientismo pudiera legitimar la ignorancia. La eficiencia puede ser ignorante. Algunos autores hablan del docto ignorante, nada más parecido a esta práctica.

Las libertades mal concebidas.

Los estudiantes acostumbran a pedir ciertas libertades: de asistencia, de creación. Y a
menudo los profesores erramos cuando accedemos a estas peticiones sin exigir determinadas condiciones. La demanda de la libertad de asistencia, olvida que este requisito no obedece a caprichos  sino a la necesidad de sistematizar el conocimiento y las relaciones entre los participantes del proceso educativo. Acudir asiduamente a clases implica el enriquecimiento regular de la experiencia. El intercambio de ideas con los compañeros en el aula y con los profesores es una de las mejores oportunidades de crecimiento de que disponemos. Claro, para esto las clases deben propiciar el desarrollo a través de la reflexión, buenos debates e intercambios de experiencia con miras a la transformación de la realidad. No la reproducción del conocimiento.

Con cierta frecuencia se aboga por una enseñanza creativa, que requiere determinadas libertades en el aprendizaje, sin razonar con detenimiento sobre las mejores condiciones para su estimulación. Si la creatividad actúa al margen de la sistematización del conocimiento, pierde su fundamento. La creatividad no opera sobre sí misma, sino sobre la experiencia acumulada. Luego su estimulación supone como punto de partida, la posesión de determinados saberes, no solo la libertad para crear. Los estudiosos de la libertad en la educación, consideran la responsabilidad como característica consustancial a la misma. La responsabilidad en este ejemplo se expresa por la rigurosidad en el dominio del conocimiento, por el respeto al patrimonio cultural y el gusto de asimilarlo en debate y cooperación con los demás. Una persona que se precie de ser culta maneja determinado cúmulo de información, en el cual no perdona inexactitudes.
 
En todo esto radica la verdadera educación en valores. No se requieren acciones externas, adicionales. Su externalización formaliza la educación, volviéndola superflua.

Las dificultades del aprendizaje.

El estudiante con dificultades de aprendizaje suele no comprender bien, básicamente porque no sabe reflexionar a la altura de la complejidad del conocimiento que exigen las universidades, y porque no sabe descubrir los valores de este conocimiento (interés). Él tiende a operar con un conjunto de ideas estereotipadas que le dieron resultado en el nivel de enseñanza precedente, pero que ya no le son tan útiles en el actual.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

Nuestra tendencia inmediata en estos casos es planificarles cursos para “nivelarlos,  dándole los conocimientos que le faltan”. En algunas oportunidades se añaden conocimientos técnicos de cómo estudiar mejor. Pero lo que ellos  requieren básicamente no es acumular x cantidad de conceptos que olviden una vez aprobado el curso.

Aunque no existe un algoritmo para lograr un mejor aprendizaje, se han demostrado algunos requisitos fundamentales:

Primeramente es relevante el logro de un  ambiente de exigencia a la vez que de ayuda, donde lo valorado es el saber. 

Estos estudiantes no ganan mucho si los perpetuamos en su estatus de indefensión. Se trata de estimularles la motivación por su autodesarrollo y la tenacidad de conseguirlo a través del  estudio. Rigurosas exigencias, no paternalismo.  Se trata de elevarlos a los nuevos requisitos, no de ceder a su estatus actual, aunque de no se les pueda “correr la alfombra” de pronto. Es natural que estos estudiantes no puedan avanzar al principio con el ritmo deseado. Es por ello que los programas de las asignaturas requieren de flexibilidad, como para asumir con eficacia las diversas contingencias que se presentan de curso en curso. 

El segundo requisito  se refiere al conocimiento por parte del profesor, acerca de la lógica con que operan los estudiantes.

Se requiere “entrar dentro de esa lógica” para estimular su subversión. Se trata del intento de desarticulación de los estereotipos de pensamiento que frenan los nuevos modos de reflexionar, para que se instauren los actuales. Labor que no puede ser de un solo profesor o de un sola asignatura, el salto no se logra de golpe.

