Historia de la UH

A casi trescientos años de existencia, es una de las instituciones cubanas que atesora la mayor riqueza patrimonial, histórica y científica. Desde su fundación en 1728 y hasta la actualidad, ha transitado por las más diversas corrientes de pensamiento y los más difíciles avatares de nuestra historia. La periodización tradicional a través de la cual se observa el tránsito cualitativo de la Universidad, se divide en cinco etapas: la primera,  etapa conventual (1728-1842); la segunda,  la secularización de la universidad hasta el fin del dominio español en Cuba  (1842-1898); la tercera, desde la primera intervención militar hasta el fin de la Revolución de los años 30  (1898-1935) y la cuarta (1935-1958). Estas dos últimas las uniremos en una que aborde todo el periodo republicano por tratarse de una síntesis histórica. La quinta etapa la enmarcamos dentro del periodo revolucionario, a partir de 1959; de ella no existe, todavía, una organización y periodización de sus fuentes documentales.

1728-1842

Esta primera etapa de la historia de nuestra institución comprende el periodo de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, desde su fundación hasta el momento de la secularización en 1842. Su emplazamiento original se ubicó en la sede tradicional de la Orden Dominica en La Habana, el Convento de San Juan de Letrán, ubicado entre las calles de O´Reilly Mercaderes, Obispo y San Ignacio. Desde finales del siglo XVII los dominicos, con una larga tradición educativa y docente, habían realizado varias gestiones para la apertura de un centro con rango de Universidad, intentos que no se alcanzaron hasta la década del veinte del siglo XVIII. Su fundación oficial ocurrió el 5 de enero de 1728.

antigua universidad de La Habana

Maqueta de la antigua universidad

Las facultades existentes en este periodo fueron cinco: Artes o Filosofía, Teología, Cánones, Leyes y Medicina, que otorgaban el grado menor correspondiente al nivel de bachiller y los grados mayores que eran los de licenciado y doctor. El acto de graduación se convirtió en uno de los rasgos más demarcados de la identidad del universo corporativo de la época, desde la vestimenta hasta las diferentes actividades de la ceremonia del graduado. Durante estos 114 años se graduó un grupo cerrado de profesionales, pertenecientes a los sectores oligárquicos de la sociedad habanera, algunos de los cuales fueron impulsores de las necesarias reformas para una Universidad donde dominaba la tardía escolástica, en momentos de transformaciones internas y universales que demandaban una enseñanza moderna, dentro del contexto del siglo XVIII e inicios del XIX. La Universidad queda formalmente secularizada a finales del año 1842, y se abandona la orden religiosa, el edificio del convento de O´Reilly.

1842-1898

A partir del proceso de secularización, la Universidad pasa a llamarse Real Universidad de La Habana, o también Real y Literaria, este último acuñado por la tradición. A partir de este momento, los asuntos universitarios fueron manejados, de forma directa, por el gobierno colonial de la Isla. De esta manera se perdió la relativa autonomía que tuvo durante el gobierno de los dominicos. Se introdujeron diferentes cambios en los planes de estudio de la institución, algunos debido a la necesidad social o académica; otros guardaban una fuerte intencionalidad política, sobre todo en los momentos de enfrentamiento armado entre las fuerzas independentistas y el colonialismo español, con el objetivo de enajenar la institución de los aires conspirativos que se respiraban.

Con las restructuraciones se introdujeron nuevas materias de las ciencias exactas y naturales y ocurrieron grandes avances en disciplinas como Farmacia y Medicina debido al aporte de profesionales de la Institución.

Uno de los acontecimientos políticos más trascendentes, dentro de La Habana de la época, fue el asesinato de los ocho estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad, ejemplo de la barbarie del colonialismo y del odio profesado por el Cuerpo de Voluntarios de La Habana hacia los estudiantes universitarios. Si bien quedó desapercibido por el clima de terror del momento, también generó una de las tradiciones más bellas del estudiantado universitario hasta la actualidad: el tradicional desfile hacia La Punta y el acto en el lugar del terrible hecho. Fue también valiosa la contribución de la Universidad al desarrollo del independentismo cubano, cuestión que el gobierno colonial trató de impedir a través de la limitación para el otorgamiento de grados mayores, que debían ser defendidos en las universidades metropolitanas. Esta medida se acometió en la Guerra Grande para apagar los posibles focos conspirativos dentro de la Universidad. No obstante, fueron muchos los hombres que participaron en las dos guerras, que salieron de las aulas universitarias. El fin del colonialismo español en 1898 trajo nuevos retos para nuestra historia nacional y también para la Universidad de La Habana.

