Cuba sigue siendo objeto de una oleada de agresiones despiadadas de los Estados Unidos, un imperio que no soporta la firmeza de una nación que no claudica cuando de soberanía se trata, que no admite el vasallaje exigente y vil. En medio de la intentona canallesca de desestabilización del Gobierno revolucionario, legítimamente respaldado por nuestro pueblo; dentro de medidas de asfixia económica, con talante genocida; en su afán de aislamiento internacional de la Isla; cuando, como nunca antes, el “gigante” norteño sopla impunemente vientos guerreristas, una infame acusación del Departamento de Justicia estadounidense contra un líder histórico de la Revolución fue anunciada el 20 de mayo.
A Raúl Castro Ruz se le imputa la firma de una decisión de hace treinta años que fue voluntad de todo un pueblo actuando en legítima defensa ante la violación de su espacio aéreo por la organización terrorista Hermanos al Rescate. Eso, después de advertencias y denuncias reiteradas, como corresponde a la diplomacia que apuesta por la preservación de la paz y la resolución humanista de conflictos. Ninguna novedad, reiteración no más de viejas herramientas para granjearse derecho de intervención. La teatralizada opereta de la política estadounidense se presenta como paladín del antiterrorismo, pero solo en los marcos de su territorio, mientras genera y aúpa el terrorismo de Estado.
La comunidad universitaria (estudiantes, profesores y trabajadores no docentes) de la Universidad de La Habana condena firmemente la acusación formulada, que manipula la Historia a favor de un relato plegado a intereses espurios imperiales. Apoyamos la declaración del Gobierno cubano de denuncia internacional ante la deleznable jugada política de la dirección fascista estadounidense.
La Alma Mater cubana tiene ADN de paz, de solidaridad y bien común. Nuestros ideadores nos enseñaron que un mundo mejor siempre es posible, pero ha de trabajarse con ahínco en pos de él, y seguimos fieles a su legado. Por ello apostamos. Pero también nos inculcaron los valores que hacen temblar a la injusticia cuando somos ofendidos y amenazados.
Señores imperialistas, nuestra honda sigue siendo la de David, forma parte de nuestro credo y acción cotidianos. Raúl Castro, estudiante ilustre de esta casa de altos estudios, grabó su nombre en la Historia que dignifica este país; en su defensa va empeñado el honor nacional, y a él nos debemos. Dignos de nuestro mambisado, los machetes están listos por si hace falta salir “a la carga”.
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