En el campo de las ciencias sociales, este tipo de estudiante se apega a la repetición de palabras y frases que asume a veces fluidamente, dando a veces la impresión de cierto dominio. Pero cuando se les precisa a la argumentación, a la búsqueda de las contradicciones y los puntos ciegos de los autores, o cuando se les plantean cuestionamientos desde otras perspectivas, se sienten perdidos porque fijaron básicamente la envoltura, las ideas superficiales sobre el contenido de estudio, no el conocimiento encapsulado, su verdadera esencia. En estos casos los estudiantes no acostumbran a dar importancia a la lógica del conocimiento, a la estrategia para razonarlo, sino al conjunto de ideas que debe mostrar al profesor.

Acerca de las creencias de los profesores.

Los profesores nos debatimos sistemáticamente entre diversos dilemas de la educación. Educar no es cosa simple. Pero entre esos dilemas, hay algunos más agobiantes que otros. Uno de los más frecuentes es la dilucidación de la cantidad de contenidos a transmitir frente a la esencialidad del conocimiento que reclama el desarrollo del pensamiento. Nos preguntamos ¿cuáles contenidos debo dar a fin de garantizar la formación profesional a mi cargo?

Renunciar a contenidos de nuestro programa es algo que nos cuesta trabajo. Acostumbramos a añadirlos. Estos son hábitos arraigados entre  nosotros. No apreciamos que el olvido es implacable. Por otra parte, desconocemos que frente a esta realidad de la memoria, las maneras de reflexionar tienden a perpetuarse y los intereses también. Entre ambos suelen formarse cruzamientos mentales bastante duraderos, sobre todo cuando están orientados a la resolución de problemas con valor científico y profesional.

¿Cuáles debieran ser nuestros énfasis en estos casos?

La renuncia a la carga conceptual es relativa. Los conceptos están ahí para su apropiación. Para ser culto hay que dominar una determinada cantidad de información. El problema es que es el estudiante quien debe dominarlos por sí mismo. Nos hacemos la ilusión de que educamos al estudiante. Es el estudiante el que se educa a sí mismo . Nosotros creamos las condiciones y exigimos que se eduque a sí mismo. Se trata de enfatizar el aprendizaje, no la enseñanza. Estamos acostumbrados a diseñar programas de enseñanza, no de aprendizaje.

Pistas para el diseño

  • No existe algoritmo, método o medio de educación que permita al profesor alcanzar directa y linealmente el desarrollo deseado en los estudiantes. Sin embargo, no podemos quedarnos cruzados de brazos. Debemos determinar los límites de nuestra acción, lo que implica también estudiar nuestras posibilidades reales de influir y las de los estudiantes

Podemos:

  •     Lidiar con nuestras creencias hasta darnos cuenta que a la universidad no se viene a aprende todo lo posible. Que lo que se asimila y permanece más tiempo arraigado en la memoria son los modos de pensar y los intereses por conocer, los hábitos de estudio, no los conceptos por sí mismos.
  •   Crear un ambiente de libertad para la reflexión crítica responsable, a la vez de rigor; lo que consiste en no renunciar a la complejidad requerida en el conocimiento, no ceder al facilismo. El entorno debe expresarse como culto, percibirse actualizado, a la altura del pensamiento más avanzado en el campo del saber de que se trate.
  •   Estimular en el estudiante el uso de las herramientas necesarias para descubrir y elaborar el conocimiento. No hacérselo obvio. Sustituir las tareas de escuchar, ver, tomar notas y aplicarlas en determinadas situaciones, por tareas de buscar y leer profundamente la bibliografía, elaborar ideas, debatirlas, criticarlas. Derivar de estas, implicaciones prácticas, solución de problemas, planteamiento de problemas nuevos.
  •   Combinar el trabajo en equipo con el trabajo individual para la construcción y el debate, sin olvidar que el proceso de aprendizaje es personal. El trabajo colectivo ayuda a todos de una u otra forma, según las características de cada cual, y si es bien conducido puede a la vez que estimulara el desarrollo de valores.
  •   El sistema de evaluación debe estar en correspondencia con todo lo anterior.
  •   El mejor profesor el que propicia la reflexión crítica, culta, el que apoya para su develamiento, el que estimula el desarrollo de intereses por la indagación, por la lectura, por la innovación. El que no estimula el facilismo, el que no se engaña con el “corte y pega”, el que no sube al estrado a escucharse narcisistamente.