1898-1958

Este periodo de la historia de la Universidad abarca desde el inicio de la Primera Intervención Militar en Cuba y hasta el final de la República Neocolonial. Se pusieron en práctica los planes Lanuza y Varona, que llevan los apellidos de los ilustres profesores que ocuparon el cargo de Secretario de Justicia e Instrucción Pública durante la intervención militar, respectivamente. Todas las transformaciones universitarias dentro de esta etapa transicional se recogieron a través de órdenes militares. El Plan Lanuza no representó ningún cambio sustancial con respecto a la Universidad colonial; se limitó al aumento del número de cátedras de las cinco facultades que existían al final de la dominación española: Derecho, Filosofía y Letras, Farmacia, Medicina y Ciencias, lo cual no era lo más prudente para un país recién salido de la guerra. El Plan Varona, creado por el más sabio profesor de fines del XIX cubano, pretendía recoger las necesidades más urgentes de una sociedad, en lo concerniente a la formación de profesionales; se reducía el número de cátedras, medida que generó descontento entre algunos miembros del claustro, sobre todo, los afectados. El Plan Varona constituyó la más radical transformación concebida para la Universidad de La Habana, desde su fundación. Si el resultado no fue el esperado, ello se debió a los vicios en que cayeron los gobiernos republicanos que le restó la necesaria voluntad política para llevar las reformas planteadas en ese plan.

Las dos primeras décadas del siglo XX transcurrieron con relativa calma. Antes de finalizar la intervención militar, el edificio de la Universidad se trasladó oficialmente hacia un nuevo emplazamiento, en la Loma de la Pirotecnia o Colina de Aróstegui, sitio en el que ha permanecido hasta la actualidad. En los inicios de la vida republicana se comenzaron a construir los primeros edificios en la Colina, destinados a la Universidad, también se le hicieron reformas a los antiguos edificios de la Pirotecnia para adecuarlos a los fines académicos. El primer edificio construido fue el del Aula Magna de la Universidad. Esta obra tardó cinco años en construirse; se inició en 1906, y quedó finalizada y oficialmente inaugurada en octubre de 1911. El edificio del Aula Magna se destaca por su belleza arquitectónica y artística.

aula magna

Aula Magna de la Universidad

En 1922 se funda la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), organización que desempeñó un papel fundamental en las luchas del estudiantado universitario. Desde el mes de enero de 1923, comenzó el proceso de Reforma Universitaria en nuestra institución, el cual tuvo el liderazgo indiscutible de Julio Antonio Mella. En el mes de octubre del mismo año se celebró en el Aula Magna el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, el cual contó con la participación de estudiantes de la Segunda Enseñanza y de colegios privados y religiosos.

Dentro de la vida institucional podemos destacar la creación del Instituto de Lenguas para el estudio de la lengua inglesa, francesa e italiana; también la creación de La Revista de la Universidad de La Habana que vino a sustituir el papel que durante las primeras décadas del siglo XX  había desempeñado la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, que estuvo publicándose hasta el 1930.

Posterior a la caída de Machado, continuaron las demandas por aquellas medidas promovidas por la Reforma de 1923, que habían sido interrumpidas por el régimen, como la depuración profesoral, la recuperación de la autonomía y otras con las que casi siempre la administración institucional asumió una actitud conservadora, incluso, hostil.

Después del fracaso del Gobierno de los Cien Días, el ejército con Batista al mando fue la fuerza dominante en la política del país. El estudiantado de la Universidad de La Habana se levantó en contra del militarismo, una de las acciones más sobresalientes de los estudiantes en esta época. Fruto de la lucha de los universitarios, se logró la promulgación en 1937 de la nueva ley docente que establecía la autonomía universitaria. Hacia 1940, con el proceso de la Asamblea Constituyente, que aprobó la Constitución del 40, se retomaron algunos temas de la Ley Docente de 1937, los cuales eran de vital importancia, entre ellos, el presupuesto asignado a la institución.

En la década del 40 se reformaron los estatutos de 1937, se terminaron nuevos edificios en la Universidad, ocurrieron acontecimientos culturales de trascendental importancia como las exposiciones de arte de los meses de febrero, marzo y abril del 40. Los atentados y asesinatos se convirtieron en parte de la vida cotidiana de la Universidad, situación exacerbada por los propios gobiernos republicanos; Ramiro Valdés Daussá es una de las víctimas más recordadas de aquellos hechos. Durante los gobiernos auténticos se sucedieron con gran frecuencia estos lamentables acontecimientos en los cuales perdieron la vida un grupo importante de estudiantes y profesores universitarios. Por suerte siempre existieron voces que se levantaron, con toda su fuerza, en contra de la repudiable tendencia gansteril como el caso del profesor y decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público, Raúl Roa, y estudiantes como Alfredo Guevara. Fidel Castro, en su paso por la Universidad, fue capaz de evolucionar ideológicamente dentro de un medio hostil, para darse cuenta de la necesidad de hacer una revolución donde no hubiera venganza sino justicia.

 La vida de la Universidad durante los años de la dictadura de Batista estuvo ligada al movimiento revolucionario. En este periodo la vanguardia estudiantil fue ganando cada vez más espacios dentro de la vida institucional.

Para el debilitamiento de la influencia política de la Universidad de La Habana, de Oriente y Las Villas, Batista creó universidades privadas -apeló a las leyes establecidas para dicho efecto-, y lanzó amenazas en contra del estatus de la Universidad y del presupuesto establecido.

 La represión de la Dictadura se hizo sentir pero no detuvo el avance decidido de la vanguardia estudiantil revolucionaria. El primer mártir de la dictadura fue Rubén Batista Rubio, víctima de la represión contra la manifestación de repudio por la  profanación al Busto de Mella. En el curso 1954-1955 fue promovido como presidente de la FEU José Antonio Echeverría, figura cimera del movimiento estudiantil en esta etapa. Con la fundación del Directorio Revolucionario se abrió una nueva etapa en la lucha insurreccional. Constituyó el brazo armado del movimiento estudiantil; representó una victoria en la línea insurreccional, pues con este se llevaron a cabo las más diversas acciones en el enfrentamiento a la dictadura; también el Directorio selló acuerdos como el Pacto de México y del Pedrero, con el Movimiento 26 de Julio, que contribuyeron a la solidez de la unidad revolucionaria. Una de las acciones más importantes del Directorio fue el Asalto al Palacio Presidencial y la Toma de la Emisora Radio Reloj el 13 de marzo de 1957, que si bien no fructificaron, demostraron la valía de aquellos jóvenes. Estos hechos quedaron grabados en lo más profundo de nuestra historia nacional. En dichos acontecimientos cayó en combate José Antonio, lo cual representó una sensible pérdida para el Directorio y todo el movimiento estudiantil. A partir del cierre de la Universidad, el régimen de Batista suspendió la cuota establecida que destinaba a la institución. Con la muerte de José Antonio y Fructuoso Rodríguez, muchos miembros del Directorio Revolucionario continuaron la lucha o se incorporaron al Movimiento 26 de julio hasta el triunfo de la Revolución cubana, el 1ro de enero de 1959.

 

José Antonio

José Antonio Echeverría

 

Del triunfo revolucionario en enero de 1959 hasta la actualidad

Con el inicio de la etapa revolucionaria, el 1ro de enero de 1959, en la Universidad se inician un conjunto de transformaciones que se pueden ubicar entre enero de 1959 y enero de 1962, momento en que queda proclamada la Reforma Universitaria. En esta etapa, se produce la búsqueda de los resortes ideológicos de la universidad revolucionaria en un constante proceso de radicalización, que incluyó la necesaria depuración de la comunidad universitaria ya fuese por expulsión o por la salida de aquellos que no resistieron el avance de las fuerzas revolucionarias al interior de la Universidad, todo ello para lograr la realización completa de la Reforma Universitaria soñada e iniciada por Mella. La lucha de ideas que se produjo dentro de los muros de la UH fue muy fuerte, ya que el proceso de cambios llevado al contexto universitario implicaba una necesaria transformación de las concepciones y proyecciones hasta entonces existentes sobre las funciones de la Universidad dentro de la sociedad.

Con el triunfo revolucionario se pudo percibir el escaso número de profesionales en las más diversas ramas del saber, situación que se vio profundamente agravada con la salida de muchos de los profesionales que existían. Esto convidaba, aún más, a realizar una profunda reforma en lo académico, lo administrativo y en todos los órdenes y procesos de la gestión universitaria, lastrados por el elitismo burgués que, durante décadas, afectó las posibilidades de una Universidad que, a pesar de todo, no dejó de ser nunca cuna de lo más avanzado de nuestro pensamiento y acción.

La depuración y el planteamiento de proyectos para la futura reforma se fueron haciendo realidad a la vez que el país avanzaba en un proceso profundo de transformaciones y de transición al socialismo. El apoyo del Ministerio de Educación fue fundamental para lograr la sinergia necesaria, pues se trataba de reformar toda la educación superior, por lo tanto, debían pautarse las líneas generales de la reforma, no solo para la Universidad de La Habana, sino para las otras existentes en aquel momento, esencialmente la de Oriente y Las Villas.

Como era de imaginar, la declaración del carácter socialista de la revolución en abril de 1961, impuso nuevos retos al proyecto que se venía elaborando, la Universidad debía convertirse en un espacio de socialización y de construcción de los valores de la nueva sociedad. La proclamación de la Reforma Universitaria el 10 de enero de 1962 constituyó la síntesis del pensamiento revolucionario en torno a la academia. Se crearon un grupo de carreras como la de Historia, Química, Física, Biología, Matemática, Geografía, Psicología y Economía y otro grupo de especialidades que hoy no pertenecen al perfil de nuestras ramas de estudios.

Durante toda la década del sesenta y posteriormente en los setenta, la Universidad de La Habana pudo contribuir al desarrollo de la ciencia cubana a través de un conjunto de centros de investigaciones que comenzaron a formar parte de ella, unido a la voluntad política de la dirección de nuestra Revolución, que se mostró en todo momento consciente de la importancia de la investigación académica para el futuro del país.

A mediados de la década del 70 se produjo un proceso de revisión y de cambios en torno a la superación de los errores cometidos hasta el momento, en este contexto se inserta la creación del Ministerio de Educación Superior (MES) y el nuevo sistema de universidades: se desprendieron de nuestra universidad algunas ramas del conocimiento como las ciencias médicas, pedagógicas y técnicas que fueron a engrosar las especialidades de las universidades creadas con el nuevo sistema.

En la década de los años 80 la Universidad asistió a un proceso de transformación en el campo académico, se crearon fuera de esta nuevos centros de investigación que tendrán posteriormente una importancia relevante en el área productiva; el posgrado tuvo durante estos años una importancia enorme en el mejoramiento de la calidad profesional con la formación de doctores y másteres.

Con la llegada del periodo especial en la década de los 90, la alta casa de estudios tuvo que redoblar sus esfuerzos para no perder lo logrado durante décadas ya que la falta de financiamiento afectó el desarrollo de nuestros procesos sustantivos.

En el año 2000 se lleva a cabo el proceso de la universalización de la enseñanza con el objetivo de acercar la Universidad a los municipios. A pesar de todos los inconvenientes ocurridos con el periodo especial y las dificultades económicas, la Universidad ha podido exhibir resultados relevantes en la graduación de profesionales, de másteres y doctores con una calidad ampliamente probada y una recepción muy positiva por parte de aquellas instituciones que reciben el trabajo de los graduados de nuestra universidad. Nuestra institución se ha convertido en puntera de la investigación académica, el pregrado y el posgrado en todo el país, no sin confrontar las dificultades de un país subdesarrollado y bloqueado, así como los retos que nos impone la época actual en términos de producción, investigación, innovación, etc.

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